Varias personas pasean por Las Ramblas.
El turismo que vacía: el éxito y las cifras récord desplazan a los ciudadanos
El colectivo de extranjeros con hambre de sol y playa coincidirá con buena parte de los 46,2 millones de españoles que tienen previsto desplazarse
Llega julio y con él las operaciones salida, las colas en los controles de los aeropuertos y un (ya habitual) desfile de tuits airados sobre incidencias en Renfe –aunque esto ya es tónica habitual con independencia de la temporada y pese a la inactividad de Oscar Puente–.
El Observatorio del Turismo Emisor (ObservaTUR) cifra en 100 millones el número de visitantes que España recibirá este año, lo que supone superar a Francia y colocarse en primera posición mundial. El colectivo de extranjeros con hambre de sol y playa coincidirá con buena parte de los 46,2 millones de españoles –el 94 % de la población– que tienen previsto desplazarse, principalmente a la Costa Mediterránea, las islas y Andalucía.
Estas cifras abren camino a una nueva e histórica época estival, no solo en volumen de turistas, sino también en niveles de gasto. Las vacaciones de un año marcado por guerras comerciales (y las que no lo son tanto) son días premium: el presupuesto medio por persona será de 739 euros, 62 más que en 2024. No obstante, lo realmente inédito es la paulatina reproducción de lógicas coloniales por parte de la actividad turística en las zonas de mayor reclamo.
El turismo ha pasado de ser un revulsivo económico a un regalo envenenado y, más recientemente, a un fenómeno que muchos preferirían evitar incluso en pequeñas dosis. Lo que antes era un motor de progreso homogéneo hoy reduce a la mitad la disponibilidad de casas para los residentes de Baleares y Canarias, según datos del Banco de España.
La Fundación Marilles constata que la presencia simultánea de personas en las Baleares crece en casi 19.000 individuos cada año y prevé que superen los 28,5 millones de turistas en 2050 si continúa creciendo al mismo ritmo. «El modelo turístico español es admirado mundialmente por su sólida infraestructura, atractivo cultural y clima. Sin embargo, también es víctima de su propio éxito», explica Aurélie Sandler, coCEO de Evaneos.
El «Índice de Sobreturismo» de la propia plataforma de viajes sostenibles sitúa a España entre los países europeos más afectados por este fenómeno durante la temporada estival y cuya madurez en cuanto a sostenibilidad se queda considerablemente por debajo del aprobado (2 sobre 5). En concreto, cifran en 4 el número de turistas internacionales por habitante y 156 turistas de este tipo por km2.
«España experimentó un rápido auge turístico que se centró demasiado en las ganancias económicas a corto plazo y desatendió el equilibrio a largo plazo», comenta la coCEO. «Los costes sociales y ambientales –como la presión inmobiliaria, los empleos estacionales y la tensión sobre los recursos locales– han sido subestimados durante demasiado tiempo».
La postal se convierte en protesta
Mientras los turistas luchan por un mismo selfie, la población local ya ve más allá del histórico optimismo macroeconómico con el que se envuelve al sector. «Un turista más, un vecino menos» fue uno de los mensajes que se pudieron oír este mes de junio en Barcelona. Junto a varias ciudades españolas como San Sebastián, Palma y Granada, la capital catalana se unió a la movilización internacional simultánea en varias zonas del sur de Europa contra lo que definen como los abusos del turismo.
Y es que la controversia por la sobresaturación turística también se extiende al epicentro del Viejo Continente, que recibió 747 millones de viajeros internacionales en 2024, más que en cualquier otra región, según el Barómetro Mundial del Turismo de la ONU.
Más del 70 % se concentró en el sur y oeste de Europa: «Las zonas costeras y los míticos spots europeos como Venecia, París, Santorini o Ámsterdam son un clásico cuando hablamos de sobresaturación turística. Pero también hay otros destinos quizá menos conocidos que también sufren por su alta tasa de estacionalidad. Croacia, Montenegro o Bulgaria son los que más albergan saturación de viajeros en los meses estivales (julio, agosto y septiembre). Croacia, por ejemplo, recibió el 70 % de todas las entradas internacionales del año durante este período y casi el 30 % solo en agosto», explica Sandler.
Desde la patronal ObservaTUR señalan que «lo que necesita el turismo español no es un freno, sino una transformación basada en la calidad» y que lo importante no es llegar a los 100 millones, sino «cómo se llega». Sin embargo, hasta hora, la actuación institucional ha sido tímida. La apuesta de Evaneos es el slow travel: un verano con estancias más largas y cercanas a las costumbres y usos locales. Se trata, por tanto, de alejarse de los viajes frenéticos y apostar por ver menos, pero vivir mejor cada destino.