El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
Rodríguez Braun: «Obama no decía cosas muy distintas a Trump, pero lo hacía amablemente y es 'progre'»
El catedrático resalta que quizá detrás de la guerra arancelaria puede haber un pacto entre países para subir sus ingresos sin recurrir a impuestos
Daniel Lacalle: «China y Europa subieron los aranceles y nadie dijo nada. Estamos en una narrativa antiTrump»
Además del incremento de aranceles del que tanto se está hablando estos días, hay una derivada que llama la atención: la venta de deuda estadounidense por parte de China. El país asiático es el segundo mayor tenedor extranjero de bonos en un país como Estados Unidos, que tiene un déficit y una deuda muy abultados (35 billones de dólares de deuda, el 125 % del PIB). Los chinos tienen 761.000 millones de deuda estadounidense y están deshaciéndose de ella, algo que se interpreta como una manera de dificultar futuras emisiones del Tesoro americano. Podría estar empezando una peligrosa guerra de deuda. Aun así, los chinos tienen menos de un 3 % de la deuda pública estadounidense, y solo un 9,6 % de la que está en manos extranjeras.
De todos modos, el catedrático Carlos Rodríguez Braun lo ve como una cuestión «de mucha importancia. Tenemos situaciones muy complicadas en todos los países, y particularmente Estados Unidos tiene una deuda y un déficit muy abultados. Hay un problema de deuda; no solamente americano, pero también americano».
A partir de ahí, para solucionar este problema, se atreve a introducir una dimensión que no ha sido considerada: «Los aranceles son una fuente de recaudación. Habría que pensar si en el fondo de toda esta gran pelea no puede haber un acuerdo implícito entre muchos países para llegar al final de este periodo imponiendo un arancel que pueda parecer moderado, digamos del 10 %».
Con ello los Estados verían cómo crecen sus ingresos mientras los ciudadanos notan cómo suben los precios de sus compras, pero los políticos al menos no lo harán subiendo los impuestos, algo cada vez más dañino para ellos: «Si suben los impuestos de manera explícita, suelen perder las elecciones, y ellos lo saben. Los aranceles serían un mecanismo para recaudar un poco más».
Rodríguez Braun explica esta derivada maquiavélica en el audio que puede oírse al inicio de este artículo. El también economista Lorenzo Bernaldo de Quirós incide en el mismo audio en la venta de bonos estadounidenses por parte de los chinos y apunta una posible consecuencia de futuro que tensaría aún más la situación: «Que en un momento determinado de la escalada con China, Estados Unidos renuncie a pagarles la deuda: que haga un default parcial. Entonces el problema lo tendría China».
Se dé o no ese paso, está claro que la tensión entre Estados Unidos y China es creciente y no tiene vuelta atrás: «El consenso más claro que hay entre los dos partidos en Estados Unidos es que el enemigo y el problema es China. La escalada entre China y Estados Unidos va a persistir. Si Trump tiene que dar marcha atrás, no la va a dar bajo ningún concepto respecto a China. Y los chinos tampoco van a dar marcha atrás. Con una economía que está en declive desde hace diez años y unos problemas estructurales muy importantes, la tentación inexorable de Xi Jinping es alimentar el espíritu nacionalista chino», añade Bernaldo de Quirós.
Y en cuanto a la tregua de noventa días en los aranceles para todos menos para China que acaba de anunciar Trump, ¿se trata de una marcha atrás o de una apuesta negociadora? Rodríguez Braun ve «dos posibilidades: lo que parece, y lo que Trump dice que es. La primera, la marcha atrás en los aranceles, conduciría a un mundo incierto, a una carrera arancelaria y proteccionista dañina para todos. La segunda, en la que Trump dice que es un negociador que quiere resituar la cuestión del proteccionismo en otros términos, es mejor. Hay que recordar que Obama no decía al mundo cosas muy distintas de las que ahora dice Trump. En defensa indicaba a los europeos que tenían que pagar más, pero lo decía amablemente, era progre, y por eso quizá la gente no le hacía mucho caso».
Bernaldo de Quirós añade que «Trump es absolutamente imprevisible», y que «siempre ha sido partidario de los aranceles. Cree que el proteccionismo es un mecanismo de crecimiento económico para Estados Unidos, como dice su héroe, el presidente McKinley, al que llamaban el rey de los aranceles. Se ha llevado una sorpresa enorme, con unas caídas espectaculares de la Bolsa que anticipan un riesgo claro de contracción de la economía global».
Este economista recalca que, si la situación persiste, puede llevarle a un descalabro en las elecciones de medio término, y que los think tanks que le han apoyado en estos años están totalmente en contra de los aranceles.