28 de junio de 2022

Todos los museos son novelas de ciencia ficción

Portada de «Todos los museos son novelas de ciencia ficción» de Jorge CarriónGalaxia Gutenberg

«Todos los museos son novelas de ciencia ficción»

Jorge Carrión (y compañía) ha creado un libro-objeto, una obra de arte conceptual y narrativa a la vez. Un aparato transmedia para amantes del arte y la ciencia ficción.

Hace unos años, el director del centro José Guerrero le propuso a Carrión comisariar una exposición de arte y ciencia que fuera también una obra narrativa. No lo sabía, pero Carrión estaba escribiendo lo que luego fue Membrana (2021), el catálogo de un museo (inaugurado en 2100 por inteligencias artificiales) centrado en el siglo XXI.
La confluencia de los dos proyectos ha producido Todos los museos son novelas de ciencia ficción. La narración que se escuchaba en el centro José Guerrero imbricaba las piezas expuestas en un ejercicio asombroso de transmedialidad: instalaciones, fotografías, vídeos, cómics, imágenes digitales, incluso cuadros al óleo enganchaban al visitante mientras un narrador en primera persona llamado Jorge Carrión contaba una experiencia alucinante con una Inteligencia artificial del futuro. No he estado en la exposición, que terminó en febrero, pero el libro que reseño incluye las piezas y, por supuesto, el texto. Es decir, Membrana fue el libro de una exposición, Todos los museos es una exposición convertida en libro.
Todos los museos son novelas de ciencia ficción

galaxia gutenberg / 200 págs.

Todos los museos son novelas de ciencia ficción

Jorge Carrión

No significa que el libro editado por Galaxia Gutenberg sea el catálogo de la exposición susodicha. Es la obra en sí, con las limitaciones que tiene el papel y las dos dimensiones. Pese a eso, la experiencia artística está muy lograda. Las ilustraciones (llamémoslas así) no son imágenes superpuestas al relato, sino parte de este. En el texto se habla de ellas, en ocasiones explican el desarrollo e incluso hacen avanzar la trama. Tal vez la experiencia transmedia hubiera sido más plena asistiendo a la exposición. Probablemente fuera así en el plano audiovisual, aunque no creo que la audición del relato de Carrión se pueda apreciar con la misma fuerza que al ser leída. Sirva, pues, una cosa por la otra.
Carrión es un escritor de ciencia ficción dura. A pesar de que no tener especial formación científica, pone un esfuerzo especial en que sus obras encajen dentro de las teorías científico-técnicas actuales. No utiliza el género como medio para trascender, reinterpretar o enjuiciar el mundo actual, sino que pone empeño en adivinar el futuro, en plantearse dónde estaremos en unos años, sin acritud ni optimismo. En este libro trata el tema de la inteligencia artificial y la teoría cuántica. No todo lo que propone tiene por qué ser verdad, pero no se le puede negar honestidad de planteamiento.
El libro mantiene una línea argumental similar a la película de Spike Jonze, Her. Carrión es más que consciente de los paralelismos y él mismo hace juegos entre el argumento y la película. Me parece que la idea de la relación afectiva entre hombre y máquina va a tener un gran desarrollo social y técnico. No es para menos teniendo en cuenta la volubilidad de nuestros afectos. Me distancio, no obstante, de la reciprocidad de esas emociones. Carrión se queja de que la relación hombre-máquina en la ciencia ficción siempre termina trágicamente. Se me ocurren muchos motivos para ello, pero este no es lugar de desarrollarlos.

No utiliza el género como medio para trascender, reinterpretar o enjuiciar el mundo actual, sino que pone empeño en adivinar el futuro, en plantearse dónde estaremos en unos años, sin acritud ni optimismo

Desde el punto estrictamente narrativo solo puedo criticar el exceso de prisa a la hora de desarrollar la relación sentimental. En esencia, Todos los museos describe la historia universal de enamoramiento y ruptura y es en el aspecto de evolución de los afectos donde creo que la narración necesitaría más aire. Una regla esencial del relato está en la necesidad de mostrar más que contar: mostrar a una persona enamorada o dolida más que decir que lo está. Se me ocurre que esta carencia es provocada por el formato en sí. El texto está escrito para que pueda ser «escuchable» en lo que puede durar visita a la exposición, que no es mucho. Tal vez eso provoca que el argumento amoroso pierda verosimilitud.
La parte menos emocional de la trama tiene mucha más fuerza. El proceso de indagación por parte del protagonista, el suspense de los primeros momentos, la confusión entre vida real y vida ficcional, la incursión de personas y acontecimientos reales y cercanos conforman un cuadro atractivo y muy creíble. Como he comenzado esta reseña, la combinación de narración y medios audiovisuales hacen de su lectura una experiencia nueva y original.
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