Isabel Preysler y Vargas Llosa, en un evento en el Teatro Real
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'Le dedico mi silencio', la nueva novela de Vargas Llosa ¿con indirecta a Isabel Preysler?
El Premio Nobel ha cambiado el título de su último libro a pocos meses de publicarlo
Ya plenamente recuperado de su segundo ingreso por covid, Mario Vargas Llosa se enfrenta ahora a su regreso a las librerías. Será el próximo 26 de octubre cuando el Premio Nobel comience a presentar su nueva novela. En una entrevista para El Comercio anunció que llevaría como título ¿Un champancito, hermanito?, nombre que causaba cierta perplejidad por referirse a «su popular artículo sobre a hauchafería de 1983, que levantó cierta polvareda en la sociedad limeña».
La ficción y el ensayo se entremezclan en esta nueva obra en la que el autor peruano de 87 años vuelve sobre un tema que le obsesiona desde hace años: el de la utopía, pero, en este caso, de una utopía cultural con la música peruana como núcleo y pretexto.
Toño Azpilcueta, experto en música criolla, descubre a un guitarrista virtuoso, Lalo Molfino, cuyo talento parece confirmar todas sus intuiciones: el amor profundo que siente por los valses, marineras, polkas y huaynos peruanos tiene una justificación social. Se propone también escribir un libro donde contar la historia de la música criolla y desarrollar esa idea que ha inoculado en su mente el descubrimiento de este músico extraordinario.
Más allá de que la música criolla sea una seña de identidad de todo el país, es un elemento capaz de provocar una revolución social, de derribar prejuicios y barreras raciales para unir al país entero en un abrazo fraterno y mestizo.
«El vals, nacido en los callejones de Lima, integró al Perú. Aquí cuento esa historia, y con ella agradezco un secreto amor que me ha acompañado toda la vida: el que siento por la música criolla y, en especial, por el vals de mi país», explica el escritor a Alfaguara, sello de Pengüin Random House que le edita.
Más allá de la expectación por publicar una nueva novela cuatro años después de la última, Tiempos recios, Mario Vargas Llosa ha vuelto a llamar la atención de la crónica social tras haber cambiado en el último momento el nombre de la misma. Así, ha pasado de ser ¿Un champancito, hermanito? a Le doy mi silencio, cuatro palabras significativas que muchos han interpretado como una indirecta a Isabel Preysler. Su influencia podría estar más que presente en muchos párrafos, ya que comenzó a escribirla cuando aún convivía en la casa de la socialité en Madrid.
No sería la primera ver que deja traslucir su vida personal en sus escritos. El relato Los vientos ya levantó las asperezas entre la familia Presyler por incluir dos párrafos en los que hablaba de las islas Marquesas, en referencia al marquesado de Griñón que Tamara heredó de su padre. «Se reía de ella, una niña que solo ha sido cariñosa y amorosa con él. Meterla en todo esto me parece caer muy bajo», declaró Isabel, enfadada.
Vargas Llosa también generó polémica en otro párrafo al referirse a la afición de Isabel y su hija por los cuidados faciales y corporales. «Cuando yo les pregunté por qué se preocupaban tanto por las cremas, los ungüentos, los aceites, los noté incómodos, como si hubiera violado un terreno íntimo. Me confesaron que todo el dinerito que ganan con trabajos eventuales y las pensiones que recibían por el mero hecho de existir, los invertían en comprarse pastillas, lociones, tónicos...«, escribió en su relato, conocido ya popularmente como «el cuento de la pichula», al declarar que su enamoramiento fue de la pichula, no del corazón.