Bad Bunny durante el último concierto de su gira en Madrid, este lunes en el estadio Metropolitano
¿Es Bad Bunny chavista? Su candidato para Puerto Rico lo es y su carrera la financió un hombre de Chávez
Rafael Jiménez Dan es un excapitán del ejército venezolano, de la promoción del todopoderoso ministro Diosdado Cabello, que fue viceministro de Chávez y se enriqueció con la importación de alimentos antes de fundar una productora, la de Bad Bunny, en Puerto Rico
No es una historia nueva. No se trata de ninguna exclusiva. Es una historia conocida desde hace años. Tan conocida como convenientemente silenciada ahora que Bad Bunny es la extraordinaria estrella mundial de la música. Pero más de una coincidencia resulta llamativa.
Política, por supuesto. Porque no hablamos de música en el caso de Bad Bunny. Hablamos de política enmascarada de «música». Bad Bunny se ha convertido en 2026 y previamente en un símbolo contra Donald Trump a propósito de la inmigración, el estatus de los portorriqueños, la diversidad y una mezcolanza «woke» de complicada ubicación y asimilación como corresponde al concepto.
El propio Bad Bunny como idea pertenece a ese tipo de clasificación indeterminada que abarca una heterogeneidad «ad hoc» de lo que se necesite ideológicamente. Valga como ejemplo la contradicción entre ser ejemplo de diversidad y el machismo rampante de sus letras y de su espectáculo. Pero ya se sabe que todo vale en la posverdad que como nadie representa en la musica Bad Bunny.
Aunque el asunto viene de la verdad. De los hechos que demuestran que su carrera ha sido financiada con dinero proveniente del chavismo. Rafael Jiménez Dan, excapitán chavista del ejército venezolano, de la misma promoción que el todopoderoso ministro Diosdado Cabello, se hizo rico durante la dictadura de Chávez con empresas de importación de alimentos.
Fue hombre de confianza de Hugo Chávez, del que llegó a ser viceministro, y cuando este murió en 2013 se marchó a Miami y comenzó a vivir entre la ciudad estadounidense y el territorio no incorporado de Estados Unidos, Puerto Rico, al mismo tiempo que fundó una productora musical, Rimas Entertainment, que fue la que lanzó al estrellato a Bad Bunny.
La fortuna proveniente del chavismo que amasó Jiménez Dan sirvió para convertir a la mediocridad artística absoluta de Benito Martínez Ocasio, alias Bad Bunny, en un icono mundial. Las conexiones continúan porque no solo el dinero del chavismo le sirvió para alcanzar el éxito, sino que el mismo «cantante» apoya como candidato a gobernador de su país a Juan Dalmau, candidato por la independencia de Puerto Rico y conocido simpatizante de la Revolución Bolivariana.
Por otro lado, el que hoy es el mánager de Bad Bunny, el portorriqueño Noah Assad (también mánager de otra estrella de talento más que dudoso como Karol G), es cofundador de Rimas Entertainment, aunque también se dice que en realidad le compró una parte de la compañía al excapitán Jiménez Dan, exviceministro chavista, en una rocambolesca historia no del todo aclarada.
Assad es considerado uno de los gurús de la nueva industria musical que ha conseguido apartar el rock para poner en su lugar el reguetón, un calculado movimiento negocial que flaco favor le ha hecho a la música y a la cultura, convirtiendo la nada completa en un todo espectáculo de masas.
¿Es Bad Bunny chavista? No puede afirmarse, pero tampoco negarse la pregunta sobre el «artista» que no hace arte y sí ideología y critica a Trump por «dictador» y cuya carrera se ha financiado con dinero proveniente de una dictadura, la chavista.