30 de enero de 2023

Alfonso Fernández Mañueco y Juan García Gallardo, en las Cortes de Castilla y León

Alfonso Fernández Mañueco y Juan García Gallardo, en las Cortes de Castilla y LeónEFE

La crónica política

El PP desactiva el «botón rojo» en Castilla y León: otras elecciones serían una ruleta rusa

Aunque todo ha quedado en una falsa alarma, la polémica en el Gobierno de Mañueco y Vox, y el aprovechamiento que de ella ha hecho el PSOE, han servido para extraer algunas conclusiones

El pasado domingo, Alberto Núñez Feijóo almorzaba en un restaurante mexicano de moda junto a su familia, ajeno a lo que le tenía preparado Pedro Sánchez para calentar una fría semana de invierno. Debía de estar terminando de hacer la digestión cuando la Moncloa anunció, con trompetería y fanfarria, que el ministerio de Carolina Darias había realizado un requerimiento oficial a la Consejería de Sanidad de Castilla y León «para que se abstenga de aprobar o aplicar medida alguna que vulnere la actual normativa con respecto a la interrupción voluntaria del embarazo».
Dos días antes, el consejero había enviado a la ministra una carta explicándole que en la Junta de Gobierno del 12 de enero no se había aprobado ningún acuerdo. «El Gobierno de Castilla y León siempre se ha caracterizado por el estricto cumplimiento de la norma», rezaba textualmente aquella misiva. Pero, como suele decirse en estos casos, Pedro Sánchez no iba a dejar que la realidad le estropeara un buen titular.
El presidente y su Gobierno estiraron y estiraron la polémica hasta que, el viernes por la mañana, la Moncloa envió un tercer y último comunicado en seis días cantando una extraña victoria; felicitándose por haber conseguido una «rectificación oficial de la intención inicialmente manifestada» por el Gobierno de Alfonso Fernández Mañueco. En alusión al protocolo fantasma con medidas antiabortistas.
Pocas horas después, Feijóo y Mañueco escenificaron en Fitur el final de un culebrón interno y externo que, durante unos días, tuvo a la Junta de Castilla y León en la cuerda floja. Porque el choque entre los populares y Juan García-Gallardo abonó los cálculos y especulaciones sobre la voladura del Gobierno en Valladolid y la convocatoria de elecciones para el 28 de mayo, 15 meses después de las últimas.
Primera pregunta. ¿Ha quedado esa opción totalmente descartada? Si no totalmente, casi casi. «Sería una barbaridad», resume un dirigente del PPCyL. En Castilla y León, los populares nunca han sido partidarios de romper con Vox, ni en las peores horas de esta crisis. Ello a pesar de la incomodidad manifiesta que esa coalición supone para la dirección nacional del partido.
La polémica, y el aprovechamiento que de ella ha hecho el PSOE, han servido para que en Valladolid se reafirmen en su postura y en Madrid se disipen las tentaciones de algunos. Todos han llegado a la misma conclusión: convocar a los castellanoleoneses de nuevo a las urnas sería tanto como jugar a la ruleta rusa, aunque cambiara el paso y rompiera el relato a Sánchez.
Como señaló este sábado el presidente de Andalucía, Juanma Moreno, en una entrevista en El Debate: «A mí me da la sensación de que en Castilla y León no hay ganas de elecciones, que los ciudadanos ya están un poco agotados de tanto proceso electoral». En cualquier caso, en privado y en público el presidente regional ha recordado que esa decisión la tomaría él y solo él.
En estos días de ruido, Mañueco ha hecho saber a su socio de gobierno que, si sigue lanzándole «bombas nucleares», apretará el botón rojo electoral. Y también, que no le temblará el pulso para cesar a Gallardo si tiene que hacerlo (aunque esto último abocaría a la ruptura del Ejecutivo y conduciría al mismo punto, unas elecciones). Pero parece que Vox ha puesto de su parte para pasar página.
En cualquier caso, los populares elevan el tiro al líder del partido, Santiago Abascal, desaparecido en esta polémica. «Gallardo no tiene autonomía, como nadie en Vox. Evidentemente, aquí las estrategias las decide Abascal», señalan desde el entorno del presidente castellanoleonés.
Segunda pregunta: ¿cambia esto en algo la relación, o la no relación, del PP y Vox de cara a las elecciones municipales y autonómicas? Básicamente, Feijóo va a hacer lo mismo que iba a hacer: seguir su camino sin mirar a su derecha, y sin ir al choque contra Vox.
No obstante, en Génova 13 recuerdan al partido de Abascal que ambos comparten un objetivo último del que no conviene que se distraigan: echar a Sánchez de la Moncloa. «Esto es muy sencillo. ¿Queremos ganar el Madrid-Barça o queremos ganar la Liga? Pues si queremos ganar la Liga tendremos que intentar todos no estropearlo de aquí a diciembre», reflexiona un miembro del equipo de Feijóo en alusión a las elecciones generales.
Tercera pregunta: ¿ha ayudado el sainete castellanoleonés a Sánchez en algo? En algo sí. Lo más evidente es que, durante días, una parte de los medios de comunicación han dejado de hacer el recuento diario de agresores sexuales y violadores que han visto rebajadas sus condenas por la ley del ‘solo sí es sí’. Una lista de agraciados que ya supera los dos centenares.
Más allá de eso, el PSOE necesita movilizar a sus electores tanto como el respirar; y polarizar tanto como el comer. Así que aprovechará éste y cualquier otro regalo. Utilizando los cien cañones por banda de la Moncloa.
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