Una persona mayor, paseando junto a otra persona más joven
La «recomendación número uno» para mayores, según el director del mayor estudio de Harvard sobre la buena vida
La receta más potente para envejecer bien no es un fármaco ni una dieta milagro: es la gente. El psiquiatra de Harvard Robert Waldinger demuestra que las relaciones humanas protegen el cerebro, el corazón y alargan la vida
España envejece a un ritmo cada vez más acelerado, por encima incluso de los países de nuestro entorno, y los hogares unipersonales son el modelo que más crece en los últimos años. Un cambio drástico en los modelos de vida familiar que tiene repercusiones incluso en nuestra salud física y en nuestra esperanza de longevidad.
Así que con este telón social de fondo, conviene escuchar a uno de los pocos expertos del mundo que ha podido recopilar y analizar décadas de datos sobre la vida de las personas mayores.
El doctor Robert Waldinger, profesor de Psiquiatría en la facultad de Medicina de Harvard y director del Harvard Study of Adult Development (el seguimiento científico más largo sobre vida adulta y bienestar) resume sin rodeos sus conclusiones: «El hallazgo sorprendente es que nuestras relaciones humanas, y cómo de felices somos en ellas, tienen una influencia en nuestra salud tan potente como el ejercicio o la nutrición. Cuidar el cuerpo es importante, pero cuidar las relaciones lo es tanto o más como forma de autocuidado», ha explicado para el Harvard News Gazete.
Tan importantes como el ejercicio
La evidencia que dirige Waldinger demuestra que las personas que evitan la soledad y logran mantener vínculos sociales y familiares sólidos no sólo viven más, sino que enferman menos, se recuperan mejor del estrés y presentan menor deterioro cognitivo.
Esa «aptitud social», dice Waldinger, pesa tanto o más que caminar a diario o comer de forma saludable. En palabras del propio investigador, tras analizar más de 80 años de datos, «el mensaje más claro es este: las buenas relaciones nos mantienen más felices y saludables».
Dicho de otro modo, las relaciones con los abuelos o con los familiares mayores tienen en ellos un efecto terapéutico sanador y, de algún modo, rejuvenecedor.
Mejor predictor que el colesterol
El estudio de Harvard liderado por Waldinger ha seguido a varias generaciones durante más de ocho décadas. Y la conclusión de este experto se repite en artículos, entrevistas y en su best-seller internacional La buena vida: la calidad de los lazos sociales predice mejor la salud a los 80 años, que los niveles de colesterol a los 50.
Con un matiz importante: no se trata de tener muchos contactos, sino de contar con personas cercanas y de confianza –sean familiares, amigos o vecinos- con las que se pueda compartir lo bueno y lo difícil, pedir ayuda o simplemente pasear.
Implicaciones para las familias
Para las familias, explica Waldinger, esto tiene una traducción práctica: incluir a los mayores en planes como acompañarlos a misa o a tomar un café, llevarlos a un centro de día, animarles a participar en un voluntariado en la parroquia o en el barrio, pasear junto a los vecinos o jugar con los nietos; no es sólo «hacerles compañía», es invertir en su salud física y mental.
Porque el psiquiatra de Harvard insiste en que «los vínculos se entrenan igual que un músculo», dado que requieren atención, exigen pequeños gestos constantes y requieren de presencia e implicación personal.
La regla número uno
Además de cultivar las relaciones humanas, el ejercicio físico sigue siendo imprescindible en la vejez, según el experto.
Eso sí, el propio Waldinger subraya que el movimiento produce un impacto positivo mayor cuando sucede con otros. Una evidencia que pone en ruta a los familiares para que animen a los mayores a caminar con un vecino, bailar en el centro cultural, participar en grupos de gimnasia, acudir al centro de día o incluso cantar en coro. Es el «dos por uno» de la longevidad: cuerpo activo y relaciones vivas en un mismo espacio y lugar.
Para quien busque una única prioridad de salud en la vejez –en la suya y en la de los suyos–, la regla número uno es nítida, según uno de los mayores expertos en el análisis de la senectud: no envejezcas solo.