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María José Olesti, directora general de The Family Watch

María José Olesti, directora general de The Family WatchTFW

Directora general de The Family Watch

María José Olesti: «El 44 % de los menores de 12 ve porno, pero los padres creen que sólo les pasa a otros»

The Family Watch ha presentado un demoledor informe sobre el acceso de los menores a contenidos violentos y pornográficos, y como explica su directora general, María José Olesti, «no somos conscientes como sociedad de la gravedad de estos datos»

Por más que sea alarmante, el dato sigue pasando desapercibido dentro del debate mediático y político: la pornografía no sólo llega cada vez antes, sino que se consume cada vez en mayor cantidad a edades más tempranas. Más concretamente, el 44 % de los menores de 12 años en España consumen pornografía en nuestro país. O sea, más de 4 de cada 10 niños que aún no han llegado a la adolescencia

Son datos del reciente estudio Jóvenes y contenidos digitales: Pornografía, violencia explícita, hipersexualización, realizado por investigadores de la Universidad Complutense y publicado por la fundación The Family Watch. Porque, como explica su directora, María José Olesti, «la exposición continuada y esta sexualización precoz hace especialmente vulnerables a nuestros menores y adolescentes».

– El estudio muestra que el 44 % de los menores de 12 años en España consumen porno. ¿Somos conscientes de la gravedad de este dato? ¿Qué ha ocurrido para que el primer contacto esté en los 8 años y el consumo en torno a los 10?

– Creo que hay preocupación por parte de las familias y de la comunidad educativa, sin embargo, todavía no somos plenamente conscientes de la gravedad de estos datos. Ni tampoco del impacto negativo que esto tiene en el correcto desarrollo físico y emocional de nuestros menores.

Hemos experimentado un enorme cambio en el contexto digital. Los menores y jóvenes pasan gran cantidad de tiempo en el uso de las pantallas. Acceden con su propio dispositivo móvil, y gratuitamente, a contenidos donde casi el 90 % son de violencia explicita. El 70 % de los contenidos violentos les llegan de manera accidental y no buscada, ya que navegan sin filtros efectivos, ni supervisión paterna. La permanencia en la búsqueda de contenidos viene impulsada por la curiosidad, la presión del grupo, pero también por algoritmos que les conducen a consumir contenidos cada vez más agresivos.

Nuestro estudio revela que entre los 10 y los 14 años es una etapa de especial vulnerabilidad, ya que en ella se producen los primeros pasos hacia la autonomía. También las primeras tomas de decisiones y sensaciones de libertad; por eso es especialmente grave el acceso a estos contenidos, ya que todavía no tienen la suficiente madurez cognitiva, ni tampoco capacidad para discriminar contenidos.

– En España el primer contacto esta entre los 8 y 10 años. Pero el regalo «estrella» de la primera comunión sigue siendo el móvil o la Tablet ; que en la mayoría de casos se dan sin supervisión ni acompañamiento de los padres...

– Nuestros menores y jóvenes son los usuarios que se conectan con mayor frecuencia a la red, y también lideran el consumo de contenidos audiovisuales y la participación en redes sociales.

Hoy preocupa este abuso y sobreexposición en internet, especialmente, en esta etapa de vulnerabilidad, y sobre todo cómo todo ello está afectando a su aprendizaje, al desarrollo psicoafectivo y a la instauración de hábitos de vida saludables.

El móvil, en sí mismo, no es un problema si lo usamos correctamente. Al contrario: internet y la tecnología ofrecen enormes oportunidades, pero los padres debemos establecer límites, horarios de uso, dedicar tiempo a la educación digital, y acompañarles igual que lo hacemos en la vida real.

– ¿Qué efecto tiene en un menor habituarse al consumo de pornografía y de contenidos violentos o hipersexualizados?

– La exposición continuada y esta sexualización precoz hace especialmente vulnerables a nuestros menores y adolescentes, porque desde un punto de vista mental y emocional no son capaces todavía de valorar objetivamente las consecuencias que derivan de estas conductas, y acaban interiorizando que lo que se espera de ellos es que cumplan con determinados comportamientos hipersexualizados e incluso violentos.

En el caso de la pornografía, lo que transmite es una visión distorsionada de la sexualidad, donde desaparecen el vínculo afectivo, y se cosifica a las personas porque se ven como meros objetos. Además, se potencian la agresividad, la humillación, el sometimiento se normaliza y también las relaciones y comportamientos tóxicos en los que se pierde el respeto y la dignidad de las personas.

Los expertos, psicólogos, psiquiatras, pediatras... observan y alertan de algunas realidades que se deben tener en cuenta: la banalización de las relaciones sexuales, el acceso en internet a contenidos especialmente violentos sin ningún tipo de control o de filtro, y sobre todo la soledad en la que muchos niños españoles crecen (los llamados «niños de la llave») mientras sus padres cumplen con interminables jornadas laborales.

Todo esto, junto al visionado continuado de contenidos violentos, tienen consecuencias negativas directas en su desarrollo posterior y la manera en que se relacionan. Y promueve el aumento de agresiones sexuales y el maltrato, incluso entre quienes no han alcanzado aun la pubertad.

– El estudio apunta que buena parte del consumo se produce en casa. ¿Por qué no están los padres atendiendo a su responsabilidad de saber qué ocurre dentro del móvil de sus hijos: lo desconocen, lo saben, pero le restan importancia…?

– Interviene varios factores. Hay muchos padres con un enorme desconocimiento en cuanto a los contenidos que ven sus hijos en internet, y que van desde las autolesiones e incitación al suicidio hasta la violencia explicita, el maltrato o la zoofilia. Tampoco saben cómo se accede a todo esto con gran facilidad. Otros piensan que eso ocurre en otras familias, que «su hijo no lo haría», o simplemente que basta con confiar, que «son chicos de su tiempo».

También hay padres que sufren del síndrome de «burnout parental», y en muchos casos se sienten desbordados de tantas responsabilidades, también con la de la tecnología.

Gran parte de los contenidos violentos y pornográficos se consumen en la soledad de la habitación del menor

Por eso este informe nos invita a reflexionar sobre la importancia del acompañamiento familiar y de educar el pensamiento crítico, ayudándoles a distinguir entre amigo y conocido, entre ficción y realidad, entre intimidad y exhibición.

De hecho, este estudio muestra que gran parte de estos consumos, sobre todo de pornografía y de contenidos violentos a través de videojuegos, se realizan en la intimidad y en soledad de la habitación del menor. Por eso es tan importante la autoridad de los padres: que, manteniendo la confianza, establezcan límites claros, horarios, normas y una supervisión adecuada.

– También aparece el colegio como escenario habitual para el consumo de contenidos sexuales o agresivos, a pesar de que en teoría en los centros escolares está prohibido su uso. ¿Qué está fallando?

– Está fallando la coherencia entre la norma y la realidad. Muchos centros tienen restricciones formales, pero luego existe una enorme presión para incorporar dispositivos digitales sin que haya siempre protocolos claros de supervisión y uso responsable.

También hay una cuestión cultural: hemos introducido la tecnología en la vida educativa mucho más rápido de lo que hemos desarrollado herramientas pedagógicas y de protección. El colegio no puede limitarse a prohibir; necesita educar digitalmente, coordinarse con las familias y asumir que estos contenidos ya forman parte del entorno cotidiano de muchos menores.

– ¿Cuáles son los errores más típicos de las familias ante el porno y la violencia online?

– Uno de los principales errores es hablar solo cuando ya ha habido un problema, la conocida «charla». Algunos padres intervienen al descubrir el consumo de pornografía, sexting o contenido violento. No hay conversación previa y el menor aprende solo, o siendo internet su educador afectivo y sexual. La comunicación y la educación digital, una vez más, es clave en la familia.

Otro error muy frecuente es entregar el móvil sin límites claros: sin filtros, sin horarios de uso y sin supervisión progresiva.

También lo es minimizar la violencia online: normalizar los insultos, las humillaciones, los retos virales violentos, vídeos agresivos, el acoso en grupos; con las consecuencias que tiene a la hora de reducir la sensibilidad hacia el daño real.

– Sólo un 32,5 % de los jóvenes reconoce haber tenido algún tipo de control en su dispositivo durante la adolescencia. ¿Por qué cuesta tanto a los padres poner límites al móvil? ¿Es miedo al conflicto, desconocimiento, presión social…?

– Probablemente es una mezcla de todo eso. Hoy muchos padres tienen miedo al conflicto, en una sociedad que les arrebata la autoridad, e identifican el poner límites y normas con autoritarismo. Pero sin duda también influye la presión social: ningún padre quiere que su hijo sea distinto a los demás, y menos que se sienta excluido.

Y junto a esto, existe un problema de desinformación. Muchos padres no saben cómo configurar controles parentales o creen que son inútiles. Y las propias plataformas tampoco facilitan las cosas: los sistemas de protección suelen ser complejos, opcionales y poco intuitivos.

Las plataformas no facilitan los controles parentales: los sistemas suelen ser complejos, opcionales y poco intuitivos

Sobre esto, desde The Family Watch, y en el marco de la Ley de Adolescencia y del Menor, propusimos que al contratar una línea de internet, esta llevara por defecto un filtro o control para acceder a contenidos violentos. Esto mismo debería ser extrapolable con el uso de los teléfonos móviles.

– También propone TFW reforzar la formación afectivo-sexual en los colegios. Sin embargo, llevamos décadas con charlas, cursos e incluso asignaturas que abordan la cuestión, y los resultados son los contrarios a lo que se dice buscar: ¿Falta educación sexual en los colegios, o falta cambiar radicalmente el modelo que estamos impartiendo?

– A menudo, esta educación afectivo-sexual llega tarde, y en muchos casos está desconectada de la realidad digital y emocional de los adolescentes y jóvenes. Debemos revisar qué modelo estamos ofreciendo y si responde al contexto actual. Se da mucha información, pero muy poca formación emocional en temas como la autoestima, la empatía, pornografía y expectativas irreales, violencia normalizada, cultura digital, la presión del grupo… para ayudarles a tener criterio y herramientas en las relaciones.

Cuando un adolescente aprende más sobre sexualidad a través de plataformas pornográficas que en los espacios educativos y familiares, evidentemente algo está fallando.

Se ha abordado la sexualidad desde una perspectiva excesivamente técnica o centrada únicamente en la prevención de riesgos físicos, dejando de lado dimensiones fundamentales como el respeto, la afectividad, la dignidad de la persona o la construcción de relaciones sanas.

Una buena educación afectivo-sexual debe poder ayudar a interpretar de forma critica los contenidos que ellos consumen, debe ayudarles a desmontar modelos tóxicos y enseñarles que la sexualidad está siempre unida al respeto, la a responsabilidad y al valor del vínculo humano.

y Es esencial que en este tema también familia y colegio vayan en la misma dirección.

– Más allá de la familia, pedís corresponsabilidad a las tecnológicas. ¿Qué deberían incorporar por defecto los dispositivos y plataformas para proteger de verdad a los menores? Y, sobre todo, ¿por qué no lo hacen ya?

– La protección del menor debería estar integrada desde el diseño, no depender exclusivamente de que cada familia descubra cómo activar herramientas ocultas en los ajustes.

Los dispositivos y plataformas deberían incorporar por defecto controles parentales sencillos, verificación efectiva de edad, filtros automáticos para contenidos pornográficos o violentos y límites adaptados a la edad del usuario. Esto es algo que hemos reclamado desde hace años.

La pregunta clave es ¿por qué no se hace ya? En parte porque durante años se ha priorizado el crecimiento, el tiempo de permanencia y el consumo de contenidos por encima de la protección del menor. La tecnología nunca es neutral: las plataformas están diseñadas para captar atención, y eso también afecta a los menores.

La tecnología nunca es neutral: las plataformas están diseñadas para captar atención, y eso también afecta a los menores.

Por eso creemos que hace falta mayor corresponsabilidad tecnológica y una exigencia regulatoria más clara. Como en otras muchas ocasiones, hace falta valentía y compromiso.

– Por último: ¿qué es lo que yo no he preguntado y es importante decir en este asunto?

– Desde TFW consideramos que es importante ver todo este tema no como un problema individual ni exclusivamente familiar; sino que es un reto social y cultural de enorme magnitud. Es fundamental reforzar la protección digital en los jóvenes y garantizar entornos digitales más seguros.

Estamos dejando que menores accedan solos a contenidos para los que ni emocional ni psicológicamente están preparados.

No podemos olvidar también que una consecuencia importante de este acceso a las pantallas y a contenidos de violencia explicita, es el impacto que tiene en la salud mental y emocional de nuestros menores y jóvenes y que los ha llevado a consumir ansiolíticos, a tener sentimientos de soledad y acudir a especialistas como psiquiatras o psicólogos.

La buena noticia es que todavía estamos a tiempo de actuar. Pero hace falta una respuesta social conjunta: familias y colegios más implicados en ese acompañamiento; las tecnológicas asumiendo también la responsabilidad que tiene en este tema y una sociedad que deje de normalizar este tipo de contenidos que tanto afectan a muchos menores.

El significativo deterioro de la salud mental y el incremento de las cifras de los problemas psicológicos en nuestros jóvenes, demuestran que las familias necesitan mayor estabilidad, necesitan que se les ayude y fortalezca y por tanto que se les aleje de la incertidumbre y los vaivenes ideológicos o políticos y así puedan desarrollar la función que tienen en la sociedad.

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