El economista Daniel Lacalle, en la redacción de El Debate.
Daniel Lacalle: «La ultraizquierda está siendo utilizada como el tonto útil para perpetuar las estructuras intervencionistas»
El economista avisa en su nuevo libro del error de pensar que una economía planificada como la china soluciona los problemas, cuando es al revés
El economista Daniel Lacalle (Madrid, 1967) publica otro libro el 21 de mayo: El nuevo orden económico mundial. En él denuncia el totalitarismo y la voluntad de controlar a la sociedad escondiendo a lo que denomina Estados depredadores detrás de medidas buenistas vinculadas al progresismo y a la socialdemocracia. Por desgracia sitúa a España como uno de los ejemplos de hasta qué punto se han recortado las libertades de las personas en nombre de una supuesta paz social.
–Su libro se titula El nuevo orden económico mundial. ¿Estamos en una nueva era?
–Lo estamos, y en ella hay una tendencia muy peligrosa, que es eso que se ha venido en llamar el globalismo, que en realidad es la imposición del Estado depredador. Se trata de Estados omnipresentes y prácticamente omnipotentes que utilizan el mal llamado multilateralismo para perpetuarse y utilizar ese poder estatal para minar constantemente la libertad individual y económica, desde el punto de vista monetario y político. Desafortunadamente, en ese interés de toda una serie de Estados confluyen burócratas de ideologías diferentes con un mismo objetivo: perpetuarse en el poder y minar los valores fundamentales de las democracias liberales. Estamos asistiendo a un blanqueo constante de las ideas y de los postulados neomarxistas y más totalitarios. Les sirven además para perpetuarse en el poder, porque utilizan a la ultraizquierda como el tonto útil que perpetúa las estructuras intervencionistas y de control social totalitarias.
Burócratas de ideologías diferentes confluyen en un mismo objetivo: perpetuarse en el poder y minar los valores de las democracias liberales
–Esto va en detrimento de la igualdad que supuestamente defienden.
–Efectivamente. El Estado depredador utiliza las causas aparentemente sociales, de igualdad, de ecologismo, de supuestos objetivos benignos, para hacer exactamente lo contrario, que es crear una élite extractiva que está alrededor de esos gobiernos, y además hunde a la clase media vía monetaria y fiscal. Por lo tanto, lo que está generando es la peor desigualdad posible, que es la desigualdad por adhesión política. Además está generando la exclusión, cancelación y veto de todo aquel que critica, que rechaza ese sistema y que además piensa de manera diferente. Se utiliza el comodín del miedo a una extrema derecha que en realidad no existe para, no solamente blanquear, sino elevar a las posiciones de control y de poder a los activistas de ultra izquierda. Por otro lado, se utilizan los objetivos aparentemente inocuos de justicia social, respeto al medio ambiente, políticas sociales, etcétera, para introducir precisamente un sistema cuasi feudal en el que esos gobiernos se rodean de una élite que elimina cualquier posibilidad de que la clase media crezca y de que las pequeñas y medianas empresas florezcan. Es mantener literalmente a una sociedad de personas rehenes. Eso es lo que yo llamo el Estado depredador.
–En el libro también aborda la batalla China-Estados Unidos.
–Estamos viviendo la ruptura de aquel sistema que empezó con la administración Clinton, y que básicamente elevaba a un nivel de poder gigante una dictadura de control social y de enorme limitación de libertades individuales y de libertades monetarias y económicas. Ahora estamos viendo cómo Estados Unidos y China se separan en dos modelos completamente distintos: uno que viene liderado por Estados Unidos, que es de sociedad civil, de defender la libertad individual, la propiedad privada y la libertad de expresión, y el otro que se aprovecha del control político para imponer un control social que convierte a los ciudadanos en rehenes.
–¿Cómo ha visto el reciente acuerdo Estados Unidos-China?
–Es la evidencia de este nuevo orden económico mundial. Estados Unidos se ha dado cuenta de que no puede considerar a China nada más que un adversario con el que tiene la oportunidad de comerciar. Tiene que comerciar en circunstancias y condiciones similares, y no desde una posición como la que ha tenido China hasta ahora, de privilegio. Tenía todos los beneficios de comerciar y crear riqueza a través del comercio internacional con los países líderes y, a la vez, mantenía una economía cerrada, una sociedad cerrada, y unas limitaciones muy grandes a las libertades individuales y a la seguridad jurídica inversora.
La Unión Europea y el euro son éxitos que merece la pena defender. El riesgo es caer en la autocomplacencia y permitir que la élite burocrática que ha llevado a la UE al estancamiento perpetúe el Estado depredador
–Hace tiempo que es bastante crítico con la Unión Europea. ¿Cómo la ve?
–La Unión Europea es el mayor éxito de convivencia y monetario de la historia reciente. Podríamos incluso decir que de la historia moderna. La Unión Europea es un proyecto que merece la pena defenderse, y el euro también, además de ser un éxito. El riesgo es caer en la autocomplacencia y permitir que una élite burocrática que ha llevado a esta Unión Europea al estancamiento perpetúe ese modelo de Estado depredador; que en vez de mirar hacia Estados Unidos y adoptar los pilares de libertad individual, económica y respeto a la libertad de expresión, poco a poco parece que se ve que hay como una especie de envidia al modelo chino. Se está poniendo en peligro la libertad de expresión, la libertad de opinión, se está hablando de prohibir elecciones, partidos, desde una posición en la que no se está defendiendo de los extremos a la Unión Europea y al euro, sino que se está elevando a un extremo: la extrema izquierda. Se utiliza la excusa de un supuesto miedo a una extrema derecha que es extremadamente diversa y completamente diferente en cada uno de los países. Están intentando acostumbrarnos a la idea de que mayor control social, monetario, de la libertad de expresión, de la prensa, etcétera, son cosas que aparentemente tienen que imponerse con la excusa de, entre comillas, defender la democracia, cuando lo que hace en realidad es poner en peligro la democracia.
–En el libro anima a los ciudadanos a que espabilen.
–Intento mostrarles que el avance del Estado depredador no es algo que sea imposible de parar. No es una fatalidad. Tenemos las herramientas que nos dan la tecnología, la libertad monetaria, las redes sociales, la libertad y el poder que tiene la sociedad civil para frenar a esos Estados depredadores que intentan adoptar el modelo chino en vez del modelo estadounidense.
–También habla de España como ejemplo negativo.
–En España estamos viendo un experimento en una economía que a nivel global es muy pequeñita. Es un experimento en el que estamos asistiendo a la demolición diaria de las instituciones independientes, de la libertad de expresión, al control por parte del Gobierno de medios de comunicación y al intento de silenciamiento de las personas que discrepan, a la utilización constante de las instituciones para el interés, no ya partidista, sino personal del presidente. Todo esto que hablamos del Estado depredador, que empobrece a los ciudadanos mientras les dice que cada vez es más protector, nos está erosionando las libertades individuales mientras nos habla de democracia y de libertad. Lo que se está haciendo es muy parecido a lo que hacía la Unión Soviética, que es adoptar las palabras democracia, libertad, etcétera, para introducir el caballo de Troya del totalitarismo. En España la amenaza de un sistema semi totalitario es muy importante. Debemos recordar que utilizando los mecanismos democráticos se está intentando silenciar y eliminar civilmente a más de la mitad de la sociedad, y esto es extremadamente preocupante.
Se está haciendo algo parecido a lo que se hizo en la Unión Soviética: adoptar las palabras democracia, libertad, etcétera para introducir el caballo de Troya del totalitarismo
–Volviendo a la visión global, ¿vamos sí o sí a un dominio de China por encima de Estados Unidos?
–Hay una querencia por parte de los ciudadanos a pensar que una economía planificada centralmente y con una dictadura tiene ventajas, porque puede hacer lo que quiera, como quiera y cuando quiera. Y lo que demuestro en el libro es que la planificación central siempre fracasa, y que los enormes retos y las enormes dificultades que tiene China ahora mismo son consecuencia de esa planificación central. Lo peligroso es que la propaganda intente convencerte de que viviríamos mejor o seríamos más felices en una especie de sistema en el que no tuviésemos que opinar de política, de lo que hace el Gobierno y simplemente entregásemos nuestra libertad económica y personal a un gobierno centralizado, en este caso europeo. No creo que China vaya a ganar porque la planificación central no funciona nunca. Y cuanto más lo intentas, peor sale. Los grandes fracasos, tanto de Estados Unidos como de China como de la Unión Europea, vienen precisamente de esos planes de planificación central. En el caso de China, además, es una sociedad que está literalmente ahogada personalmente. Me recuerda mucho a aquella época de los años 80, cuando yo era un adolescente, en los que se vendía una imagen idílica de una Unión Soviética, como si fuera la que realmente estaba mejorando el mundo, que tenía muchas más oportunidades sociales, etcétera. Se vendía esa visión idílica de que había que contemporizar con una Unión Soviética que iba a crecer constantemente y que Estados Unidos era el imperio que estaba en decadencia, y lo que se demuestra siempre es que el imperio que está en decadencia es el que impone la planificación central.
Es esencial que los ciudadanos defendamos la libertad de expresión, y que la oposición derogue el sanchismo cuando gobierne
–¿Cómo ve España?
–Es esencial que todos los ciudadanos defendamos la libertad de expresión, la prensa independiente y crítica con el Gobierno, nuestra libertad económica, y que utilicemos la fortaleza que tenemos para acabar con ese asalto a las instituciones democráticas. Y es esencial que los partidos que están en la oposición abracen las ideas de la libertad y propongan un cambio que no solamente puede ser el cambio de poder, sino que tiene que ser un cambio en la concepción de lo que es el Estado: en vez de ser un Estado depredador y fagocitador de la actividad privada, que sea un Estado facilitador. Es importantísimo que los ciudadanos entiendan que la alternativa que tienen es radicalmente diferente, y que la oposición no tenga como objetivo generar el sanchismo, sino derogar el sanchismo. Eso es lo que debe ser el factor esencial. Y derogar el sanchismo significa eliminar las leyes que había hecho para limitar la libertad de expresión, de prensa, económica, empresarial, derogar las subidas de impuestos, cancelar las subidas de gasto político y retomar una economía y un país orientado a que la clase media crezca y se fortalezca, y las empresas crezcan y se fortalezcan, y no que lo que se fortalezca sea una burocracia extractiva.