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Meryl Streep y Dustin Hoffman en Kramer contra Kramer (1979)

Meryl Streep y Dustin Hoffman en Kramer contra Kramer (1979)

Historias de película

'Kramer contra Kramer', la película que dignificó la figura del padre en los procesos de divorcio

Su éxito provocó un intenso debate social en Estados Unidos en torno a la conciliación y los roles dentro del matrimonio

El año 1979 fue enorme para el cine. Se estrenaron Alien: el octavo pasajero, Moonraker, Rocky II, Apocalypse Now, 10, la mujer perfecta y, en España, Los bingueros. Pero en medio de ese mogollón de películas americanas que evidenciaban el cambio en la industria cinematográfica que habían iniciado Tiburón en 1975 y La Guerra de las Galaxias en 1977, se coló un pequeño drama familiar que se convirtió en la segunda película más taquillera de aquel año: Kramer contra Kramer.

Dirigida por Robert Benton, quien también se encargó de adaptar la novela homónima de Avery Corman, cuenta la desintegración de un matrimonio compuesto por Dustin Hoffman y Meryl Streep y la posterior pelea judicial por la custodia de su hijo de siete años.

La película costó apenas 8 millones de dólares que se invirtieron, en su mayor parte, en el caché de los actores y en el rodaje en exteriores en las calles de Nueva York. Hoffman, era un actor de categoría, aunque aún no podía considerársele una estrella, que había protagonizado ya con grandes elogios El graduado, Cowboy de medianoche, Perros de paja, Papillon y Todos los hombres del presidente. Meryl Streep, por su parte, era ese tipo de actriz secundaria que engrandecía todo lo que tocaba, como en Manhattan o El cazador. La película estuvo nominada a nueve Oscar y se llevó el de mejor película, director, guion, actor principal –Hoffman–y actriz secundaria –Streep–y acabaría recaudando en todo el mundo más de 170 millones de dólares.

La película fue un éxito porque siendo pequeña, urbana y familiar, dio una vuelta de tuerca sobre algo tan poco amable como un divorcio generando un terremoto cultural y social que hoy todavía se analiza. Y es que Kramer contra Kramer no iba sólo sobre el divorcio y la pelea judicial por la custodia del pequeño, sino que redefinió los roles de género y de la estructura familiar tradicional en Occidente.

Kramer contra Kramer

Dustin Hoffman en Kramer contra Kramer

Para empezar, el filme da una vuelta de tuerca sobre el drama mismo de la separación y es que la madre es la que abandona el hogar familiar. Segundo, porque revierte los roles de género al darle al padre la responsabilidad doméstica, lo que genera un caos es la vida de su hijo, en el manejo de las responsabilidades, en su estabilidad emocional y en su trabajo ya que acaban despidiéndole. Y, tercero, porque pone sobre la mesa cuán crueles pueden ser los esposos, un con otro, cuando pelean por la custodia de su hijo antes, mucho antes, de que existiera la custodia compartida.

La película supuso un estudio profundo de esta realidad mediante unos personajes mayestáticos. Para empezar, humanizaba a la madre que abandona, no como una mujer que ha cometido un pecado imperdonable o víctima de la locura, sino como alguien asfixiado y desesperado ante el tipo de vida que lleva incapaz de comunicarse con su marido. La Joanna de Meryl Streep no es una villana, es profundamente humana y generó un intenso e incómodo debate nacional sobre la conciliación y las renuncias.

La actriz Meryl Streep en Kramer contra Kramer

La actriz Meryl Streep en Kramer contra Kramer

En segundo término, la película fue profundamente transgresora al mostrar el impacto psicológico, la ansiedad ante la separación y el sentimiento de culpa del hijo, interpretado magníficamente por el actor Justin Henry. Y es que, lejos del melodrama fácil, la cinta retrató de manera profunda la fragilidad de la infancia en medio de la guerra legal de sus padres, algo con lo que millones de familias se sintieron identificadas.

Jutsin Henry en la elícula Kramer contra Kramer junto a Meryl Streep

Jutsin Henry en la película Kramer contra Kramer junto a Meryl StreepColumbia Pictures

Y, por último y por lo que de verdad la película supuso un impacto sociológico brutal, es porque redefine el rol del padre dentro del hogar. Ted Kramer, un hombre de éxito en los negocios, verá cómo toda su vida se va al traste cuando ha de ocuparse de la parte doméstica. Y es que, en 1979, ver cómo un hombre se ocupaba, tarde y mal al principio, de cocinar, llevar a su hijo al colegio y hacer con él los deberes, supuso un impacto inmenso. La clave y también la belleza del filme radica en la evolución de Ted, en cómo va siendo capaz de redescubrir una paternidad no explorada, de darle a su hijo todo el cariño y el amor que necesita, de priorizar esos afectos por encima de su carrera profesional y se sentir el dolor de la paternidad de manera desgarradora. Algo que queda de manifiesto en las dos escenas en que Ted prepara el desayuno a su hijo, la primera, caótica y la segunda, llena de complicidad.

La película, que es magnífica y moderna en todos los sentidos es, sobre todo, el camino de sanación de Ted, un personaje que en su camino de dolor y de renuncias halla la verdadera felicidad y conoce de manera renovada el amor de su hijo. Y es que Dustin Hoffman, con el que sigue siendo uno de los mejores papeles de su vida, dio voz a millones de hombres que nunca habían hallado en el cine la representación de cuán magníficos, sensibles, entregados y especiales pueden ser en su rol de padre. Antes y ahora.

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