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Pareja en su boda

Ceremonia de bodaPexels

Las bodas en España ya son micro festivales: toros mecánicos, tarotistas y festejos de varios días

Organizar una boda se ha convertido en un auténtico reto. Con un coste medio que supera los 24.000 euros, casarse ya no es sólo prometer amor eterno, sino asumir un gasto que supera la entrada de un piso

Casarse en España nunca ha sido barato, pero en los últimos años el coste de una boda se ha disparado hasta niveles que generan alarma tanto en los novios como en sus familias. Según datos del último informe del sector nupcial publicado en el portal Bodas.net, una boda media en 2024 ronda los 24.618 euros, es decir, un 4 % más que el año anterior.

Una cifra que no incluye sólo el banquete, el vestido y el fotógrafo, sino también una lista de extras cada vez más larga: atracciones de feria, proyecciones de vídeo, drones, corners animados, entretenimiento infantil y para mascotas, regalos personalizados a los invitados, decoración temática, tarotistas y un sinfín de detalles que buscan convertir la celebración, no en un momento compartido, sino en una «experiencia única».

La inflación acumulada y la creciente presión social por ofrecer bodas espectaculares, han elevado el listón hasta niveles que, en muchos casos, obligan a endeudarse —incluso a pedir créditos bancarios— o a recurrir a los ahorros familiares.

Cada vez más lejos de ser un evento familiar y cargado de sentido simbólico, muchas bodas se asemejan a una producción profesional, más cerca de una gala televisiva que de una ceremonia privada, y no digamos ya un sacramento.

Bodas-festival más caras que el banquete

La wedding planner y CEO de Imagina tu Boda, Cristina Rosa, explica a El Debate las novedades actuales en las bodas. Empezando porque ahora tienen una duración de 3 días: la pre-boda, «un pequeño evento informal que reúne a los invitados más cercanos de la pareja el día antes de la ceremonia», la ceremonia nupcial propiamente dicha, y la post-boda «otro acontecimiento coloquial de la pareja con amigos cercanos, que se hace el día después del casamiento, por ejemplo con un buffet de arroces» o un brunch, explica.

La experta menciona que la nueva tendencia creciente son las «bodas festival», en las que, afirma, se destina más dinero en la fiesta del evento, con «pistolas de agua, pantallas led, robots mecánicos, DJ's de renombre...» que en la propia ceremonia o el banquete.

También destaca que cada vez se va innovando más, y las parejas piden, o se les ofrece, servicios nuevos que no son muy comunes en el sector: «En una boda próxima, tenemos atracciones de feria como un toro mecánico, un 'tío vivo' e incluso un tarotista». También son frecuentes los animadores para niños e, incluso, los pet sitters: cuidadores de mascotas que entretienen a los perros y animales de compañía de los invitados y de los propios novios.

Más espectáculo, menos vocación

Uno de los cambios más evidentes que reflejan los estudios recientes es el enfoque con el que muchas parejas se aproximan al matrimonio.

Las bodas ya no se entienden exclusivamente como la celebración de un compromiso vital ante Dios y ante la comunidad, sino como una oportunidad para proyectar un estilo de vida, mostrar estatus o seguir modas populares en redes sociales y en la industria del entretenimiento.

Esta tendencia genera un desajuste no sólo económico, sino también espiritual y relacional. Al centrarse en el evento más que en el vínculo, el riesgo de que la forma eclipse el fondo es cada vez mayor. Mientras crece el gasto, se reduce el número de asistentes, las bodas íntimas o «microbodas» ganan terreno, con listas más reducidas pero una inversión mayor por invitado –más de 200 euros por cabeza en algunos casos–.

Un modelo insostenible

Frente a esta realidad, muchos novios se ven atrapados entre el deseo de celebrar con dignidad su unión, y las exigencias de un sistema que parece diseñado más para impresionar que para unir. A esto se suma la presión implícita sobre los invitados, que deben afrontar estas características con regalos en metálico que en ocasiones se asumen como obligatorios.

No es extraño que cada vez más personas, como puede comprobarse en las redes sociales, pidan recuperar el sentido profundo de la boda como inicio de una vida compartida, más allá del espectáculo y del derroche.

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