El catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad de Navarra, RIcardo Piñero
Entrevista con Ricardo Piñero, escritor
«Las ideologías políticas son un mal sucedáneo de las escuelas filosóficas»
El escritor Ricardo Piñero conversa con El Debate sobre la filosofía en la Antigüedad y su huella en el cristianismo, la Edad Media y el diálogo entre fe y razón
Ricardo Piñero charla sobre su libro El alma de la filosofía, la belleza de cultivar la ropa interior (Rosamerón), editado mano a mano con Gregorio Luri en torno a Plotino, antiguo pensador que, según Piñero, nos dice: «ten confianza, lee a los clásicos, sé educado, ten buenos amigos, disfruta de la belleza».
Es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad de Navarra. Habla con una sonrisa chispeante en que se nota a la legua que disfruta con quien está conversando y con el tema de la conversación.
Elude la erudición pomposa y también la falta de rigor. En este libro sobre Plotino explica una senda de la filosofía en la Antigüedad, y su huella en el cristianismo, la Edad Media y el diálogo entre razón y fe —«el cristianismo ha sido más custodio de la cultura clásica que ninguna otra tradición», dice—, pero se adivina que de lo que habla es también de nuestro tiempo.
— Al comienzo de este libro leemos: «la fortuna de habitar un mundo en crisis». ¿Lo dice usted por nuestra época, o por Plotino?
— Lo digo por los dos. El mundo que le toca vivir a Plotino es un mundo muy complicado desde el punto de vista político, social, económico. Hoy decimos: «¡qué mal están las cosas, estamos en crisis!» y luego, con un poco de perspectiva, te das cuenta de que lo propio del humano es vivir en crisis, sobre todo si entiendes por crisis un momento de examen de la realidad y de búsqueda de sentido a lo que está pasando. Y no valen soluciones simples, aunque ahora estamos muy acostumbrados a recetas muy cómodas. Cuando los filósofos nos planteamos la crisis, como en el caso de Plotino, nos preguntamos: ¿qué quiere de verdad un ser humano? ¿Qué es de verdad el mundo?
— En estos tiempos se habla mucho de estoicismo. Plotino no es estoico, pero sí muchos en su época. ¿Por qué piensa usted que ahora hay una oleada de interés por el estoicismo?
— El estoicismo es la corriente que siempre ha tenido su «sentido», incluso antes de ser fundado por la propia Stoá. El estoicismo es una llamada a la moderación, al disfrute de la vida, pero controlado, que surge en momentos muy estridentes, como fue la época del estoicismo histórico, y como también es la nuestra; épocas con grandes puntos de subidas y bajadas.
Cubierta del libro
El estoicismo responde a una necesidad de equilibrio. Es una especie de grito de «¡Ya está bien de tanto exceso, de tanta subida, de tanta bajada!». Hoy, el auge de corrientes como el budismo, el zen, el yoga, responde a la misma necesidad de equilibrio.
Ayer tuve la oportunidad de pasear por el Museo del Prado y uno de los cuadros en los que me detengo casi siempre es La muerte de Séneca. ¿Qué sucede ahí? Pues, en el fondo, Séneca tiene esa misma honradez intelectual que tenía Sócrates: uno no puede vivir de cualquier manera y, en el caso de Sócrates, es preferible la muerte, beberse la cicuta y ser condenado por una injusticia, a cometerla.
En el caso de Séneca, es preferible que uno acabe con su propia vida con dignidad, a que un indigno, como Nerón, te la arrebate. Nosotros vivimos también la experiencia de tener políticos que no son los más ejemplares del mundo, y necesitamos prudencia, modestia, equilibrio, una sabiduría vital, porque lo que queremos es que nuestra vida sea una vida buena.
— La filosofía, en la época de Plotino, ¿era una escuela de pensamiento, o más bien un sustituto de la religión?
— Podríamos decir que, en sentido estricto, es una forma de estar en el mundo, una forma de vida. Plotino no se hace platónico de la noche a la mañana, sino que lo que está buscando es un guía, un maestro, que es Amonio, su primer mentor intelectual.
Es decir, tú no te fías de ti mismo, pero sí te fías de alguien con criterio, y Plotino está buscando a una persona con criterio y da varios bandazos. Esto les ha sucedido a grandes personajes en la historia de la filosofía, como san Agustín.
El autor durante una conferencia
En Plotino hay grandísimas diferencias entre los textos que él lee de Platón y los que luego él genera como autor. Ese intermediario es Amonio, es su maestro. Pero ellos no entienden la filosofía como un ejercicio meramente intelectual, o una especie de profesión.
No; es una forma de vida en la que el mundo tiene un sentido, una explicación. Entienden que una cosa es la apariencia y otra cosa es lo que es lo que sostiene la apariencia. Y eso es lo que él intenta transmitir de una manera amable y acogedora, porque crea también su propio círculo de amistades, de estudiantes a los que transmite un ideal de vida. Esto lo empezó haciendo Pitágoras, y luego lo continuaron grandes escuelas filosóficas.
— Hoy el equivalente a las escuelas filosóficas como forma de vida, ¿serían las ideologías políticas? ¿O son un mal sucedáneo?
— Yo creo que es un mal sucedáneo. Es una malísima comparación, porque los partidos han sufrido un deterioro desde su origen hasta su presencia actual. Ahora entendemos los partidos como conflicto, como enfrentamiento.
— ¿Había peleas y disputas entre esas escuelas filosóficas? ¿El mundo gentil que a era tolerante y amable? ¿De verdad hubo diálogo calmado entre autores cristianos y gentiles?
— Tendemos a idealizar a los clásicos, como si fueran conversaciones evangélicas y allí no hubiera discusiones. Cualquiera que lea con un poco de colmillo los diálogos de Platón, por ejemplo, ya se da cuenta de que el conflicto entre los sofistas, por un lado, y Platón y Sócrates por otro, no es solo una especie de teatrillo.
Ahí había un conflicto severo que eran también formas de vida distintas, formas de entender la política distintas, la economía, la ética… eran conflictos reales. Aparte, también tendemos a idealizar esa especie de conversación entre los cristianos y la tradición.
Y a veces no fue tan amable. ¿Qué es lo que hacen los cristianos, con mucho sentido? Y, además, en el caso de Plotino, yo creo que de manera ejemplar. Asumir un aparato intelectual, una forma de pensar. Igual que Plotino asume la forma de pensar de Platón, pero modifica la letra pequeña de algunos de los grandes conceptos, por ejemplo, el bien, el uno, la belleza. Eso mismo hacen luego los autores cristianos cuando leen la Plotino: asumen la estructura neoplatónica del pensamiento.
— ¿En qué consiste esa aportación?
— El platonismo aporta algo esencial, que es la diferencia entre lo inmanente y lo trascendente. Pero el cristianismo no lo asume como algo que se escinde entre dos mundos, que es lo que había hecho Platón, sino que entiende que existe una conectividad extrema. Es la presencia de Dios en el mundo, pero a la vez también es la trascendencia de Dios con respecto al mundo.
Gracias a esto, nosotros los cristianos decimos: no podemos caer en un panteísmo, pero tampoco podemos caer en un Dios que ha creado y se ha separado de la realidad. ¿Dónde está la figura clave para entender esto? Pues muy claro: en la Encarnación de Cristo. En la figura de Jesús de Nazaret se ha encarnado la divinidad.
Lo que hace Plotino con la filosofía de Platón es hacernos ver que una de las visibilidades de Dios, por ejemplo, eso que llamaba Platón el supremo bien, es la hermosura de la realidad, que a su vez tiene una cierta manifestación material, pero que la materia siempre es una especie de trampolín para saltar más allá.
— Existe tanto una leyenda rosa como una leyenda negra en lo relativo al cristianismo y sabiduría «pagana». ¿Qué hay de verdad mentira en cada una de esas leyendas?
— Después de cuarenta años dedicado a la investigación, al estudio del neoplatonismo, de la filosofía antigua y medieval, puedo decir que hay algo evidente y es que el cristianismo ha sido más custodio de la cultura clásica que ninguna otra tradición.
Los textos se custodian desde que la Iglesia se convierte en una institución que reúne a intelectuales o a gente que desean descubrir la verdad. Eso es el monacato inicial hasta el día de hoy. Como decía Benedicto XVI, no podemos entender la creación de las universidades sin la existencia del cristianismo.
Nosotros no hemos ido aniquilando aquellos que pensaban de manera diferente; lo que hemos hecho ha sido dialogar. Quien ha custodiado, siglo tras siglo, toda la cultura clásica, han sido en un 80 o 90 % personas que pertenecían a la religión cristiana. No sólo en Occidente, porque una buena parte de los manuscritos griegos nos llega de la Iglesia oriental.
— El platonismo a veces se asocia con un desprecio de lo material. ¿Qué opinaba Plotino del alma y del cuerpo?
— Porfirio comienza la biografía de Plotino diciendo que «parecía sentir vergüenza de existir en un cuerpo», lo cual tiene una explicación absolutamente normal. Él padeció durante muchísimo tiempo una enfermedad de la piel que, además, le hacía desprender un olor poco agradable.
Cuando pensamos en un griego, pensamos en un Apolo, y Plotino probablemente era lo contrario. Por otro lado, el pensamiento de Plotino asegura que lo propio del ser humano no es esta vida únicamente, sino el regreso a la casa de donde procedemos. Es la idea de la salida de Dios y del regreso a Dios, aunque Plotino, en vez del nombre de Dios usa el nombre de Uno.
— Entonces Plotino no sería alguien cercano a los transhumanistas de hoy.
— No, no. Ni mucho menos, porque los transhumanistas están siempre postulando algo que no es humano, algo que va más allá de la propia naturaleza humana. Y Plotino dice: usted tiene condición material y condición espiritual. Un transhumanista juega sólo a que, apoyándonos en la tecnología, vamos a hacer del ser humano una especie de estadio evolutivo. Plotino iba a la búsqueda de la auténtica naturaleza humana.
— ¿Tiene hoy Plotino algo que decirnos?
— Plotino nos dice: «ten confianza, lee a los clásicos, sé educado, ten buenos amigos, disfruta de la belleza».