Lo que la opa de BBVA a Sabadell no nos ha dejado ver: una sombra creciente sobre las empresas españolas
Hace solo unos días conocimos –por un informe del Servicio de Estudios de BME (Bolsas y Mercados Españoles– lo que está pasando en la economía española
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en un foro económico en 2023
Ahora que parece que la suerte está echada, me voy a permitir opinar sobre la famosa opa del BBVA al Sabadell. Han sido meses –demasiados meses– de informaciones trucadas y parciales; de campañas de prensa y comunicación; de comidas y cenas en las que todos explicaban sus razones… ¡Y debe ser así! Una sociedad libre, unas empresas independientes deben ofrecer sus argumentos.
La pega ha sido, una vez más, el intervencionismo del Gobierno en una operación de mercado que, en el fondo, ha puesto en evidencia la actitud de un ejecutivo socialista. La opa se ha convertido así en lo que no debía ser: una batalla política que ha confirmado lo poco o nada que cree Sánchez y sus ministros en la libertad empresarial, hasta el punto de que Europa ha tenido que advertir de manera reiterada y amenazadora a nuestro Gobierno.
Pero antes de empezar, quiero dejar constancia de que no porque Cuerpo y sus compañeros se hayan mostrado desde el principio contra la opa, haya que desechar los argumentos del Sabadell. Son tan interesantes y atendibles como los del BBVA. ¿O no? Empecemos con el marco donde se platea la operación de mercado.
Hace solo unos días conocimos –por un informe del Servicio de Estudios de BME (Bolsas y Mercados Españoles– lo que está pasando en la economía española. El informe, publicado el 3 de octubre de 2025, explica quiénes son los verdaderos propietarios de las empresas españolas. Para no torrarles, solo destacaré este párrafo: «El año 2024 trajo consigo cambios significativos en la estructura accionarial de las empresas cotizadas españolas. Operaciones como la entrada del Estado español en Telefónica, el aumento de las participaciones industriales de Criteria Caixa o el gran número de Ofertas Públicas de Adquisición (OPAs) que se están produciendo en la Bolsa española, afectó a la estructura accionarial de las grandes compañías y por consiguiente al agregado de las participaciones por tipo de inversor. Al cierre del año 2024, los inversores internacionales eran propietarios del 48,7 % del valor de mercado de las empresas cotizadas en la Bolsa española, tres décimas menos que en 2023 y el segundo año de caída tras el récord histórico del 50,3 % de la propiedad alcanzado en 2022. El nivel de propiedad del 50 % se sobrepasó por primera vez en 2019 y posteriormente en 2022».
En definitiva, el Estado se ha dedicado a intervenir las empresas españolas como no lo hacía desde hace 27 años mientras las familias y particulares han reducido su presencia en ellas al 15,8 %, el mínimo de los últimos 32 años. Este es el ambiente que se vive hoy en la economía española.
Se puede vestir de protección de nuestras empresas, de defensa del catalanismo o de nuestras pequeñas y medianas empresas, pero todo es una filfa con los datos en la mano. Lo único claro y cristalino es el afán del Gobierno por controlar lo privado. Algo que venimos denunciando –desde que al presidente de Telefónica lo cesó en Moncloa el Jefe de la Oficina Presupuestaria de la Presidencia del Gobierno, Manuel de la Rocha– o desde que Indra se ha convertido en el paradigma del asalto a las compañías del Ibex: Aena, Caixabank, Enagás, Redeia y demás… La verdadera secuela de todo este asalto se ha materializado en los amigos, amiguetes y directores de tesis doctorales fraudulentas que han aposentado sus reales en todos los consejos de administración que han podido. Cargos nombrados al amparo de la SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales), el brazo armado del Gobierno, que sigue sin tener escrúpulos en nombrar a aquellas personas que se caracterizan por no saber nada sobre los lugares y empresas a los que llegan. Así les va y así nos va, apagones incluidos. Un panorama a tener en cuenta en la Opa. Y ahora voy con ella.
Hay dos corrientes de opinión entre economistas independientes respecto a ella. La primera señala que cuando un banco –empresa también– se zampa a una pequeña, la supuesta fortaleza de la entidad resultante podría verse perjudicada en el caso de una supuesta –siempre supuesta, como en los tribunales– quiebra. Y tienen razón los que defienden este argumento –por lo demás muy manido en las campañas de publicidad de unos y otros–. Pero no es menos cierto que un gran banco transnacional tiene una capacidad y posibilidades de las que carece un pequeño banco nacional. Cuando los riesgos se diversifican se garantizan –siempre con matices– los depósitos de los clientes. Y voy con una comparativa doméstica que nos afecta especialmente.
Desmadre económico bajo el paraguas de Bruselas y EE.UU.
En todo el desmadre económico y presupuestario –a falta de Presupuestos claro– que ha caracterizado las dos últimas legislaturas, a España le han salido dos aliados inesperados: Bruselas y Estados Unidos. La unión Europea ha puesto pie en pared con la opa del BBVA y las injerencias del Gobierno. A la vez, ha abierto diligencias a las investigaciones judiciales que –¡como no!– también afectaban a los fondos europeos que nuestro país debía recibir. Europa nos salva. Por otro lado, Estados Unidos ha hecho sonar la campana –a la manera y formas discutibles de la Administración Trump– sobre los acuerdos del Gobierno español con China a cuenta de Huawei y los negocios de Zapatero; y también respecto a la aportación de nuestro país al presupuesto de la OTAN.
BBVA entiende que con superar el 38 % tendrá el control efectivo del Sabadell
La escena internacional está obligando a España a estar donde debe estar –Venezuela incluida con el doloroso mensaje de la Nobel María Corina Machado sobre España–; y no está de más que nuestra economía intente acomodo y cobijo para su actividad en un escenario distinto al que he plasmado en la primera parte del artículo. Y es que la opa no es solo una operación financiera doméstica. Es eso, pero también la idea clara de que España puede, con sus empresas multinacionales, jugar un papel en el mundo al que pertenecemos: el de las democracias occidentales.
El viernes fue el último día para vender las acciones del Sabadell al BBVA. Sobre la posibilidad de la lanzar una nueva Opa, la entidad vasca ha dicho que solo renunciará a la condición mínima del 50 % si la CNMV acuerda el mismo precio que en la primera opa. Veremos. De lo contrario, BBVA entiende que con superar el 38 % tendría el control efectivo de Sabadell para luego seguir comprando acciones en el mercado los tres próximos años. Pronto tendremos los números pero, no lo olviden, detrás, delante y en medio de la Opa hay muchas más cosas que la Opa. Es el futuro. El nuestro.