El rodadero de los lobosJesús Cabrera

Una carambola perfecta

«Patricia del Pozo le ha puesto el toro en suerte al de Sumar, quien tiene escasas, si no nulas, salidas para escaquearse y dar una espantada»

El sueño de muchos políticos es la convergencia de una serie de factores que solucionen un problema con el consiguiente ahorro en dolores de cabeza. Soluciones caídas del cielo se llama. Ojalá las administraciones tuviesen la velocidad que tienen los paquidermos en sus reacciones pero son tan lentas que al final todo se olvida y las apuestas se dirigen a lo inmediato, a lo que requiere menos esfuerzo y genera más clicks en las redes sociales.

Se trata de esos regalos providenciales que periódicamente llegan y que algunas veces se suelen aprovechar y otras no. El último de ellos, en el caso de Córdoba, es la posibilidad de contar en un breve plazo de tiempo con un Museo de Bellas Artes en unas instalaciones amplias, dignas y situadas en pleno cogollo de la Córdoba monumental. Tendría, incluso, una ubicación muchísimo mejor que la actual en la plaza del Potro. Más no se puede pedir.

El actual museo se quedó pequeño cuando nació. La última ampliación que tuvo está próxima a cumplir un siglo y la realizó Enrique Romero de Torres con el arquitecto Rafael de La-Hoz Saldaña, si no me falla la memoria, con la compra de unas casas en la calle Armas, algo hoy día impensable al precio que se ha puesto el metro cuadrado en determinadas zonas de gran atractivo turístico.

Desde entonces se ha mendigado por una nueva sede no sólo más amplia, tanto para la exposición como para los fondos, sino también con espacios aptos para la investigación o para la organización de actos culturales, entre otras cuestiones. Y con un ascensor, claro. Recordarán que el consenso se alcanzó con el trazado de una parcela en la avenida de Fray Albino en aquella operación urbanística que dibujaba una gran plaza a la espalda de la torre de la Calahorra, para lo que había que expropiar una parte del terreno y derribar lo ahora existente, con Los Romerillos incluidos.

Aquello se fue al trate con la ocupación del colegio Rey Heredia, que también estaba en la lista de las víctimas de la piqueta. La cesión del centro docente a sus ocupantes y el mantenimiento del ‘statu quo’ en este lugar echó por tierra muchos planes y entre ellos, la construcción de un nuevo Museo de Bellas Artes.

La oportunidad caída del cielo en este caso es que después de lustros de silencio sobre el tema se vuelve a hablar de un traslado y lo ha hecho la consejera de Cultura, Patricia del Pozo, quien ha informado de la posibilidad de hablitar las instalaciones que la Biblioteca Pública ocupaba en la calle Amador de los Ríos hasta su reciente traslado a los jardines de la Agricultura.

El temor existente parte de que el propietario de la colección del museo es el Ministerio de Cultura, el de Ernest Urtasun, que debe dar el visto bueno y costear las obras. Ahora no se puede echar atrás, como ha hecho hasta ahora, escudado en el alto coste de la construcción de un edificio de nueva planta, ya que en este caso se trata de la adaptación de un edificio existente y en buen estado de conservación, por lo que tanto los costes como los plazos serían infinitamente más reducidos.

Patricia del Pozo le ha puesto el toro en suerte al de Sumar, quien tiene escasas, si no nulas, salidas para escaquearse y dar una espantada. La pelota está en su tejado. A ver cómo queda con Córdoba y los cordobeses.

Además de la decisión de Urtasun en esta caso hay que contar también y cruzar los dedos para que no surja ninguna plataforma, observatorio, foro o peña cultureta en definitiva con evidentes intereses políticos detrás para joder el asunto definitivamente. Los veo venir.

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