El rodadero de los lobosJesús Cabrera

Los sonidos del verano

«Las obras son la constante de cada verano. O las hace Madruga o las hace tu vecino pero de ahí no te libras»

Quien en verano no sufre una obra en sus inmediaciones o vive en la tundra o tiene un problema. Lo clásico es convivir cada año con unos días al menos con la melodía de un martillo neumático o con el siempre agradable sonido de la radial. Los meses de julio y agosto, lo queramos o no, suenan a obra desde por la mañana bien temprano y hasta la hor de la siesta.

Lo clásico era el sonido de las chicharras, cuando avisaban de que ya no se podía salir a la calle salvo causa de fuerza mayor, o el de los grillos, que siempre ha dividido a la población entre sus adeptos y sus detractores. Una buena noche de verano, con el balcón abierto, y un grillo dándolo todo dos calles más abajo hace sentir la plenitud del estío.

A la vez que las chicharras y los grillos han ido desapareciendo de la geografía urbana han ido proliferando otros sonidos característicos de estas fechas, como es el del zumbido de los aparatos de aire acondicionado. En esas tardes en las que no hay ni pirri en las calles, ese sonido niega la soledad y nos señala que detrás de cada ventana cerrada hay una familia fresquita viendo las series de Antena 3.

Esta melodía de fondo de los veranos se complementa por las mañanas con las obras. El Ayuntamiento anuncia que habrá una veintena en estas fechas, que realmente será en otoño. Si uno no se ve afortunado con una de ellas siempre queda la esperanza de que a un vecino le dé por cambiar el cuarto de baño, la cocina o por echar abajo un tabique.

Las altas temperaturas justifican que en estas fechas sólo hagan jornada continua, que no es poco, pero esto no nos libra de que comiencen antes de que hayamos despertado o de que a la hora de ventilar la casa entre ese polvo fino tan típico de las obras que luego es tan difícil de quitar.

Como se ve, las obras son la constante de cada verano. O las hace Madruga o las hace tu vecino pero de ahí no te libras. Siendo esta la tradición, este año se ha introducido una variante a la que no estábamos acostumbrados. Julio y agosto son los meses de pico y pala pero hasta ahora no era normal hacer los anuncios en esta fecha. Este año, por su fuera poco, han caído dos y de los gordos. Uno de ellos es la licitación del tramo de la Ronda Norte de La Arruzafilla por 30 millones de euros y que deberá solventar esos restos aparecidos de la iglesia mozárabe de Santa Eulalia que el sentido común invita a pensar que se hubiera detectado si se hubiese aplicado la tecnología existente para husmear por el subsuelo.

La otra obra no es una obra como tal sino el paso previo para hacerla algún día. Se trata de los dos kilómetros que quedan para llevar la Variante Oeste desde la carretera del Aeropuerto a la de Palma del Río. Lo que se ha licitado es la redacción del proyecto por 2,7 millones de euros, que no quiere decir que veamos las máquinas en unos meses. Es sólo el proyecto. Para hacerla de verdad falta todavía un poco. En primer lugar que ERC decida si el Gobierno de España va a tener presupuestos o no y, después, falta que el Ministerio de Transportes decida gastarse la pasta que los cordobeses llevan esperando desde hace más de dos década.

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