09 de agosto de 2022

Portada del libro Comida Rápida, Barata y Saludable de Alberto Garzón

Portada del libro Comida Rápida, Barata y Saludable de Alberto GarzónMinisterio de Consumo

Análisis de las recetas alimenticias de Garzón

Más difícil todavía: burocratizar la gastronomía

No acompaña ni la estética del libro, es calcada a la de los grandes burguer y está dotada de un exceso de colorido y contraste

Llega a mis manos el libro editado por el Ministerio de Consumo, una colaboración de la conocida y sensata “boticaria García”, la cocinera María José San Román que borda la panadería entre otras habilidades y la periodista Arantxa Castaño, un buenísimo trio con todos los ases de partida para conseguir un libro de cocina saludable y con recetas ricas.
Ojalá que la gente entendiera de una vez por todas que una manzana, una ensalada o una sopa son mucho más satisfactorias, económicas y nutritivas que uno de esos platos rápidos de hamburguesas y snacks imposibles. Y que no hay que hacer nada extraño, ni complejo, ni caro, ni difícil, para comer bien, barato y saludable, como demostré en el trabajo Smart Food (Almuzara). La tradición gastronómica española nos proporciona miles de ejemplos con platos de recurso tan polivalentes como el tradicional cocido, con toda su retahíla de posibilidades de esas ricas sobras como el caldo, las croquetas, la ropa vieja, los garbanzos salteados y un innumerable etcétera. Se ha desarrollado tradicionalmente en los hogares españoles un auténtico trabajo de verdadera creatividad a cargo de las madres y abuelas.
Quizás la labor de difusión de estos conceptos, que tanto García como San Román conocen muy bien, debiera hacerlo el ministerio a pie de calle, acercándose a todas esas personas sobreexpuestas a la potente y, como vemos, exitosa labor del marketing de comidas elaboradas. El sobrepeso atenaza a muchos jóvenes y niños, y es justamente ahí donde hay que hacer el trabajo, formando, mostrando posibilidades y enseñando a seleccionar, en una labor activa y cercana a esta población, que probablemente jamás leerá las páginas que ahora presenta el ministerio. Ojalá que fuera posible revertir esta perversa tendencia, porque en unos años esta población será adulta y desarrollará innumerables problemas derivados de esta auténtica plaga del s. XXI.
Las colaboraciones entre cocineros y especialistas en nutrición suelen proporcionar unos resultados muy completos para el lector, facilitan información valiosa sobre cómo preparar platos ricos y sanotes. En este trabajo las recomendaciones dietéticas son impecables, así como las recetas, pero hay algo que falla, nada más abrirlo uno lo percibe. La estética no acompaña, por ejemplo, es calcada a la de los grandes burguer y está dotada de un exceso de colorido y contraste. El número de recetas es tan solo de cuarenta, algunos de los platos presentados en cajas de cartón de pizza o de patatas de burguer. Si queremos alejar a la población de estas lacras alimentarias, el packaging más daña que anima porque no rompe con lo que ya se hace mal, ni aleja del problema ni proporciona opciones. Solamente sigue esa línea en la que tan visiblemente se enmarca la comida basura y que parece estimular al ministro. 
Tampoco extraña que en este breve recetario se unan «herramienta para combatir el sobrepeso y la desigualdad» y además trate de ser «respetuoso con la diversidad» o «con mensaje» ¿Qué quiere decir esto? es una extraña combinación para un recetario, uno entiende que forma parte de ese afán de ideologización que tienen Garzón y sus socios y que lo aplican a todo, encaje o no, en esa dictadura implantada de lo políticamente abyecto hasta en la sopa. Nunca había encajado mejor un refrán como aquí.
Con idéntica intención ideológica, Stalin condujo a una muerte por hambre a doce millones de personas en una operación programada, planificada y consciente. Ocurrió en Ucrania y posteriormente en Rusia durante la primera mitad de los años treinta del pasado siglo. Un genocidio del que nadie se acuerda ya, pero que hay que poner sobre la mesa, porque cuando el comunismo mete las barbas en la alimentación, hay que echarse a temblar.
Los entrantes son todos fríos al estilo de platos de verano, el número de postres es corto, tan solo hay cinco. Sin embargo, la idea de menús completos nutricionalmente en un solo plato es muy adecuado para la agitada vida actual, aunque muchos de ellos parecen más segundos platos que menús completos. La idea de platos como poke, burguer, wraps, pizza, sushi o ramen contrastan con las lentejas, la olleta de arroz o las sardinas, que aparecen en un número muy inferior y recuerdan a la experta mano de San Román. Y es una auténtica pena que el ministerio no aproveche la oportunidad de promocionar la cocina española, pero claro, esto era de esperar. El patrimonio gastronómico español es extraordinario: abundante, variado, con innumerables oportunidades para encajar en el marco de una dieta saludable. Pero sobre todo, es nuestro. Es la responsabilidad de todos cuidarlo, protegerlo, promocionarlo y modernizarlo, el ritmo de los tiempos requiere una puesta al día, desde luego. Y era justamente lo que esperábamos, pero no ha podido ser, no ahora. 
Seguro que las autoras encuentran una editorial que les permita exponer todo sus conocimientos, explayarse en las explicaciones, evitar las presentaciones ideologizadas ¡hasta la gastronomía está expuesta a este mal! Y mostrarnos sus recetas y recomendaciones, que todos celebraremos gustosamente. Pero en otra ocasión. 
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