Wenceslao Fernández Flórez en 1958
Cómo Wenceslao Fernández Flórez escapó de una ejecución segura en la Guerra Civil
Wenceslao estuvo a punto de morir fusilado durante la Guerra Civil y escapó por muy poco gracias a las embajadas de Argentina y Países Bajos
El escritor coruñés Wenceslao Fernández Flórez pasó a la historia de la literatura como uno de los más hábiles narradores y renovadores de la literatura humorística española.
Hábil columnista —que dejó páginas maravillosas de crónica parlamentaria en el diario ABC—, una de las plumas eminentes de la publicación humorística La Codorniz, y autor de novelas como El bosque animado, El malvado Carabel o El hombre que compró un automóvil, el también académico de la RAE, sin embargo, estuvo a punto de ser fusilado por los milicianos republicanos durante la Guerra Civil.
Lo cierto es que el genial escritor gallego estuvo muy cerca de correr la misma trágica suerte que otro escritor, Pedro Muñoz Seca, fusilado en Paracuellos, y se salvo prácticamente de milagro.
A Wenceslao Fernández Flórez le sorprendió el estallido de la Guerra Civil en Madrid. Pronto quedó atrapado en la retaguardia republicana, donde las milicias anarquistas y comunistas instauraron un régimen de terror, deteniendo, torturando y fusilando con motivos absolutamente arbitrarios y disparatados a toda clase de personas acusadas de monárquicos, falangistas, cedistas, católicos o, simplemente, derechistas.
Fernández Flórez dejaría escritas sus andanzas en su libro autobiográfico El terror rojo (Ediciones 98), donde cuenta sus andanzas escapando de los milicianos, como si de un juego mortal del gato y el ratón se tratara, hasta que logra refugiarse en la Embajada de Argentina primero y en la de los Países Bajos después.
Cubierta de 'El terror rojo'.
Las legaciones diplomáticas le permitieron salvar el pellejo, pero supusieron para él una, en la práctica, condena de cárcel indefinida.
Pronto, la gran afluencia de refugiados políticos en las embajadas las convirtieron en lugares insalubres. Aquello era insostenible. Wenceslao Fernández Flórez narra en El terror rojo cómo se organiza entonces una espectacular operación diplomática para sacar al extranjero a cientos de refugiados amenazados de muerte por la Segunda República.
La operación era una absoluta locura. Un argumento propio de una inverosímil novela de aventuras bélicas. Y, sin embargo, funcionó.
En 1937 Wenceslao Fernández Flórez llega a Valencia para embarcar junto con otros refugiados y escapar por mar de la España roja. Sin embargo, en la aduana unos policías le impiden embarcar por orden del mismísimo Ministerio de Gobernación.
Sólo la protección del gobierno neerlandés impidió que Wenceslao Fernández Flórez fuera detenido y encarcelado en una checa.
Finalmente, logró escapar por carretera cruzando los Pirineos bajo la amenaza de los cañones de un buque de guerra al servicio de la República.