Imagen tomada este martes de una bandera de España en una de los lugares más céntricos de La Palma, pedanía de Cartagena (Murcia)
La Palma, la pedanía a 5 kilómetros de Torre Pacheco en la que conviven «sin problema» españoles e inmigrantes
Pese a estar separadas por un trayecto que se hace en pocos minutos, los vecinos de la pedanía destacan el buen clima sin incidentes entre sus ciudadanos , un panorama bien distinto al que sufre el municipio colindante
Como si de un microclima se tratara, la pedanía de La Palma, perteneciente a Cartagena (Murcia) poco se parece a Torre Pacheco, localidad de la que le separan apenas cinco kilómetros, un trayecto que prácticamente pasa desapercibido. Vaya por delante que el lector sepa que los nombres utilizados en este texto son ficticios: «Es mejor así con la que está liándose allí abajo», comenta, Juan Antonio, un vecino a preguntas de El Debate.
Entre sus sobre 4.000 habitantes, en las calles se ven no pocas personas que, a tenor de sus rasgos, todo hace pensar que son marroquís o de latitudes cercanas. Aun así, es el propio Juan Antonio el que tranquiliza a quien escribe: «No te preocupes. Esto no es Torre Pacheco. Aquí puede haber algún c*****, pero no hay peleas».
Cuando Luis sale de un bar tras su «partida de todos los días» al dominó, confirma lo dicho por su amigo y vecino: «Delincuencia hay. En todos los sitios te pueden robar, pero aquí no te van a pegar. Esto no tiene que ver con Torre Pacheco», subraya, al tiempo que lamenta que la ciudad se haya convertido en epicentro de la actualidad nacional desde hace días: «Cuando no es una cosa es otra, pero esto era cuestión de tiempo porque todos los días tenemos una historia», denuncia.
«Vine a trabajar y eso hago»
En una de las plazas más céntricas de La Palma el viento ondea una bandera de España. Son aproximadamente las tres de la tarde y aunque la costa queda cerca, el calor no da tregua y el sol cae a plomo. No obstante, en una mesa de un negocio cuatro personas de diversa edad apuran una zona de sombra. Dos son marroquís y los otros dos, españoles. No parece que se respire tensión entre el grupo, puesto que el tono de la conversación que mantienen es de lo más normal, con carcajadas de vez en cuando y pleno compadreo.
A preguntas de este periódico, Rashid entiende que periodistas que no son de la zona les pregunten por la relación entre españoles y magrebís: «Llevo casi ocho años aquí y ni yo ni familia hemos dado problemas. ¿Por qué tenemos que darlo? Vine a trabajar y eso hago», apunta señalándose la ropa y las botas manchadas de pintura blanca.
Finalmente, Roberto sigue la línea marcada previamente por Rashid: «Somos la mayoría españoles y también hay mucha gente de Marruecos y Argelia, pero nos llevamos bien, sin problema», ensalza. Como muestra la misma escena que están disfrutando: «Como ves, estamos con nuestras cervezas y ellos uno con Fanta de limón y otro con agua. No me insulta por tomar alcohol. Si pedimos embutido nos lo tomamos y ellos no cogen. Nos llevamos bien. No tenemos problemas entre nosotros», incide.