Las mascotas caninas se convierten, en múltiples ocasiones, en uno más de la familia
Esto es lo que entienden los perros por formar parte de una familia, según la ciencia
Del apego humano-canino a la cooperación entre congéneres, estos animales viven el grupo como un vínculo social y emocional cargado de seguridad, confianza y aprendizaje a partes iguales
La inmensa mayoría de las personas que han crecido en una familia con mascota sigue conservando para siempre aquel recuerdo inolvidable: ¡Fue mi otro hermano!, ¡fue mi mejor amigo!, ¡fue mi compañero de juegos!, etc. Entran en las vidas y dejan, sin duda alguna, una huella imborrable que nunca se llega a ir. Y es que muchos humanos no conciben una familia exenta de can.
En este sentido, investigaciones en cognición canina y etología muestran que estos animales reconocen y distinguen a sus compañeros por olor, vista y voz, que sufren cuando se separan de ellos y que son capaces de cooperar, aprender observando e, incluso, contagiarse emocionalmente de lo que sienten quienes los rodean.
Según corroboran informes realizados recientemente por organizaciones como CHS (Children's Home Society), la plataforma de divulgación científica Psyciencia o la Fundación Affinity, entre otros, este tipo de mascotas juegan un papel muy positivo y enriquecedor en la vida emocional de los niños. Derivando, además, en múltiples beneficios socioeducativos para toda la familia y convirtiéndose en un miembro más de la misma.
Lo que sienten y perciben
Estudios conducidos por el archivo digital estadounidense 'PubMed Central' y diarios digitales como Animals Health demuestran que el lazo entre perros y sus dueños se asemeja al apego entre padres e hijos, incluyendo aspectos como la amistad o la regulación del estrés, mediante hormonas como la oxitocina.
Se ha observado, a su vez, que los canes buscan proximidad, contacto visual o físico y reaccionan al estrés cuando están separados de su camada. Aproximadamente un tercio de los perros experimenta ansiedad al ser separados de los miembros de su grupo social.
Asimismo poseen una memoria olfativa sólida que les permite reconocer a los humanos con los que han convivido, incluso pasado un año. También emplean señales visuales para identificar a otros perros, lo que contribuye a reconocer tanto identidad como estado emocional, tal y como afirma la plataforma Rover.
Por otro lado, emplean el aprendizaje observacional. Los cachorros aprenden tareas hasta 15 veces más rápido cuando observan a otros perros llevarlas a cabo. Cabe destacar que, la instrucción está influida por la jerarquía social: los individuos dominantes, o los humanos, pueden ejercer mayor influencia como modelos en un conjunto.
En cuanto a tareas cooperativas, los perros demuestran capacidad de coordinar con otros perros o con humanos, aunque su sincronía puede variar. En una prueba de tracción conjunta (loose-string task) se vio cómo esperaban a su compañero, antes de tirar en la situación asociativa.
Más aún, estas mascotas muestran una empatía muy llamativa: se acercan más a una persona que llora, incluso si es desconocida, lo que revela sensibilidad al estado emocional humano, tal y como demostró un estudio británico publicado en la revista Animal Cognition en 2012.