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Ilia Topuria, en el jardín de su mansión

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La urbanización de la periferia de Madrid donde Topuria lleva una vida lujo

El luchador se ha instalado en la capital en zona alejada del público junto a su mujer y sus dos hijos

Ilia Topuria ya es uno de los nombres que pasarán a la historia del deporte español. El hispano-georgiano noqueó en tan solo 2 minutos y 27 segundos al brasileño Charles Oliveira, logrando su segundo cinturón de la UFC (Ultimate Fighting Championship). 'El Matador' llevó a cabo una exhibición de técnica y potencia más y dejó claro su dominio en el cuadrilátero. Todo un hito en la vida de alguien que comenzó a practicar lucha grecorromana en el colegio cuando era apenas un niño. Su primera oportunidad como profesional llegaría años después y, desde entonces, no ha hecho más que revalidar su influencia en las artes marciales mixtas.

«El primer cambio importante que di en mi vida fue gracias a mi padre. Me hizo creer en mí», explicó en una de sus visitas a El Hormiguero. Hijo de inmigrantes georgianos, 'El Matador' conoce el valor del esfuerzo y se vio obligado a trabajar siendo un niño en la tierra de sus padres para poder ayudarles económicamente.

Poco después, se trasladaron a España. «Mis padres conocían a unos familiares en Alicante y se quedaron. Siempre fueron muy trabajadores, mi padre en la obra y mi madre cuidando niños, ganándose la vida honradamente y yo también empecé a pelear por casualidad», reconoció en una entrevista a El Mundo. Tal y como contó, un día su madre vio en el autobús a un hombre que tenía las «orejas de coliflor» –algo habitual en el boxeo– y le preguntó donde entrenaba.

Por eso, ahora, reconoce, es más consciente del dulce momento tanto profesional como personal y económico del que disfruta. Lo hace con Giorgina Uzcategui, que se ha convertido en su gran apoyo durante estos últimos años. Según reflejó en su propio documental, Topuria: Matador, la conoció por casualidad en una cena en Miami y nada más verla pensó que «era la chica más guapa que había visto nunca». Poco después sellaron su amor con la llegada de su hija Giorgina en julio de 2024, que se unió a Hugo, hijo que el boxeador tiene de una relación anterior y que la modelo también cuida y protege como suyo. «Encontrar el amor de tu vida y ser tan afortunado de juntar un alma sagrada al mundo es el mejor regalo de Dios», escribía ella en redes sociales a los días de dar a luz a su hija.

Juntos, han formado una familia de lo especial en una de las urbanizaciones más recónditas, pero lujosas de la capital: Las Lomas, en Boadilla del Monte. Con una superficie de 334 hectáreas y nombres de valles, nació a finales de los setenta como ubicación de segunda residencia y, a día de hoy, es la zona elegida por la mayoría de los VIPS como Thibault Courtois, Manuel Carrasco o Melendi que quieren alejarse del estrés mediático que se agolpa a las puertas de otros espacios residenciales del estilo como La Moraleja o La Finca.

En su día ya fue el lugar escogido por estrellas del Real Madrid como Guti, Raúl, Roberto Carlos y Zidane, no solo por ofrecer la discreción y privacidad que deseaban con un sistema de seguridad propio, sino por contar con todos los servicios que necesitaban sin necesidad de alejarse de la periferia de Madrid: un club social con tres piscinas, un colegio de élite y hasta una iglesia. Según el censo del municipio –que es el segundo con la renta per cápita más alta de la ciudad–, actualmente, están construidas alrededor de 750 chalets en los que viven alrededor de 2400 personas.

La mayoría de ellos están construidos en terrenos privados individuales –por lo que no hay viviendas adosadas– de alrededor de 3.000 metros cuadrados de extensión, aunque las casas no suelen superar los 700 metros cuadrados de media. Lo que no suele variar es el precio por el que adquirir la propiedad: entre 3 y 4 millones de euros.

A día de hoy se desconoce por cuánto adquirió el luchador –que lleva invicto 17 combates– la propiedad, pero, tal y como se puede ver en un vídeo publicado junto a Tomás Laso, Ilia Topuria ha hecho suya la propiedad. Aunque ha conservado las líneas puras, sencillas y modernas de gran parte de la vivienda, también ha llevado a cabo distintas mejoras como un gimnasio con ring, así como sala de musculación y rehabilitación, en el que incluso ha entrenado con Pablo Motos, uno de sus grandes amigos.

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