27 de mayo de 2022

Enfermos de polio

La poliomielitis afectó, aproximadamente, a más de 20.000 personas en España entre los años 1950 y 1963EFE

Una epidemia que azotó el país 

La victoria de la sanidad española contra la polio

Cuando la vacuna se generalizó en España, a los ocho años de su descubrimiento, había 12.000 niños afectados y alrededor de 2.000 muertos

El mirar el pasado con los ojos del presente, utilizarlo como excusa o instrumento político no es algo nuevo. Hace más de 60 años que «la polio» fue, afortunadamente, vencida en España. Una enfermedad que postró en una silla de ruedas al presidente norteamericano Roosevelt y que provocó la muerte y dejó enormes secuelas en muchos niños españoles, entre ellos algunos de mi generación (mi amigo Rafa hijo de militar, la hermana de Cristina hija de un multimillonario empresario vasco socio de Huarte...). Hasta 1964, cuando la vacuna se generalizó en España, a los ocho años de su descubrimiento, había 12.000 niños afectados y alrededor de 2.000 muertos.
En los años 50 España salía, lentamente, de una doble posguerra, la de nuestra Guerra Civil y la que, sin combatir, le afectó de forma terrible como consecuencia del final de la Segunda Guerra Mundial. Hasta 1955 el régimen de Franco no logró romper el bloqueo internacional que acogotaba a todos los españoles mediante la entrada en la ONU.
Cuando se pudo empezar a combatir la polio, una enfermedad antigua sin cura, España había logrado reducir a lo largo del siglo XX de manera muy exitosa la mortalidad infantil.
La batalla contra la enfermedad fue posible gracias a dos investigadores: el norteamericano Jonas Salk –que en 1955 tenía ya una vacuna inyectable que necesitaba tres dosis– y el polaco-estadounidense Albert Sabin –que perfeccionó la suya en 1958 y que se daba a los niños echando unas gotas sobre un terrón de azúcar–.
Durante la posguerra española y mundial, el poliovirus hizo estragos. Cuando Jonas Salk, neoyorquino de una modesta familia inmigrante ruso-judía, tras siete años de trabajo y con más de un millón de pruebas en niños entre los que se encontraban sus propios hijos, anunció el 12 de abril de 1955 que su vacuna funcionaba y era segura fue un día casi de fiesta mundial.

Respuesta lenta y tardía

A finales de 1957 la prensa española llevaba en titulares «Canadá envía la vacuna Salk a España» (ABC, 6-9-1957), «Llega a España la primera partida de vacuna contra la poliomielitis» (La Vanguardia, 27-11-1957), «Se inicia en Madrid la vacunación voluntaria contra la poliomielitis» (La Vanguardia, 29-12-1957). La vacuna empezó a ser administrada en la Escuela Nacional de Puericultura dirigida por el pediatra Juan Bosch Marín.
El semanario Blanco y Negro, bajo el título «No hay epidemia de polio, pero debe usted vacunar a sus hijos», dedicaba un amplio reportaje en 1958 a la inmunización con vacuna Salk, recogiendo la opinión del especialista Bosch.
La respuesta española a la vacunación fue lenta y tardía. Las autoridades sanitarias no fueron plenamente conscientes de una realidad epidemiológica que alcanzó en el sexenio de 1958-1963 a una media de 2.000 casos infectados y 200 fallecidos anuales, con un pico de 2.132 casos en 1959. Un numéricamente grande pero pequeño grupo de niños españoles que se vio afectado a pesar de existir la vacuna de Salk disponible en España desde 1957.
La gravedad de la enfermedad alertó a los servicios sanitarios españoles que en 1957 empezaron a importar pulmones de acero, crearon centros de reeducación de pacientes con poliomielitis y comenzaron a desarrollar una primera política de vacunación con la Salk.

Las cifras de enfermos y muertos, para ponerlas en contexto, nos llevan a la historia comparada: en la actualidad en España hay entre 130.00 y 160.00 enfermos de Sida –de los que ahora nadie habla– y de una enfermedad tan antigua como la tuberculosis en 1990 se habían contagiado 9.363 enfermos. En España hubo en total, en el periodo anterior a la extensión de la vacuna, 12.000 enfermos de poliomelitis y dos millares de muertos.
El Seguro Obligatorio de Enfermedad (SOE), dependiente del ministerio de Trabajo, tomó la iniciativa política de emprender una campaña nacional de inmunización gratuita contra la poliomielitis, dirigida a los hijos de todos los trabajadores españoles (BOE, 1-1-1963). La respuesta del Ministerio de Gobernación fue inmediata (BOE, 30-1-1963), emitiendo una orden con normas sobre las «facultades en Medicina Preventiva de la DGS (Dirección General de Seguridad) y abogando, en sintonía con la OMS (Organización Mundial de la Salud), por el empleo de la nueva vacuna de virus vivo tipo Sabin por vía bucal de más largo efecto inmunizador» en todos los españoles.
Se ha escrito que en esta sucesión de BOE subyacía una lucha entre los ministerios de Gobernación y de Trabajos por el control de la sanidad pública (no existía un ministerio de Sanidad), una supuesta lucha entre los católicos militares de Gobernación y los falangistas de Trabajo. En el noveno gobierno de Franco los ministros responsables de la vacunación, Gobernación y Trabajo, eran el general Camilo Alonso Vega y el letrado del Consejo de Estado Jesús Romeo Gorría, un militar y un técnico respectivamente.
La puesta en marcha de la campaña del SOE y el anuncio de la liderada por la DGS se produjo en paralelo a la disputa entre los médicos españoles partidarios de una de las dos vacunas antipoliomielitis. Se inició una contienda académica entre los partidarios de cada una de ellas, que se libró en escenarios como la RANM, la ENS, la Sociedad de Pediatría de Madrid y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Finalmente venció la vacuna de Sabin, la del terrón de azúcar, por su mayor facilidad de aplicación. Una sola dosis y enorme eficacia.
El ministerio del Interior, la DGS, estableció tres clases de receptores para las tres dosis de vacuna Salk necesarias: beneficencia (gratuita), débiles económicos (3 pesetas la dosis) y pudientes (9 pesetas por dosis). Mientras tanto la idea de utilizar la vacuna Sabin iba calando y aparecía en noticias de prensa: «España prepara una vacuna antipolio con virus vivos, por vía bucal, que podrá administrase en forma de terrones de azúcar, caramelos o cucharaditas. La DGS va a instalar un laboratorio en el que será preparada esta vacuna, que es inofensiva, no produce reacción y confiere absoluta inmunidad» (La Vanguardia, 20-3-1962).

La DGS proyectó crear laboratorios nacionales para fabricar las vacunas pero se desechó el proyecto por falta de recursos.
El año 1963 comenzó la campaña de vacunación Salk: «El SOE aplicará gratuitamente la vacuna a los niños menores de siete años» (ABC, 5-1-1963). La campaña dio comienzo el 22 de enero en Madrid y se extendió a toda España a finales del mismo mes.
En la primavera del 63 se inicia una prueba piloto en León y Lugo y en noviembre arranca una extensa campaña nacional, que lograba vacunar contra la polio al 98 % de la población diana. Los resultados fueron inmediatos: de 1.770 casos anuales entre 1960 y 1963 se bajó a solo 18 en 1965. Las primeras campañas de vacunación fueron un éxito. En 1975 la polio, cuando moría Franco, estaba totalmente vencida.
En las últimas semanas la prensa 'progresista' ha desatado una campaña mediática para criminalizar la vacunación contra la poliomielitis durante el tardofranquismo. Una vez más el pasado sirve para intentar justificar los fracasos del presente con la consabida frase de «y tu más». Si comparamos los 2.000 muertos de la polio con los más de 120.000 del COVID-19 actuales, estos últimos fallecidos en la España del siglo XXI, infinitamente más rica, con más recursos sanitarios, con más cultura, enormes medios de difusión... ¡mejor no hacer comparaciones!
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