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El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, con casco

El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, con cascoEFE

Kafka, Urtasun y la Dirección General de Artes Escénicas y Música del Ministerio de Cultura

El Consejo de Ministros aprobó la creación de un nuevo organismo que asumirá parte de las funciones del Inaem

En El proceso, de Franz Kafka, su protagonista, Josef K. (no se trabajó el autor checo demasiado la identidad de su alter ego en este caso) se despierta una buena mañana y nada más levantarse de la cama es arrestado.

Este pobre empleado de banca, gris, sin oficio ni beneficio, un cualquiera de cualquier sociedad, se ve inmerso en un proceso judicial infernal atrapado en un bucle infinito de burocracia absurda sin llegar a saber nunca quién le acusa ni de qué, cuestión sin importancia que no impide que finalmente sea condenado y sentenciado de forma implacable.

El momento culminante de atroz proceso judicial llega cuando el protagonista queda atrapado en el juzgado, intentando rellenar el papeleo pertinente y sin conseguirlo, ya que de una oficina le remiten a otra, le piden que rellene un sinfín de papeles, para lo cual debe rellenar otro sinfín de documentos, y sin lograr, finalmente, sacar nada en claro.

La administración española en manos de Sánchez y sus ministros se parece cada vez más a un ente kafkiano, lleno de direcciones, subdirecciones, secretarías, subsecretarías y demás entes diseñados para mantener saciados los estómagos socialistas.

El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, muy dado a la sovietización de la burocracia con toda clase de ramificaciones, va a crear la Dirección General de Artes Escénicas y Música del Ministerio de Cultura, según se anunció ayer en Consejo de Ministros.

¿Y a qué se va a dedicar esta flamante Dirección General? Se lee en el sitio web del ministerio que su principal cometido será «objetivo actualizar, optimizar y mejorar la estructura organizativa, de gestión y de personal de este organismo».

Así, a priori, pinta bien. Muchos verbos en infinitivo indican siempre buenas intenciones. Pero, leído de corrido, la frase no significa nada.

Se lee a continuación que esta dirección general es «el primer paso para la transformación integral del Inaem» y, por lo que explica, este nuevo organismo asumirá parte de sus competencias, mientras que el Inaem «conservará sus funciones de gestión y producción artística de sus unidades, en el ámbito de las artes escénicas y la música».

Además, en un nuevo giro kafkiano, se crearán tres sudirecciones dependientes de la nueva Dirección General. Una Subdirección General de Teatro y Circo, una Subdirección General de Música y una Subdirección General de Danza y Creación Interdisciplinar.

Muchos organismos nuevos de repente, con nombres demasiado largos y crípticos, puede pensar el sufrido ciudadano. Pero aún hay más.

También se anunció la creación de una División de Archivo, Documentación y Gestión del Patrimonio Escénico y Musical dependiente del Museo Nacional de Artes Escénicas y el Centro de Documentación de las Artes Escénicas y de la Música.

En resumen, donde antes había un solo organismo ahora hay dos con competencias similares y cuyas competencias está difusamente delimitadas y definidas. Se crean también tres nuevas subdirecciones dependientes de la nueva Dirección General, así como una División (la de Archivo, Documentación, etcétera), dependiente de un tercer organismo, el Museo Nacional de Artes Escénicas, etcétera. Decir que es kafkiano es quedarse corto.

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