La impresionante crónica de David Uclés sobre el concierto de Rosalía
El ganador del Nadal sigue alimentando su personaje hasta en los artículos de prensa sobre otras personas que utiliza casi sin control como más madera para su propia locomotora
David Uclés y Rosalía
El texto ínclito reposa en La Vanguardia. David Uclés, quien sale con la boina en la foto del artículo junto a la firma, fue al concierto de Rosalía y lo ha contado. O eso se suponía que iba a hacer porque lo que ha hecho ha sido contar lo que siempre cuenta, mayormente circunstancias vitales y padecimientos propios sin cesar.
Nunca había ido a un concierto
El documento es impresionante. Podría titularse La crónica de las líneas muertas o El artículo de los párrafos vacíos en sintonía con los títulos de sus famosas y exitosas novelas. El lector ha podido saber, desde el principio de la extraordinaria pieza, que Uclés nunca había ido antes a un concierto o festival en otra muestra más de las increíbles carencias de este Lord Greystoke perdido en Jaén en vez de en la selva.
El personaje se sigue creando hasta en los artículos de prensa sobre otras personas. Uclés es un depredador sin control de la autopromoción. Le han pedido (o él ha sugerido hacerlo) un artículo sobre el concierto de Rosalía y lo ha utilizado para escribir sobre sí mismo. Sobre sus cosas habituales. Ha informado de su agorafobia. Un ser en apariencia de cristal.
Pero una agorafobia que ha superado gracias a Rosalía. Poco más o menos viene a decir. Es absolutamente sensacional el artículo que comienza como una página del diario de un preadolescente, con el argumento de un preadolescente y el lenguaje de un preadolescente. Pasen y vean:
«Es cierto que, después de esta noche, sigo sintiendo bastante agorafobia, pero, al menos, los conciertos de Rosalía no me los pienso perder. ¡Si hasta casi enciendo la linterna del móvil para acompañar al resto! Pero mi sentido del ridículo me lo ha impedido. Lo de las lucecitas me recuerda al momento tierra-trágame de las bodas, cuando entran los novios y te ves en la obligación social de levantar una servilleta y hacer el gorrocóptero de Doraemon...».
El sentido del ridículo
Un curioso sentido del ridículo por encender en el anonimato de un concierto la luz del móvil, que sin embargo no siente por escribir un párrafo como el anterior. Y eso que no es el «mejor» de su magnífico opúsculo.
Antes de empezar a escribir en su crónica sobre el concierto de Rosalía sobre el concierto de Rosalía, valga la repetición (en el sexto párrafo de un total de nueve), Uclés habla (escribe) sobre su neurosis (después de hablar o escribir sobre su agorafobia) y dice que se vistió «elegante para la ocasión» antes de revelar que los trajes le «tranquilizan», le «alienan» y deja de pensar como un «individuo neurótico». Parece el guion de un Woody Allen infantil, pero no: es una crónica sobre el concierto de Rosalía.
Más adelante confiesa el reciente Premio Nadal que una vez la cantante barcelonesa dio un concierto en «Compostela», donde él vivía, y en vez de asistir, se fue a caminar por el campo. Deben de ser querencias de la boina. Se resistía Uclés a Rosalía, hasta que supo que había colaborado con Bjork, y entonces «ante el trabajo ingente y sensible de LUX, me rendí», revela en el detalle cultureta moderno. Luego habla (escribe) sobre Rosalía, ya rendido, con términos consecutivos como «...diva, divina, diosa...» y pergeña una reflexión incomprensible:
«...me niego a considerar el debate absurdo en torno a si reza verdaderamente a Dios o no. Nosotros le rezamos a ella y es suficiente. No me importa nada si Dios quiere creer en otro Dios superior a él...», antes de volver a sí mismo sin preámbulos y casi sin venir a cuento explicando la enseñanza de Rosalía: «Creo que, cuando escribo novela, me exijo demasiado. Empeño todas las horas del día y acabo obsesionado. Pero hoy salgo del concierto con ganas de trabajar aun con mayor constancia...».
Las palabras finales
La impresionante crónica que termina como empieza, como el diario de un preadolescente con platillos (en su cabeza) apoteósicos: «Te adoramos, Rosalía. Y esperamos con devoción tu siguiente trabajo. Así sea éxtasis o excomunión». Las palabras finales (con pasaporte en regla de la izquierda antieclesiástica) que, como todas las demás, hablan de él y no de Rosalía.