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Análisis económicoJosé Ramón Riera

El tejido empresarial español se desangra: 14.259 empresas menos en siete meses

Lo asombroso de los datos es la completa falta de coordinación entre ministerios: cada uno saca sus cifras, se contradicen entre sí, y ni siquiera parecen darse cuenta

Cada nueva estadística que se publica es un boomerang en contra del crecimiento de nuestro país. Lo asombroso de los datos es la completa falta de coordinación entre ministerios: cada uno saca sus cifras, se contradicen entre sí, y ni siquiera parecen darse cuenta.

En España, lo único que verdaderamente funciona es la Agencia Tributaria, implacable a la hora de recaudar, aunque en junio sufrió un frenazo histórico: el IRPF se hundió un 10 %, el IVA apenas creció un 1,3 % y otros impuestos como la cerveza o los hidrocarburos cayeron con fuerza. El cohete recaudatorio gripa en junio, pero eso no impidió al Gobierno sacar pecho, como si todo estuviera bajo control.

En España, lo único que verdaderamente funciona es la Agencia Tributaria, implacable a la hora de recaudar, aunque en junio sufrió un frenazo histórico

El PIB, según el INE, crece un 1,3 % oficialmente, aunque si le quitamos la influencia de Tezanos, estaríamos en un crecimiento alrededor del 0,3 %. Cada día tenemos menos paro, pero pagamos más por desempleo, según las estadísticas del Ministerio de Trabajo. El déficit contable es sólo de 20.433 millones de euros, según la IGAE -Intervención General de la Administración del Estado-, pero el Banco de España nos dice que nos hemos endeudado en 70.000 millones para pagar esos 20.000 millones de déficit. La inflación nos dice que está controlada, pero en agosto seguimos en modo interanual en un 2,7 %.

Este baile de cifras no es anecdótico: es la muestra de un país gobernado con estadísticas al servicio del relato político. Lo que las estadísticas maquilladas no pueden tapar es la realidad que viven las empresas, sobre todo las más pequeñas, que son las que de verdad sostienen la economía española.

Vean ustedes el cuadro que he preparado con los datos publicados por la Subdirección General de Estadística del Ministerio de Yolanda Diaz.

El Ministerio de Trabajo ha publicado sus últimos datos de empresas inscritas en la Seguridad Social a julio de 2025. El resultado es demoledor: en solo siete meses, España ha perdido 14.259 empresas, lo que supone una contracción del 1,1 % del tejido empresarial.

Detrás de ese número frío, hay miles de historias de cierres de bares, pequeños comercios, talleres o autónomos que no han resistido la presión fiscal, los costes laborales y la caída del consumo.

El golpe lo han recibido las más vulnerables, las empresas de 1 a 2 trabajadores, donde perdemos 10.247 micropymes. Supone perder el 1,5 % de las empresas en estos 7 meses. Las empresas de 3 a 5 trabajadores se reducen en 6.791, equivalente a perder el 2,3 %, y en el rango de las empresas de 6 a 9 trabajadores en las que dejan de cotizar a la Seguridad Social, 2.139 empresas, que equivalen a dejar de existir el 1,5%.

En conjunto, las microempresas se llevan la peor parte. Son las que generan empleo de proximidad, dinamizan barrios y pueblos y crean cohesión social. Su desaparición supone menos servicios, más paro encubierto y un empobrecimiento progresivo del país.

Crecen las medianas y grandes, con 4.918 empresas, que no compensan las 19.177 que desaparecen.

Las microempresas se llevan la peor parte. Son las que generan empleo de proximidad, dinamizan barrios y pueblos y crean cohesión social

El panorama es claro, concentración empresarial. Se destruye la base y sobreviven los grandes. España corre el riesgo de quedarse con menos actores económicos, más fuertes, pero menos arraigados al territorio, con un impacto devastador sobre el empleo local y sobre la capacidad de innovación.

La estructura empresarial se polariza: grandes compañías y multinacionales concentran poder, mientras el pequeño comercio y los autónomos languidecen. Eso significa menos competencia, menos dinamismo económico y más dependencia de decisiones que no se toman en España, sino en despachos de Bruselas, París o Nueva York.

¿Por qué caen las pequeñas empresas?

Las causas son múltiples, pero todas apuntan a una misma dirección: el entorno económico en España es hostil para emprender y sobrevivir.

1. Fiscalidad excesiva: los impuestos sobre sociedades, autónomos y pymes ahogan a quienes más deberían proteger.

2. Costes laborales crecientes: las subidas del SMI, sin una estrategia real de productividad, castigan a los negocios con márgenes reducidos.

3. Burocracia asfixiante: trámites, normativas cambiantes y una maraña de requisitos que generan incertidumbre y costes adicionales.

4. Financiación cara y escasa: con tipos de interés todavía elevados, acceder a crédito resulta más complicado y caro.

5. Caída del consumo interno: las familias, presionadas por la inflación y la incertidumbre, gastan menos, lo que golpea directamente al comercio y la hostelería.

El resultado es un cóctel explosivo: miles de pequeños negocios cerrando mientras el Gobierno insiste en vender un país que crece y se fortalece.

Se produce un cóctel explosivo: miles de pequeños negocios cerrando mientras el Gobierno insiste en vender un país que crece y se fortalece

El Gobierno presume de récord de empleo y de un PIB que resiste. Pero la caída del número de empresas es incompatible con ese discurso. Si hay menos compañías, ¿cómo es posible que tengamos más empleo y más crecimiento? La respuesta es simple: los datos están cocinados.

Por un lado, se incluyen como «empleo» a los fijos discontinuos en periodos de inactividad, maquillando las cifras reales de paro. Por otro, se juega con la inflación para inflar el PIB nominal y presentar un crecimiento que, en términos reales, es prácticamente inexistente.

El cierre de 14.259 empresas en siete meses no puede ser compatible con la imagen de una economía boyante. Es la prueba palpable de que lo que se nos cuenta desde Moncloa no es lo que ocurre en la calle.

La pérdida del tejido empresarial tiene consecuencias mucho más profundas de lo que parece.

Desempleo estructural donde cada pyme que desaparece supone menos oportunidades laborales y más paro crónico.

Menor recaudación futura: hoy el Estado recauda más gracias a la inflación, pero mañana, con menos empresas, ingresará menos.

Desigualdad territorial: mientras las grandes compañías se concentran en Madrid, sobre todo el cierre de pequeños negocios puede dejar vacíos pueblos enteros.

Perder más de 14.000 empresas en medio año no es un dato menor. Es un aviso a gritos de que algo no funciona en la política económica, y que los discursos oficiales no reflejan la realidad. Porque cada empresa que desaparece es un proyecto truncado, familias afectadas y comunidades que pierden dinamismo económico.

El Gobierno puede seguir vendiendo relatos, pero los datos están ahí: somos un país con menos empresas, más deuda y más precariedad de lo que nos quieren hacer creer.

Si no se toman medidas urgentes de apoyo real a autónomos y pymes, lo que hoy parece una hemorragia controlada se convertirá en una auténtica sangría para la economía española.

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