02 de julio de 2022

Muerte de Juan de Escobedo por Lorenzo Vallés

Muerte de Juan de Escobedo por Lorenzo Vallés

Juan de Idiáquez, el indispensable maestro de espías de Felipe II

Dirigió el espionaje español durante 20 años, como secretario de Estado y desde la Junta de Gobierno del monarca

Durante el reinado de Felipe II, Juan de Idiáquez, secretario de Estado y, máximo responsable de las tareas de inteligencia de la Monarquía Hispana, fue el maestro de espías de la época. Dirigió el espionaje español durante 20 años, como secretario de Estado y desde la Junta de Gobierno del monarca. Además de tener grandes dotes como diplomático, espía y político, Idiáquez fue un auténtico hombre del Renacimiento: escritor, conocedor de varias lenguas y mecenas de escritores y artistas.

Infancia

Nacido en Madrid en 1540, Juan de Idiáquez era hijo de Alonso de Idiáquez y Yurramendi, consejero de Estado y secretario privado de Carlos I, y de Gracia Pérez de Herviete y Olazábal, vecinos de San Sebastián. Se crio en la corte como menino al servicio de don Carlos, primogénito del Rey Felipe II y de su mujer María, infanta de Portugal. A los siete años, su padre y ocho de sus acompañantes fueron asesinados al cruzar el río Elba en Sajonia, un asesinato político ordenado por el Rey francés Francisco I para impedir que el secretario del Emperador Carlos negociara la boda del entonces príncipe heredero Felipe con la princesa de Béarn.
En 1563 contrajo matrimonio con Mencía Manrique de Mújica, que murió en el parto de su único hijo, Alonso de Idiáquez, que también tuvo una destacada carrera militar al servicio de España, llegando a alcanzar los cargos de secretario de Estado, virrey de Navarra y capitán general de Guipúzcoa, además de los títulos de conde de Aramayona y duque de Ciudad Real.

De embajada en embajada

Consciente de sus excelentes cualidades diplomáticas, en 1573 Felipe II lo nombró embajador en Génova, donde sus buenos oficios calmaron la contienda civil entre la vieja nobleza proespañola, los Doria y los Spínola, y la vendida a los intereses del francés. En 1576, para pacificar la ciudad hizo aprobar 61 leyes civiles y veinticuatro criminales para su buen gobierno. Leyes ordenadas y aplicadas por el embajador Juan de Idiáquez, junto con el cardenal Juan Morón, obispo de Ostia y legado del Papa Gregorio XIII, y Carlos de Borja, duque de Gandía. Desde 1576 había compartido la dirección de esta embajada con Pedro de Mendoza. Allí inició una red de informadores como era habitual en las embajadas. Y sigue siéndolo.
Tras este éxito, el Rey le nombró embajador en Venecia, puesto que ocupó entre 1578 y 1579, sucediendo en el cargo a Diego Guzmán de Silva, canónigo de la iglesia de Toledo. Potenció una red de confidentes. Durante esta embajada, como premio, su señor natural le otorgó la encomienda de Penausende (Zamora), de la Orden de Santiago.

Secretario de Estado

Fue designado embajador en Francia pero cuando aún no había tomado posesión del cargo en París, el Rey Felipe II, a instancias del cardenal Antoine Granvela, le nombró secretario de Estado en sustitución del infame Antonio Pérez, cargo que ocupó durante diez años. Asimismo, sus parientes Francisco y Martín de Idiáquez asumieron la dirección de las secretarías de Estado de Italia y de los asuntos del norte de Europa.
En 1587, debido a problemas de salud, Juan de Idiáquez pidió a Felipe II el relevo como secretario real, aunque siguió manejando los principales asuntos de la política exterior y, por tanto, del servicio secreto hispano desde dos Juntas de Gobierno: la primera, la llamada «Junta Grande», y la segunda, la influyente «Junta de Noche», llamada así porque en ella se reunían a hora avanzada un reducido grupo de hombres de confianza del Rey para tratar materias de gobierno. Entre sus miembros se encontraban (además de Idiáquez) Juan de Zúñiga, Mateo Vázquez, el conde de Chinchón y Cristóbal de Moura.
Por esas fechas, como consejero de Guerra también intervino activamente en los preparativos de la malograda expedición de la Gran Armada, destinada a proteger el desembarco de los tercios de Alejandro Farnesio en Inglaterra. En 1588, Idiáquez participó en la Junta formada por Felipe II que nombró al duque de Medina Sidonia como máximo responsable militar de la Armada. Nadie es perfecto.

Información y poder

Jefe real del espionaje español con Felipe II, Idiáquez concentró un enorme poder en sus manos. Llegó a controlar, además, las secretarías de Estado de Italia y Europa del Norte hasta 1587, y continuó coordinándolas de hecho hasta 1598, ya que sus parientes Francisco y Martín de Idiáquez actuaban a sus órdenes.
El entendimiento entre Juan de Idiáquez y Felipe II en asuntos de Estado era integral. El monarca lo consideraba indispensable por ser leal y discreto. Por ello lo colmó de honores y mercedes, y, conocedor de las necesidades económicas de Idiáquez, le otorgó el título de comendador mayor de León, cargo destacado en la Orden de Santiago, que le aseguraría importantes rentas de por vida.
En 1593, cuando se acercaba la muerte de Felipe II, la Junta de Noche pasó a ser Junta de Gobierno y Juan de Idiáquez participó activamente en su dirección, siempre en estrecha relación con el monarca. De hecho, en marzo de 1594, fue uno de los siete testigos del testamento del Rey, y un año después participó decisivamente en la reforma del castillo donostiarra de La Mota, de importancia estratégica para la defensa de San Sebastián.

Con Felipe III

A la muerte de Felipe II en 1598, Idiáquez portó el féretro del monarca junto con varios Grandes de España. El sucesor, Felipe III, siguió contando en todo con el hábil consejero, que mantuvo una posición relevante en la corte. Presidió el Consejo de Órdenes Militares, asumió el título de preboste de la villa de Bilbao y tomó posesión de la merindad de Uribe, en Vizcaya.
Pese al fulgurante ascenso del duque de Lerma en el favor real, Idiáquez siguió aconsejando a Felipe III en cuestiones cruciales, lo que le obligó a intervenir en diversos asuntos relacionados con la República de Venecia (1607), con la posibilidad de una tregua con los insurrectos holandeses o la creación de una asamblea para la reforma del Consejo de Portugal, junto a Rodrigo Calderón, Fernando Matos y Cristóbal de Moura, el principal consejero en asuntos portugueses.
A los 73 años, Idiáquez pidió a Felipe III que le relevara de las tareas de Estado. El maestro de la inteligencia hispana sufría de gota y otras enfermedades, pero el Rey rechazó la petición. En 1614, cuando acompañaba al rey a la ciudad de Lerma, el secretario se sintió morir, el Rey le autorizó a trasladarse a Segovia, donde falleció en brazos de su sobrino, el obispo Antonio de Idiáquez, el 12 de octubre.
«Tenía gran claridad de ingenio, mucha prudencia, grave elocuencia y profundo silencio», resume Esteban de Garibay, historiador contemporáneo de Idiáquez.
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