13 de agosto de 2022

El embajador alemán en Madrid, Hans Heinrich Dieckhoff (segundo desde la izquierda) y el ministro español de Educación José Ibáñez Martín (primero desde la izquierda) visitan las salas del recién reabierto Museo del Prado

El embajador alemán en Madrid, Hans Heinrich Dieckhoff, y el ministro español de Educación, José Ibáñez Martín (primero desde la izquierda), visitan las salas del recién reabierto Museo del Prado

El CSIC y la recuperación de la vida cultural española

El eco internacional que se conseguía sobre el fuerte compromiso contraído por España en la investigación científica, mejoraba notablemente su imagen exterior

Después de la Guerra Civil, la vida cultural española había desaparecido y tenía que volver a recobrar su dinamismo. El ministro de Educación Nacional, José Ibáñez Martín, fundó el 24 de noviembre de 1939 el CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas) que debía favorecer un clima que permitiese la recuperación cultural y científica de la que España siempre había gozado, aunque con un profundo atraso durante todo el siglo XIX, salvo alguna excepción. El nuevo organismo, tomando los restos de la JAE (Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas), no dispuso del apoyo y los recursos necesarios para desarrollar una política científica y fue eliminado el carácter caritativo que había tenido con los gobiernos liberales. El organigrama de la nueva institución descrita en el BOE de 17 de febrero de 1940 da magnitud de su potencialidad en ocho Patronatos y Juntas, que agrupaba a 22 Centros investigadores, denominados con los nombres de los más sobresalientes españoles de cada materia.

La vuelta de los intelectuales

En el CSIC se publicó un gran número de revistas y monografías, que por su carácter académico estaban exentas de censura. En torno a ellas se reunió lo más florido de la intelectualidad española superviviente. Entre las primeras obras que aparecieron estaba Medicina e historia, de Pedro Laín Entralgo; El Atlántico y el Mediterráneo en la empresa política española, de Carmelo Viñas; Carlos V y sus banqueros, de Ramón Carande; Lecciones para una filosofía de la Historia de España, de Manuel García Morente; Shakespeare, de Luís Astrana; Las peregrinaciones a Santiago, de Lacarra, Uría y Vázquez de Parga; y Poesía árabe y poesía española, de Ramón Menéndez Pidal. Entre ellos se podían encontrar a contrarios al régimen, como el rehabilitado Carande o conversos al catolicismo como el orteguiano, García Morente, quien en su viudez llegó a ordenarse sacerdote.
Menéndez Pidal, Azorín y Marañón, los tres exiliados en París, 1939

Menéndez Pidal, Azorín y Marañón, los tres exiliados en París, 1939Fundación Ramón Menéndez Pidal

En el campo científico, el secretario general del CSIC, José María Albareda, doctor en Farmacia y en Química, congregó a gran parte de los hombres formados en el antiguo Instituto Cajal, sin preocuparse de sus antecedentes políticos, para poder formar la base de los futuros científicos. Durante la guerra, muchos habían huido por la represión republicana; al final del conflicto, huyeron aquellos que habían mantenido su lealtad al régimen que naufragaba, y al final, otros escaparon por su compromiso con el Frente Popular. La misión de José María Albareda fue intentar el regreso del mayor número de talentos posibles para recomponer los cuadros necesarios.
La invitación a visitar España a prominentes profesores, incluso durante el conflicto mundial, fue una labor sacrificada y relevante. Según nos describe Alfonso Carrascosa en su monografía, consultando las memorias del CSIC, se descubre a varios premios nobel como Sir Alexander Fleming, Theodor Svedberg, Edgar DonAdrian, P. Debye, Sir Howard Florey, Otto Hahn, Karl Heisenberg, Sir George P. Thomson, Selman Waskman, Arbne Tiselius, Alexander R. Todd y Sir Cyril Norman H. Hinshelwood. El eco internacional que se conseguía sobre el fuerte compromiso contraído por España en la investigación científica, mejoraba notablemente su imagen exterior. A nivel presupuestario, el CSIC gozó durante la España de la postguerra de una financiación que no había tenido la JAE en las décadas anteriores.

Después del periodo de guerras

En el resto de los campos de las Artes, el clima de paz fue favoreciendo el retorno al trabajo de muchos intelectuales y artistas. En 1941, el maestro Joaquín Rodrigo estrenaba El concierto de Aranjuez y Cristobal Halffter La rapsodia portuguesa. En el teatro triunfaba Enrique Jardiel Poncela con Los ladrones somos gente honrada. En el cine, aparecían películas como Boda en Castilla, Raza, Harka, Escuadrilla, Goyescas y El escándalo. Que no resultaban propagandísticas con respecto a términos políticos, sino que se centraban más en la divulgación de valores castrenses y religiosos. En el caso concreto de Raza, el guionista que se ocultaba bajo el pseudónimo de Jaime de Andrade era el propio Franco. La película fue censurada en Alemania porque tenía connotaciones excesivamente religiosas para la mentalidad germana.

El mundo cultural volvía a desarrollarse, conseguida la ansiada paz, pero manteniendo su propia autonomía

En el campo de la literatura, se inició una recuperación a través de La familia de Pascual Duarte del joven gallego Camilo José Cela, y La fiel infantería del navarro Rafael García Serrano. En definitiva, el mundo cultural volvía a desarrollarse, conseguida la ansiada paz, pero manteniendo su propia autonomía. Las cátedras de universidad se fueron poblando por oposición, y los tribunales estaban formados por figuras de la materia. Pero las filias y las fobias entre los candidatos se produjeron por las afinidades a las diversas escuelas académicas, que escondían las particularidades políticas. La universidad española se fue recuperando de sus fuertes pérdidas en su claustro de profesores, por las depuraciones iniciadas por las autoridades republicanas. La desconocida depuración frentepopulista sobre el magisterio español, afectó a 6.500 maestros y personal anejo, entre ellos a 213 profesores universitarios., cómo Gregorio Marañón, Miguel de Unamuno, María de Maeztu, Lorenzo Luzuriaga, José Ortega y Gasset.
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