«Si me queréis, irse»: a los 30 años de su muerte, España no olvida a Lola Flores
Hace 30 años, el 16 de mayo de 1995, moría Lola Flores tras una dura batalla contra el cáncer. Su memoria sigue más viva que nunca en una España que la envidió y admiró a partes iguales
Se cumplen 30 años de la muerte de Lola Flores
Lola Flores, la Faraona, la reina de la copla y de la farándula patria. Un símbolo de la España y de su cultura folclórica promocionada durante el franquismo y la transición, que pervive hoy gracias a una saga familiar que, como el buen perejil, está en todas las salsas.
Se cumplen 30 años de la muerte de Lola Flores, el 16 de mayo de 1995, tras una dura batalla contra el cáncer, y es obligatorio recordar a la artista que revolucionó el modo de ser de Andalucía y la forma en que en el extranjero miraban a España.
María Dolores Flores Ruiz nacía en Jerez de la Frontera el 21 de enero de 1923. Creció en un barrio flamenco, el de San Miguel. La música y el arte fluían por sus venas, los vivió en las calles, los llevaba en el alma. Su trayectoria artística alimentaría los tópicos sobre España, pero fue mucho más que ello.
Decían que ni cantaba bien ni bailaba bien, pero fue su arrolladora personalidad, su desparpajo, naturalidad, orgullo y raza lo que la harían grande y, con ella, a una cultura gitana que ya se reivindicaba como quintaesencia del ser andaluz y español.
Bailaora, cantante, actriz… Lola Flores llevó la copla a su máxima expresión o, como mínimo, a su popularidad más alta. Etiquetada como folclórica, se le ha achacado perversamente el haberse servido de los hombres que pasaron por su vida para escalar profesional y socialmente.
La artista Lola Flores
Lola Flores demostró que esas habladurías respondían al anquilosamiento ético de una sociedad más envidiosa que machista ante el ascenso al estrellato de una mujer que fue ejemplo y modelo a seguir por otros muchos artistas, y que aún hoy se reivindica su memoria con orgullo y nostalgia.
Su debut llegó con el espectáculo Luces de España en 1939, pero su gran asalto a la fama lo realizó con el espectáculo Zambra en Valencia y en el teatro de la Zarzuela de Madrid (y de ahí al resto de España y a la otra orilla del charco), junto con otra leyenda, el gran Manolo Caracol.
Con ese éxito, Lola Flores ya no se descabalgaría nunca de la fama. Luego vendría el cine y las legendarias películas de Suevia Films, las giras por América, la Zarzamora, el Que me coma el tigre, el Ay pena, penita, pena y la leyenda, siempre, A tu vera.
Lola Flores fue todo un personaje, admirado y querido en una España que muchas veces se mostró ingrata con sus mitos y que con la Faraona no sería menos.
Para la memoria, su defensa de su hija Lolita durante su boda que casi estuvo de acabar frustrada por la afluencia masiva de curiosos y admiradores en la iglesia de la Encarnación de Marbella donde iba a tener lugar el enlace matrimonial.
«Si me queréis, irse», exigía Lola Flores a una multitud que pocas o ningunas ganas tenía de ahuecar el ala. Obviamente, nadie se fue, y la boda se celebró igualmente. Y esa frase quedará para el recuerdo, con el misterioso significado que le ha dado el paso del tiempo, convertida ya en sentencia popular de España.