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Carlos Alcaraz, en la final de Roland Garros

Carlos Alcaraz, en la final de Roland GarrosEFE

El gran gesto de deportividad de Carlos Alcaraz en la final de Roland Garros

en medio de la final de Roland Garros, Carlos Alcaraz volvió a demostrar que su grandeza no se mide solo por lo bien que juega al tenis. Con el segundo set recién iniciado, Jannik Sinner conectó un potente saque buscando el centro de la pista. La juez de silla lo cantó fuera, pero el murciano ni siquiera esperó a que bajara la árbitra a ver el bote de la bola, sino que él mismo se acercó pensando que podía ser buena. Tras revisarla, Alcaraz no dudó, limpió el bote y le dio el punto a su rival.

El gesto desató una ovación cerrada en la Philippe Chatrier, que ya se ha acostumbrado a ver detalles de honestidad de Carlos Alcaraz. Y es que el murciano siempre se ha caracterizado por sus grandes valores deportivos y la final de Roland Garros no ha sido una excepción. La bola de Sinner fue buena y lo admitió sin ningún problema.

Cabe recordar que días atrás, en octavos de final ante Ben Shelton, se vivió una escena similar. En un punto clave, con 30 iguales, Alcaraz subió a la red para devolver una derecha potente del estadounidense. La bola entró, el público vibró con el intercambio, pero hubo un detalle invisible para casi todos: Carlitos había soltado la raqueta justo antes del impacto. Sin que nadie se lo exigiera, se acercó al juez de silla y confesó que el golpe no era válido. El punto pasó a Shelton, quien dispuso de una oportunidad de quiebre que no llegó a concretar.

Después del partido, Alcaraz explicó su decisión: «Era el golpe del día, sí, pero sabía que no era legal. No me hubiera sentido bien ganándolo así. Lo justo era reconocerlo, por mí, por el rival y por el deporte. Esto también forma parte del tenis».

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