La derrota de Milei agrava la volatilidad de Argentina, pero puede acabar volviéndose a su favor
Kiciloff, gobernador de la Provincia de Buenos Aires, adelantó las elecciones para erguirse como nuevo líder nacional del peronismo; lo consiguió. Y eso puede ser positivo
Aunque las encuestas anticipaban un triunfo del peronismo por muy pocos puntos porcentuales, los resultados para renovar parcialmente el parlamento de la Provincia de Buenos Aires mostraron una dura derrota para el partido del presidente Milei: 50 % de votos para el peronismo, 30 % para La Libertad Avanza (LLA), en el caso de los votos para la Cámara de Diputados.
La lectura negativa de los resultados ahonda el coste de la derrota por la volatilidad que provoca en los mercados financieros, que profundizará el debilitamiento de la actividad económica de los últimos dos o tres meses. En igual sentido, esto debilita al gobierno para la elección que más importa: la del próximo 26 de octubre, cuando se renovará la mitad de la Cámara de Diputados de la Nación y un tercio del Senado.
Sin negar nada de lo anterior, hay varios elementos que deben considerarse para tener una visión equilibrada.
Kiciloff, gobernador de la Provincia de Buenos Aires, adelantó las elecciones para erguirse como nuevo líder nacional del peronismo; lo consiguió. Y eso puede ser positivo: su pésima gestión cuando fue ministro de Economía y su mala gestión actual difícilmente sean buenas cartas de presentación de su eventual candidatura presidencial. La historia le juega en contra: ningún gobernador de Buenos Aires logró nunca ser presidente de la Nación (la única excepción, Duhalde, no cuenta: no lo logró con votos, sino por medio de un golpe institucional).
Si Kiciloff es tan malo, ¿cómo ganó esta elección? Porque el poder de muchos barones locales también dependía de este resultado; el «aparato» peronista bonaerense se empleó a pleno.
En cambio, la alianza entre los partidos de Milei y Macri no funcionó a toda capacidad. Gran parte del macrismo se siente maltratada por Milei y eso se tradujo en gente que no fue a votar y falta de gente para fiscalizar las elecciones. Falta de fiscalización que podría haber facilitado algunos puntos de fraude.
El vértigo que provoca ver a toda la casta peronista exultante y a la expresidenta Kirchner, en prisión domiciliaria, saludando desde el balcón, será un estímulo que impulsará a votar en octubre a los abstencionistas de septiembre.
Paradójicamente, se pasa por alto que, tras los recientes resultados, el peronismo lo tiene más difícil en el parlamento bonaerense: solo ganó una banca (ahora tiene 39 de 92), pero la alianza de Milei y Macri ganó 7 escaños (ahora tiene 31). El gran perdedor fue la UCR, socialdemócratas a la criolla de buena sintonía con los peronistas, que perdió 9 diputados.
Se olvida otro punto: los resultados para elegir senadores fueron mucho más parejos, con 45 % de votos para el peronismo contra 37 % de LLA.
En octubre, con los «deberes hechos», el aparato peronista bonaerense podría relajarse. Incluso, maquiavélicamente, a Kiciloff le convendría un mal resultado del peronismo en su provincia para culpar del mismo a Cristina Kirchner, su hijo Máximo y demás kirchneristas, de modo de ratificar que el nuevo líder nacional es él (algo parecido a lo que ocurrió en 2023 entre la primera y la segunda vueltas de la elección presidencial).
El rumbo económico no cambiará, el superávit fiscal se mantendrá, la tendencia de la inflación continuará a la baja y los salarios seguirán ganando poder adquisitivo, todas cosas que deberían tener más peso en una elección de ámbito nacional.
Hay varias semanas hasta el 26 de octubre, que Milei podrá aprovechar para rectificar errores y despejar dudas sobre el supuesto caso de corrupción que salpica a su hermana (se está haciendo habitual en Argentina que, antes de cada elección, aparezcan audios, grabados meses o años antes, para influir en los resultados). La ministra de Seguridad, Bullrich, y el de Defensa, Petri, serán candidatos en octubre: eso podría servir para reconfigurar el gabinete de ministros y dar un nuevo impulso a la gestión del gobierno.
Esta derrota, más abultada de lo esperado, y los viejos fantasmas que resucita, nos recuerdan que hay un poderoso antídoto contra el poder destructivo del kirchnerismo: la dolarización de la economía, suprimiendo para siempre el peso («la moneda de los políticos»).
Roma no se construyó en dos días. El camino de saneamiento económico, social y moral de Argentina tampoco puede estar exento de obstáculos.
Algunos recuerdan que, en el último Mundial de fútbol, el primer partido se saldó con derrota frente a Arabia Saudí, pero Argentina acabó como Campeona del Mundo. Ojalá que el paralelismo se confirme. VLLC!