Interior de una librería independiente, en Madrid, (España)
¿Están las compañías de inteligencia artificial destruyendo miles de libros físicos?
La sentencia contra Anthropic por violar los derechos de autor ha sacado a la luz una práctica que ha supuesto la destrucción de millones de ejemplares físicos
Un fantasma recorre el mundo editorial: el de la inteligencia artificial y sus efectos, tanto para los derechos de autor como para los derechos de los lectores a acceder a contenido original de calidad y, sobre todo, a los grandes clásicos en papel.
¿Por qué existe esta última preocupación? La noticia ha salido en varios medios de comunicación –más en la prensa anglosajona que en la española, es cierto–: Anthropic, propietaria de Calude acaba de ser condenada a un pago de 1.500 millones de dólares por entrenar su inteligencia artificial con libros pirateados.
Pero lo que más escándalo causó fue el descubrimiento, a raíz del proceso judicial, de otra práctica que, si bien no se ha considerado ilegal, es moralmente incluso más reprochable: el escaneo y destrucción de libros físicos de segunda mano para entrenar la IA cuando el catálogo de libros digitales había comenzado a limitarse por los problemas con los derechos de autor.
Antrhopic habría destruido millones de ejemplares físicos, algunos descatalogados, otros, copias raras, advierten las librerías y editores, en su proceso destructivo de escaneado y digitalización.
Según la investigación del Washington Post, Anthropic consideraba esencial el escaneado de obras clásicas de la literatura de gran calidad para mejorar el lenguaje pobre de internet.
Además, la compañía, según los documentos a los que tuvo acceso el Washington Post, era consciente de que el modo en que escaneaba los libros, de manera industrializada y con la irremediable destrucción del ejemplar físico, causaría un notable rechazo en la opinión pública.
Los libros eran despedazados en máquinas hidráulicas que arrancaban las páginas, las escaneaba y luego las arrojaba a un sistema de reciclado. Anthropic adquiría los ejemplares comprando a gran escala en librerías de segunda mano.
Aunque la sentencia no considera esta práctica ilegítima, pues los libros no se distribuyen luego como obras nuevas, los efectos de imagen para Anthropic están siendo devastadores.
El medio DailyWire comparó la práctica con aquellos bomberos de la novela distópica Fahrenheit 451, de Ray Bradbury –genialmente llevada al cine por François Truffaut– que se dedicaban a prender fuego a pilas de libros en vez de apagar incendios.
La noticia disparó los temores a un futuro distópico donde los libros físicos (incluso ediciones viejas) serán un raro y carísimo producto, mientras que las inteligencias artificiales educadas con las grandes obras maestras de Tolstoi, Dumas o Cervantes se encargarán de proporcionar, según los algoritmos introducidos por las empresas de las que dependen, una cultura que ya no estará accesible al ciudadano de a pie.