27 de mayo de 2022

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i) conversa con la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz

El presidente del Gobierno conversa con la vicepresidenta segunda, Yolanda DíazEFE

Tensión en aumento

El clima electoral envenena la relación entre Sánchez y sus socios de Gobierno

El episodio de Garzón ha servido para que Unidas Podemos se dé cuenta de que su socio ya está en campaña. Una que dudará casi dos años y que pondrá a prueba la solidez de la coalición

La polémica entrevista de Alberto Garzón en The Guardian acusando a los ganaderos españoles de exportar carne de mala calidad ha derivado en el primer gran enfrentamiento del año entre los socios de la coalición.
Unidas Podemos apunta y guarda tras las declaraciones de Pedro Sánchez en la SER, donde el presidente del Gobierno no solo evitó respaldar a su ministro de Consumo, sino que trasladó su total desacuerdo con él.
En otras ocasiones, Unidas Podemos disocia su perfil institucional del político y cuando tiene que hacer una crítica la hace desde el partido, a través de Pablo Echenique e Isa Serra sobre todo.
Pero que esta vez la propia Yolanda Díaz replicara ipso facto al presidente en defensa de Garzón da muestra del enfado en las filas moradas. La vicepresidenta segunda afirmó que el titular de Consumo solo está siendo congruente con la línea de acción del Gobierno y pidió «cuidar la coalición», en clara alusión a Sánchez.
El episodio ha servido a Unidas Podemos para darse cuenta de que su socio ya está en campaña, a propósito de las elecciones en Castilla y León del próximo 13 de febrero. En realidad, en una larga campaña que durará el resto de la legislatura –con andaluzas, municipales y autonómicas teóricamente antes que las generales– y que tensionará al máximo la sociedad PSOE-Unidas Podemos. Como ya ha empezado a hacerlo.
Los morados no han dudado en acusar a Sánchez y los suyos de dar pábulo a un bulo. Y de deslealtad. Sostienen que ellos estuvieron ahí para Sánchez y sus ministros cuando el Delcygate golpeó al entonces ministro José Luis Ábalos. O cuando la oposición atacó a Fernando Grande-Marlaska por el cese del coronel Diego Pérez de los Cobos. Y exigen quid pro quo.
El episodio de Garzón ha sido inesperado, pero en la agenda de la coalición en el corto y medio plazo hay todo un campo de minas. La Ley de Vivienda, la reforma fiscal, la Ley de los colectivos LGTBI y Trans, la Ley de Memoria Democrática, la Ley de Protección Animal… todos ellos proyectos que están provocando un constante tira y afloja intramuros del Gobierno.
En cualquier caso, el puesto de Garzón en el Ejecutivo no corre peligro, pese a que el PP y Vox han emprendido una campaña en toda España para forzar su salida. Pero el ministro de Consumo está a salvo porque Sánchez no tiene capacidad de maniobra sobre el ala morada del Consejo de Ministros. 
Ello ya quedó demostrado el mes pasado cuando el titular de Universidades, Manuel Castells, dimitió por razones de salud. El presidente no eligió a su sustituto (Joan Subirats), sino que le vino impuesto como cuota de los Comunes.
Las tensiones coinciden, además, con el momento en que Díaz tiene su plataforma electoral en la pista de despegue. Un proyecto que, según ha declarado la ministra de Trabajo, no pretende ocupar el espacio «marginal» a la izquierda del PSOE. Sino toda la izquierda.
Las escaramuzas dentro del Gobierno contrastan con el ambiente de tregua en el que han empezado el año los populares. Pablo Casado, Teodoro García Egea e Isabel Díaz Ayuso. La presidenta madrileña y el secretario general de los populares se mostraron mutuamente este lunes la bandera blanca durante un desayuno informativo.
En el PP no quieren distracciones ni interferencias antes de las elecciones en Castilla y León, en las que aspiran a repetir un resultado parecido al de Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid el pasado mayo.
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