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Bono con el Papa Francisco en 2018

Bono con el Papa Francisco en 2018GTRES

U2 resucita gracias a Dios: la madurez ansiada tras la épica emoción religiosa de sus legendarios inicios

La resurrección de la fe cristiana en todo el mundo parece haber traído también la musical de los irlandeses con Easter Lily, un EP con seis canciones luminosas

Hasta la voz de Bono parece haber resucitado. En el nuevo EP Easter Lily, de seis canciones, suena como la del poderoso Bono veinteañero con el poso de la madurez. El equilibrio casi perfecto no escuchado desde hace siglos. En sus anteriores y más próximos discos ese timbre se había ido deteriorando de forma paulatina e irremisible.

Una pérdida de voz como una pérdida de fe que, al haberse recuperado esta, ha permitido el regreso de aquella. Esto son solo sensaciones, naturalmente, pero la impresión queda. Es como un nuevo mundo, una nueva visión, una nueva escucha no tan nueva. Porque suena al Bono y a los U2 de antes. Por fin.

El ritmo, el sonido, el fragmento, la delicadeza han vuelto. Como si hubiera vuelto la alegría al son de «Kyries Eleison»: «¡Oh, Señor, ten Piedad!», canta Bono en griego antiguo bajo la guitarra y el bajo y la batería características. Y no es porque cante en griego y hable de Dios, sino porque es como si Dios les hubiera devuelto sus dones que se creían perdidos para siempre.

«¿Escuchaste la eternidad?». Así empieza Easter Lily en Song for Hal, la primera de las seis canciones de esta salida del sepulcro creativo con los dedos jóvenes de The Edge, como cuando se reconocía a los de Dublín por la guía del escudero. Bono lo introduce todo de nuevo («No estás solo», repite, sereno y lírico) y es emocionante como en los 80 y 90.

Uno no quiere cantar Aleluya hasta que en In a Life todo sigue discurriendo en las cuatro partes de la banda: «Te encontraré»... «el alma que no se quiebra a pesar del dolor», «Te encontraré cuando no te importe/ En el espacio vacío que ocupa tu lugar...». Y la música eleva. Y se reconoce el alma de la que fue el mejor grupo del mundo, y aparecen cicatrices, Scars, y Bono habla, canta, de seguir buscando la luz con el tono operístico imposible de I Still Haven't Found What I'm Looking For, como si todo continuara al fin casi cuarenta años después.

Un milagro que también trae el falsete espectacular de Achtung Baby. Como el ritmo «bongoístico» de Resurrection Song, la canción que va cobrando vida, dándola, despertando como los sonidos de una mañana de primavera: «Hold On» («Aguanta»). U2 llama a la vida en la melodía y en la letra y en el regreso casi delirante: «Hazlo por un reto, hazlo por la risa, aguanta». «Ama de manera extravagante y sin arrepentimientos», se oye. Tienen «todas estas señales hacia la eternidad», dicen. Milagroso.

La penúltima canción se llama Desfile de Pascua, una «canción de devoción: «Sé que estás ahí aunque no pueda verte...». Apoteosis musical y cristiana. Moderna en el «Kyrie Eleison» resonando en el rock. Pequeña gran obra como las de siempre, las de entonces, ya casi olvidadas, casi perdida la esperanza después de tantas decepciones que aquí acaban gracias a la venida de todos los ritos, casi como los olores de juventud en las bendiciones de Coexist: «Bendeciré al Señor en todo momento». La fe ha vuelto. U2 también ha vuelto con ella. Gracias a Dios.

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