El Templo de Taffeh, en la sala principal del Museo de Antigüedades de Leiden
El Templo de Taffeh, de las orillas del Nilo a la cuna de Rembrandt
En 1971 llegó desde las orillas del Nilo hasta la costa de los Países Bajos el templo milenario de Taffeh, uno de los cuatro santuarios que el Gobierno egipcio regaló a otros países por la Campaña Internacional para Salvar los Monumentos de Nubia
En el marco de las donaciones del gobierno de la República Árabe Unida –actual Egipto– a los países que más contribuyeron en la Campaña Internacional para la Salvaguardia de los Monumentos de Nubia, el presidente Gamal Abdel Nasser obsequió al gobierno de los Países Bajos con el milenario Templo de Taffeh.
La iniciativa, promovida por la Unesco y los Estados de Egipto y Sudán en la década de 1960, se centró en el rescate del patrimonio artístico y arquitectónico que corría el riesgo de quedar sumergido tras la construcción de la represa de Asuán.
Aunque hubo más de 50 países que contribuyeron en este esfuerzo sin precedentes, Países Bajos destacó en mayor medida junto a Italia, España y Estados Unidos. La gratitud del Gobierno egipcio se manifestó con la donación de cuatro de los templos rescatados: Taffeh a Países Bajos, Ellesiya a Italia, Debod a España y Dendur a Estados Unidos.
Un templo egipcio que se convirtió en iglesia
El templo de Taffeh se encontraba originalmente en la orilla este del Nilo, a 48 kilómetros de Asuán en dirección sur, cerca de la fortaleza romana de Taffeh (Taphis), en la zona conocida como Baja Nubia.
El santuario se erigió entre los años 25 a. de C. y 14 d. de C. tras la conquista romana de la Baja Nubia siendo emperador Octavio Augusto, quien en agosto del año 30 a. de C. había derrotado a Marco Antonio y a la faraona Cleopatra VII.
La muerte de Cleopatra supuso el fin de la dinastía ptolemaica, que gobernaba Egipto desde hace casi 300 años cuando el imperio de Alejandro Magno fue repartido entre sus generales y Ptolomeo I Sóter se convirtió en gobernante del país del Nilo. Augusto asumió las funciones propias de los faraones e integró Egipto al imperio, que pasó a ser el 'granero de Roma'.
Imagen del templo en su emplazamiento original en el siglo XIX
El templo fue edificado empleando 657 bloques de piedra, que tienen un peso aproximado de 250 toneladas y que fueron tallados en el mismo lugar de su construcción tras llegar de las canteras. Una vez trabajados, los bloques fueron colocados en su lugar correspondiente sin la necesidad de emplear mortero. En total, contando las cornisas en la parte superior, la edificación cuenta con doce capas diferentes.
Aunque originalmente las piedras y el templo eran de color blanco, el paso del tiempo provocó que la estructura adquiriese un tono más grisáceo. Tras su construcción, el espacio sufrió unos leves cambios en el siglo IV, en el siglo VIII (cuando se convirtió en una iglesia cristiana) y, tras caer en desuso en el siglo XIII, fue empleado por los nubios para guardar ganado.
Decoración superior de la fachada del templo
Su conversión en iglesia cristiana se produjo alrededor del año 710 bajo el reinado de Mercurios, soberano del reino nubio de Makuria que desempeñó una importante labor en la expansión de la iglesia nubia. El uso cristiano del templo durante cerca de seiscientos años se ve manifestado en pequeños cambios, así como en el añadido de relieves de santos y de cruces.
El templo tiene planta rectangular y cuenta con una única sala, con unas dimensiones de 4,5 x 8,25 x 6,3 metros. El techo se apoya en seis columnas con capiteles decorados con motivos vegetales, de las cuales cuatro están dentro del edificio y dos incorporadas en la fachada principal, que no es la original del siglo I, y que presenta dos puntos de acceso y tres aberturas en la parte superior.
Capitel del templo decorado con motivos vegetales, el centro está decorado con la flor de la diosa Isis
Mientras que el dintel de la puerta principal está decorado con relieves de cobras y discos solares alados, el templo carece de jeroglíficos. Ante la falta de este tipo de inscripciones, no se ha podido conocer con exactitud la deidad a la que estaba dedicado, aunque se sospecha que este espacio fue un lugar de culto a la diosa Isis, la madre del dios Horus, que algunos romanos asimilaron en su religión. Frente a la ausencia de jeroglíficos, destacan inscripciones en griego y cruces cristianas de época posterior.
Inscripciones en griego en las paredes del templo
Desmantelamiento y traslado
El templo fue desmontado en 1960 por un equipo de arqueólogos egipcios y polacos y trasladado a la isla Elefantina como parte del proyecto internacional de la Unesco. Como muestra de agradecimiento por sus esfuerzos en otras de las excavaciones, Abdel Nasser obsequió al Gobierno neerlandés de Piet de Jong con el templo de Taffeh en 1969.
Para el momento en el que los más de 600 bloques habían llegado a los Países Bajos en el año 1971, las autoridades del Museo Nacional de Antigüedades (Rijksmuseum van Oudheden) habían decidido elaborar una nueva sala destinada a albergar tan valiosa pieza.
Llegada de los bloques del templo al puerto de Róterdam en 1971
Bajo la dirección de Adolf Klasens las autoridades del museo, situado en la ciudad de Leiden, trabajaron con especial cuidado a la hora de emplazar el templo. Una de las mayores preocupaciones fue que la sala estuviera bien acondicionada con el fin de evitar que el clima holandés y la iluminación artificial pudieran deteriorar las piedras.
La reconstrucción final del templo comenzó en 1978 y contó con la supervisión del recién nombrado director del Museo Egipcio de El Cairo, Hassan el-Ashiry.
Trabajos de ensamblaje del templo en el museo en 1978
El gran valor histórico de esta pieza se manifestó en su ubicación dentro del museo, cumpliendo también con las exigencias del gobierno egipcio, ya que se colocó de tal forma que los visitantes pudieran observar la obra antes de tener que pagar la entrada al museo acercando así este rico patrimonio a todo el público.
Inauguración del templo de Taffeh en abril de 1979
El templo de Taffeh, que fue inaugurado oficialmente el 4 de abril de 1979 por la princesa Beatriz de los Países Bajos, sigue siendo hoy en día una de las piezas principales del Museo Nacional de Antigüedades de Leiden.