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Nunca la nada fue tanto

Portada de «Nunca la nada fue tanto» de Javier NartPenínsula

«Nunca la nada fue tanto». Medio memorias de un justiciero apasionado por los conflictos

Sin objetividad ni neutralidad, biografía apasionada en que nos parece escuchar la voz del Javier Nart en cada línea

Seguimos en lectura urgente las rápidas, plenas y apasionantes páginas de estas medio memorias de un justiciero apasionado por los conflictos. Corremos junto a Nart por la Nicaragua en guerra donde a la dictadura de Somoza la relevó la de Daniel Ortega, que se quedó «con sus coches, con sus casas y con sus culos». La decepción del idealista vasco, afincado en Barcelona, es patente, la decepción de un creyente que continúa en el Líbano entre enfrentamientos de la OLP y el Kataeb, hurtando el cuerpo a las balas, ligero de equipaje. Nos lleva a la desesperación de las guerras del Chad, la intromisión de Gaddafi, los niños de Darfur, las mentiras de los jemeres rojos en el genocidio en Campuchea/Camboya, los terroristas de ETA intentado asesinar al Comandante Edén Pastora, la brutalidad de Macías en Guinea…

Un hombre que puso su granito de arena llevando un hospital, médicos incluidos, a Yamena y pagando el combustible del avión cuando fue menester en una auténtica misión de paz. Y entre col y col, lechuga: Tierno Galván y el PSP del voto de calidad, la timidez del PSOE en su política exterior con González, el nacimiento de Ciudadanos… Sin objetividad ni neutralidad, biografía apasionada en que nos parece escuchar la voz del autor en cada línea.

Es un libro escrito con ganas y con ganas se lee. No exento de esperanza a pesar de no ocultar la decepción tras decepción

Su explicación de los colonialismos en África la voy a aprovechar en mis clases: «Los ingleses pagaban y pegaban, los franceses pegaban y no pagaban y los españoles ni pegaban ni pagaban».

Es un libro escrito con ganas y con ganas se lee. No exento de esperanza a pesar de no ocultar la decepción tras decepción que le sirve a este abogado, intruso legítimo en el periodismo de guerra, para llevarnos de la ilusión al desencanto con humor, con amor.

Nunca la nada fue tanto

península / 528 págs.

Nunca la nada fue tanto

Javier Nart

Una sola pega le pongo al libro, la portada y el título son como aquellas máscaras de yeso con que se ocultaban las estatuas de plata del pueblo de Don Camilo de Guareschi. Buena idea añadirle esa banda que aclara y atrae.

«Pero qué hacía yo en Beirut a los pocos días de haber sido herido en Nicaragua es cuestión que merece más amplia explicación. Otro capítulo». ¿Cómo dejar de leer con tentaciones así?

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