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Clint Eastwood, en un fotograma de La muerte tenía un precio

Cine

Estas son las tres diferencias entre el wéstern y el spaghetti wéstern

El italiano fue considerado un subgénero cutre y sin importancia hasta la década de los 90

Al no existir un documento fundacional del género ni un grupo de cineastas o intelectuales que establecieran las bases de aquello que estaba pasando en Italia a medidos de los 60 –y es que Sergio Leone, Sergio Sollima, Sergio Corbucci, Tonino Valerii o Enzo Castellari estaban haciendo wésterns muy diferentes a los americanos–, durante décadas el spaghetti wéstern no fu tomado en serio.

Si bien hoy no hay duda de que el pistoletazo de salida del género lo da Sergio Leone con Por un puñado de dólares en 1964, el director nunca negó la influencia que tuvieron en él algunas películas como Vera Cruz de Robert Aldrich, las españolas La montaña sin ley y El Coyote y las italianas y humorísticas Io sono il capataz y El último Zorro, todas ellas de los años 50. Sin embargo, lo que él inició está muy alejado de sus fuentes de inspiración.

Por eso, para entender bien qué es el spaghetti wéstern, término acuñado despectivamente por la prensa para aquellas películas baratas y del pueblo, a veces lo más sencillo es buscar los elementos paradigmáticos que le distancian de su padre cinematográfico estadounidense. Y estos son principalmente tres: el uso de la violencia, un forma distinta de héroe y la concepción misma del Oeste.

Empezando por este último, cabe destacar que el wéstern clásico –salvo algunas excepciones o corrientes revisionistas– ofreció casi siempre una visión idealizada de la conquista del Oeste, un posicionamiento lógico habida cuenta de que muchos títulos versan sobre la construcción del mito donde los límites entre realidad y ficción, historia y leyenda son difusos. Sus historias están llenas de marshalls, jueces, miembros de la caballería, colonos y familias necesarias para construir nación. El spaghetti wéstern, sin embargo, tiene un tono claramente desmitificador y reescribe temas y personajes propios del género vindicando que el Oeste se construyó a base de bandidos, ladrones, caciques locales, cazarrecompensas y autoridades corruptas.

El segundo gran elemento diferenciador son las evidentes discrepancias entre el protagonista heroico y noble del género americano y el individualista y antiheroico del italiano. El que salió de Hollywood era, habitualmente, un individuo integrado en la sociedad o cuyos actos tenían como objetivo protegerla o devolverle el orden. Ello provocó la proliferación de protagonistas en el rol de sheriff u oficial del ejército en películas donde las tramas giraban en torno al cumplimiento de la ley y el restablecimiento de la paz.

Aquella suerte de caballeros andantes que, sin perder su individualidad, optaban por pertenecer o integrarse en la comunidad, cuando no actuando sencillamente en su favor, no están presentes en el wéstern italiano donde el personaje protagónico, con connotaciones canallescas, es totalmente distinto al Wyatt Earp del clásico y vino marcado por el hombre sin nombre de la Trilogía del Dólar. El antihéroe del spaghetti es un ser profundamente individualista y habitualmente egoísta, un desarraigado que actúa por su propio interés, sea éste la obtención de riqueza o la satisfacción de su deseo de venganza. Un individuo sin oportunidad de redención porque no cuestiona la moralidad de sus actos.

Algo que liga con el tercer gran elemento diferenciador: el tratamiento de la violencia. En el género norteamericano, se recurre a ella en último término, es un recurso extremo empleado cuando ha fracasado la ley, las negociaciones o el intento de paz o convivencia. Hay, por tanto, un posicionamiento moral de la violencia, ya que suele estar justificada. En el spaghetti, sin embargo, por la visión pesimista y hostil que ofrece del Oeste, la violencia es consustancial a él por lo que su utilización no se cuestiona y se percibe como algo natural. Hay violencia, sencillamente, porque sí.

Ello generó una serie de personajes de actitud amenazante irrepetibles como Sentencia de La muerte tenía un precio de Sergio Leone, el coronel Corbett de El halcón y la presa de Sergio Sollima o Loco de El gran silencio de Sergio Corbucci. Pero, además, algunos directores fueron un paso más allá regodeándose en la violencia para generar un impacto en el espectador, algo que está presente también en otros filmes paradigmáticos del género como Django, Keoma u Oro maldito donde proliferan las torturas, el sadismo y la visión de la sangre de un modo que lo alejaba de manera súper evidente del wéstern clásico.

Por todo esto que empezó en Por un puñado de dólares, Sergio Leone pasó a la historia del cine por padre del género, algo de lo que él siempre renegó acuñando la famosa frase: «Me irrita que me llamen padre del spaghetti wéstern. Porque soy el padre, sí, pero de un montón de hijos de puta».