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Penny Nance, durante su ponencia en las jornadas organizadas por CEU-CEFAS

Penny Nance, durante su ponencia en las jornadas organizadas por CEU-CEFASCEU-CEFAS

Entrevista a Penny Nance, CEO de Concerned Women for America

«Muchas mujeres desean casarse y tener hijos, pero no encuentran hombres dispuestos al compromiso»

La directora ejecutiva de Concerned Women for America denuncia que la segunda ola del feminismo engañó a las mujeres enfrentándolas a la familia y a los hijos, y que las feministas actuales callan ante la falta de libertad económica que impide a las mujeres elegir si quieren entregarse a su hogar, y no al trabajo.

Habla con tanta feminidad en sus formas, como vigorosos y rotundos son sus argumentos. Controvertida, acostumbrada a la dialéctica de la polémica, comprometida con la familia mucho más allá de las paredes de su hogar, de una solvencia argumental más que notable y firme defensora tanto de la importancia de la maternidad como de la necesaria presencia femenina en la vida pública, Penny Nance es hoy una de las mujeres más influyentes de Estados Unidos.

CEO de la Concerned Women for America, madre de dos hijos ya bien entrados en la veintena, y conferenciante habitual de foros conservadores, Nance visitó recientemente Madrid para participar en el Seminario Internacional «Maternidad en crisis: cuando el futuro no nace», organizado por CEU-CEFAS, en colaboración con NEOS, la Fundación Familia y Dignidad, y la Federación Europea One of Us, entre otras entidades.

Tras lo cual, respondió a las preguntas de El Debate. Y no se guardó nada: mentiras feministas, tiranía económica, infantilización de los varones, egoísmo de las mujeres, empresas que pagan por abortar pero no por cuidar de los hijos, el ejemplo de su propia vida...

– La baja natalidad de occidente no es fruto de una súbita infertilidad generalizada, ni siquiera de una economía poco propicia, sino sobre todo de una cultura que ha renunciado a tener hijos. En su opinión, ¿cuál es la mentira cultural más repetida sobre la maternidad, que nos está pasando factura?

–Creo que a las mujeres jóvenes se les está inculcando la mentira de que deben elegir entre su educación o carrera profesional y la maternidad, y que el duro trabajo de la crianza no les reportará alegría y satisfacción. Temen las tomas de las 3 de la madrugada, pero no pueden saber el amor puro y la gratitud que esos momentos les aportan. La verdad es que en la vida hay diferentes etapas. Y la fertilidad es una de esas etapas: elegir esperar hasta que «todo sea perfecto» puede significar que la fertilidad de una mujer disminuya considerablemente.

La vida no es perfecta, pero nunca he conocido a una mujer que se arrepintiera de haber tenido hijos. Sin embargo, bastante a menudo conozco a mujeres que se arrepienten de haber abortado o de haber tenido pocos hijos. Por eso, debemos presentar ejemplos de mujeres que han combinado carrera y familia, como la jueza del Supremo de Estados Unidos, Amy Coney Barrett, con siete hijos, o la española Margarita de la Pisa, eurodiputada y madre de nueve.

– ¿En qué momento comenzó a desmoronarse la narrativa social que consideraba la maternidad como un bien común y no como un proyecto «privado» de la mujer?

– En la década de 1960, en Estados Unidos, las mujeres lucharon con éxito contra la discriminación en la educación y el empleo. Desgraciadamente, las feministas de la segunda ola concluyeron que el matrimonio y los hijos frenaban a las mujeres. Convencieron a otras de que el aborto era necesario para alcanzar el éxito y menospreciaron a las mujeres tradicionales que daban prioridad a los hijos. Hoy, además, muchas parejas necesitan un segundo ingreso económico por la inflación y otros factores económicos; así que ser madre trabajadora pasó de ser una opción a convertirse en una necesidad. De hecho, la vivienda se ha vuelto inalcanzable para muchas familias que tengan un solo ingreso profesional.

– Entonces, ¿es posible distinguir la defensa legítima de una carrera profesional y una cultura que penaliza el embarazo, la crianza o la lactancia como si fueran una debilidad?

– ¡Debemos hacerlo! En Estados Unidos, tras la revocación de Roe contra Wade [n.d.r: la sentencia que durante 50 años impulsó la imposición del aborto en todo el país, y que al ser revocada en 2022 por la Corte Suprema, permitió que cada estado legisle en materia de aborto, incluso restringiéndolo o prohibiéndolo], vimos que muchas grandes empresas se ofrecían a pagar viajes para que sus empleadas pudieran abortar en otro estado. Esas mismas empresas, sin embargo, no estaban interesadas en pagar cuidados infantiles, y algunas ofrecían prestaciones insignificantes para el tiempo personal de los nuevos padres. Estaba claro que creían que la paternidad no les servía, y no estaban pensando a largo plazo en la mano de obra que necesitarán en el futuro.

Muchas grandes empresas se ofrecen a pagar viajes para que sus empleadas puedan abortar. Sin embargo, esas mismas empresas no están interesadas en pagarles cuidados infantiles.

– En el debate público se habla mucho de «derechos» y poco de vínculos. ¿Qué lenguaje hemos perdido para hablar de la maternidad, sin reducirla a la biología o la economía?

– ¡La alegría! La satisfacción que proporciona la carrera profesional es limitada. El trabajo es redentor y significativo, pero nadie en su lecho de muerte desea haber pasado más tiempo en el trabajo. Los lazos familiares significan mucho más. Ayudar a los jóvenes a planificar su futuro y a evitar el arrepentimiento debería formar parte de la mentoría profesional... y también ser una función de la Iglesia.

– Usted tiene dos hijos y es Directora Ejecutiva de una de las entidades civiles más relevantes de Estados Unidos. Si pudiera dirigirse a una mujer de 25 años que teme «quedarse atrás», ¿qué le diría para que no vea la maternidad como un sacrificio, sino como un paso adelante?

– Le diría que la vida es larga y que hay mucho tiempo para «ponerse al día» profesionalmente. Los niños pequeños necesitan más atención, pero van al colegio y con el tiempo abandonan el nido. También le diría que yo lo he hecho todo: me quedé en casa a tiempo completo, trabajé a tiempo parcial y finalmente volví al trabajo a tiempo completo cuando mis hijos fueron al colegio. Nunca me arrepentí de los días que pasé en casa, pero sí de algunos días en los que los dejé para ir a trabajar. El feminismo auténtico debería exigir la capacidad de ser madre y trabajar según se elija. No aceptes solo lo que te ofrecen: pide lo que tu familia necesita.

– Los hijos no nacen sólo de una madre: ¿Qué papel juegan hoy los hombres? ¿Qué debería cambiar en nuestra forma de entender la paternidad y la responsabilidad para que la maternidad deje de ser vista como una «carga»?

– En la conferencia que pude dar durante las jornadas de CEU-CEFAS, cité la primera carta de san Pablo a los Corintios 13:11: «Cuando era niño… pero cuando llegué a ser hombre, dejé atrás las cosas de niño». Es hora de que los hombres dejen atrás las cosas de niño y se comprometan con el matrimonio, la familia y el sustento. Tenemos una generación de jóvenes adictos a la pornografía y a los videojuegos. Se les ha menospreciado y se les ha dicho que no importan, pero los hombres fuertes son fundamentales para la civilización. Ahora, conozco a mujeres jóvenes que desean casarse y tener hijos, pero no encuentran hombres dispuestos a asumir la responsabilidad del compromiso. Necesitamos hablar de ello con claridad moral.

– ¿Y cómo podemos responder a la idea de que la paternidad es una «elección personal» sin importancia social, cuando los datos demográficos nos dicen lo contrario?

– La maternidad es algo muy personal, pero las consecuencias de no ser padres o de ser malos padres las sufre toda la civilización. No podemos ser generosos en servicios sociales si no hay suficientes personas que paguen impuestos. Una nación prospera gracias a familias sanas, y el declive que estamos viviendo no está lejos de ser catastrófico. Incluso quienes no ven el beneficio emocional de las familias fuertes reconocen las consecuencias socioeconómicas de su ausencia.

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