Grupo de niñas haciéndose un selfie
Las imágenes de Instagram y Tiktok afectan a la salud mental de las chicas de entre 18 y 30 años
Dos estudios de Sigma Dos y Cheerz constatan cómo las fotografías ya no buscan capturar momentos, sino proyectar estatus social, con un enorme impacto en la visión que las jóvenes tienen de sí mismas
Aproximándose ya las fechas estivales, crece la presión de encajar en ciertos estándares estéticos: dietas express, rutinas intensas de ejercicio y tratamientos corporales se multiplican a medida que se acerca el verano.
Esta realidad refleja una preocupación colectiva por la imagen, especialmente entre las mujeres jóvenes, que reconocen sentirse más expuestas y vigiladas durante esta época del año.
El entorno digital, y en particular las redes sociales, amplifican esa sensación. Lo que antes eran álbumes de recuerdos, hoy son 'vitrinas' en las que cada imagen proyecta un ideal de vida. En este contexto, la comparación en uno mismo se vuelve casi inevitable, y sus efectos, muchas veces invisibles, pueden calar profundamente en la autoestima y el bienestar emocional.
Según los datos recientes extraídos de dos estudios realizados por Sigma Dos y Cheerz, esta presión se manifiesta con más fuerza en la población femenina joven, en la que la mitad admite verse emocionalmente afectada por las imágenes que consume a diario en redes como Instagram y Tiktok.
El espejo de las redes
Las plataformas digitales se han consolidado como un espacio donde reina la imagen. Según la encuesta de Cheerz –empresa que se dedica a la impresión fotográfica–, el 27% de las chicas de entre 18 y 30 años afirma compararse con las fotografías que ve en redes y que esa comparación repercute negativamente en su estado emocional y en la percepción que tienen de su propio cuerpo.
El estudio señala también, como una de las culpables de esta tendencia, a ciertos trends o modas en redes como Tiktok, como la que promueve la «complexión media» –punto intermedio entre una complexión delgada y una más corpulenta–. Aunque en apariencia parece promover una apariencia mesurada, en la práctica termina reproduciendo exigencias estéticas.
La imagen de escaparate
Lo que antes eran recuerdos personales, hoy se convierten en herramientas para construir una identidad digital deseable. De hecho, un 61% de los encuestados cree que las fotos son un elemento importante que hay que cuidar, y este porcentaje sube hasta el 84% cuando se trata de mujeres jóvenes, según Sigma Dos.
Esa necesidad de proyectar una imagen idealizada de uno mismo –a menudo alejada de la realidad– genera una presión constante que puede llegar a derivar en inseguridad o ansiedad.
Recuperar el sentido de la imagen
El estudio de Cheerz subraya en sus conclusiones la necesidad de volver a valorar las fotos como recuerdos auténticos y no como un elementos de estatus: «Cuestionar lo que vemos y establecer límites en el consumo de contenidos es clave para proteger nuestro bienestar emocional», señalan.
No obstante, reivindicar la autenticidad no es algo sencillo, ya que es una tarea que implica tanto a creadores de contenido como a usuarios. El bombardeo constante de cuerpos perfectos e instantes irreales hace urgente una reflexión colectiva: ¿Qué imágenes estamos consumiendo realmente?