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Borja Jiménez  con Espartaco al fondo en un tentadero en 2021

Borja Jiménez con Espartaco al fondo en un tentadero en 2021

Entrevista

Borja Jiménez, el protegido de Espartaco que lo bordó en Madrid: «Tengo mucha fe en Dios y me agarro ahí»

El torero de Espartinas logró su tercera Puerta Grande consecutiva en Madrid tras cortar las orejas en una faena para el recuerdo el pasado domingo. Dio la vuelta al ruedo «llorando de emoción y de alegría»

Antes de salir hacia la plaza de toros, cada tarde, llama a su madre desde la habitación del hotel. Y cuando llega de vuelta tras la faena, a la primera persona que telefonea es también a su madre, María Fernanda. «Es que ella pasa mucho miedo y por eso no le gusta nada venir a verme a la plaza», explica en conversación con El Debate, minutos antes de comenzar su entrenamiento diario: dos horas de toreo de salón a orillas del Tormes, en Salamanca, la ciudad donde vive desde 2023.

Una rutina que sigue a rajatabla. Se levanta a las 7 y media para hacer deporte, apaga el móvil y torea de salón, acude a comer a casa y por la tarde, más toreo de salón y algún tentadero. «Es la única manera. En la plaza salen las cosas porque antes las has trabajado». Con su novia, que vive en Madrid, confiesa que de momento no tiene planes de boda, «más adelante pasará lo que sea». «El toro acapara todo mi tiempo, se lo lleva todo», reconoce a sus 33 años. Comenta que ahora mismo está feliz y con mucha paz mental. «Cuando uno personalmente se encuentra bien, pues eso se nota después delante de los toros», añade.

Borja Jimenez en un tentadero

Borja Jiménez en un tentadero de la ganadería de Baltasar Ibán, este viernesCortesía de Borja Jiménez

Puerta Grande

«Cuando pasa así cosa tan grande, pues uno llora de emoción, es una manera de decir que está mereciendo la pena todo lo que estoy haciendo», señala, cuando le preguntamos por lo ocurrido hace casi una semana. Borja Jiménez lloró varias veces de alegría durante la vuelta al ruedo que dio a hombros con las dos orejas en sus manos el pasado domingo en la plaza de Las Ventas, la más importante del mundo. Su triunfo, un triunfo rotundo en su larga carrera como matador de toros le dio su tercera Puerta Grande consecutiva en los tres últimos años.

«Estoy feliz, tengo la vida que siempre he querido tener», comenta emocionado sabiendo que lo que logró es «algo muy difícil, casi imposible». Diez años desde su alternativa, muchas temporadas sin contratos, y por fin en 2025 se cumple su sueño de infancia. «Yo iba al colegio con una muleta, siempre me llamó la atención el mundo del toro», confiesa.

Desde niño

Nació en Espartinas, estudió perito agrícola y se hizo torero trs su paso por la escuela de Espartinas bajo las enseñanzas de Antonio Ruiz, el padre de Juan Antonio Ruiz, Espartaco. Actualmente vive en Salamanca, la ciudad de su apoderado Julián Guerra. Su vinculación sentimental y profesional con la familia Espartaco le ha hecho ganarse el sobrenombre de «el protegido». «Tener tan cerca a esa familia, que es casi como mi familia, es un privilegio», reconoce con sensación de agradecimiento. «Tener tan cerca a una persona que ha sido tan grande en el toreo es un privilegio», reitera.

Listón muy alto

La pasada tarde del 15 de junio en Las Ventas con los Victorinos fue una tarde para la historia que le ha puesto el listón muy alto en su temporada. «Nada es por casualidad. La clave del éxito es el día a día. Lo que haces, lo que haces todos los días», opina. Hay mucho trabajo detrás, mucho entrenamiento y disciplina.

«Ahora hay que mantenerse», dice consciente del reto que tiene por delante. «Porque cuando uno ya se coloca en este sitio, ya se coloca en la parte alta del toreo, y cada vez te exigen más». Esta temporada tiene firmadas unas 50 tardes. «Mi preocupación ahora es colocarme donde quiero estar: entre los primeros del escalafón», reconoce ilusionado.

«Siempre que había una corrida de toros me he quedado embobado viéndolo cuando era niño», recuerda, aunque no sabe de dónde le viene la afición. Hijo de veterinarios, comenzó joven su gusto por los toros, a los diez años, y siempre de la mano de la familia de Espartaco, que le acogió como uno más de la casa. Terminó su carrera universitaria justo cuando estaba a punto de tomar la alternativa. Hoy 10 años después, lo borda. «Lo he conseguido a base de machacar, machacar... Estuve ocho años sin tener recompensa. Y en el 2023, pues ya me empezó a llegar la recompensa y hasta hoy».

Hubo una época, al principio, que no sabía si ser futbolista o torero. Pero cuando me puse delante de una becerra, ya dije esto es lo mío", recuerda.

Borja Jiménez con Espartaco padre

Borja Jiménez de niño, con el padre de Juan Antonio Ruiz, Espartaco, Antonio RuizIG

Una alternativa en la que Espartaco se vistió de luces de nuevo, se cortó la coleta y fue su padrino en 2015. Tanto el padre como al hijo, son dos de las personas con las que habla por teléfono después de cada faena. «Mis triunfos son para Juan Antonio como si hubiera triunfado él», reconoce, orgulloso de tanto cariño mutuo.

Fui siempre Borjita, el niño protegido de la escuela, por así decirlo".

Su sueño

Torear, torear y torear, a corto plazo, es su gran ilusión. En un futuro lo que más le gustaría en ser ganadero de toros de lidia. Le preguntamos por la importancia que le da al dinero. «Pues obviamente es muy importante. No solo para vivir y para cubrir las necesidades; también para hacer lo que uno sueña, lo que quiere tener en un futuro...pero para mí ahora, lo importante es estar entre los cinco primeros».

Torea este sábado en Torrejón de Ardoz. «Sí, y después ya voy el martes a Perú, para una corrida el miércoles y vuelvo el jueves y el viernes toreo en Algeciras».

Tiene miedo cuando torea, lógicamente. Pero también es consciente de que eso es lo que es el toreo. «El riesgo existe. Cada vez que te pones delante de un animal, existe». Sabe que la cogida puede llegar en cualquier momento. «Tengo mucha fe en Dios. Y me agarro mucho ahí», concluye.

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