19 de agosto de 2022

La muerte de Fébus, Chroniques de Froissart, Londres

La muerte de Fébus

Picotazos de historia

Intentando matar a su cuñado, Carlos II consigue que maten a su sobrino

Gastón III mató accidentalmente a su propio hijo, pero todos culpaban al Rey de Navarra por lo sucedido

Continuo con la historia de Carlos II de Navarra y su cuñado Gastón III Febo.
Doña Inés jamás volvió a la corte de su marido, así que el pequeño Gastón se crio sin su madre, aunque se le permitía pasar temporadas en la corte de Navarra y visitarla siempre que quisiera. El joven creció con la buena planta y la belleza de sus progenitores y le buscaron un enlace adecuado a las expectativas políticas que tenía el conde de Foix: le casaron con Beatriz de Armagnac, hija del conde del mismo nombre con idea de poner fin a los enfrentamientos entre las dos casas.
El joven Gastón llevó a su esposa a la corte navarra para presentarla a su madre. Durante el tiempo que estuvo allí habló largamente con su tío. Una noche Carlos II le confió a Gastón que estaba muy preocupado por la ruptura entre sus padres y que, meditando mucho sobre ello, había encontrado el remedio. Ante este comentario el joven preguntó a su tío qué se le había ocurrido. Carlos II le explicó que había encargado una fórmula que haría que su padre no deseara otra cosa más que volver con su madre, para ello bastaba con ponerle el compuesto en sus alimentos pero, insistió, era muy importante que se mantuviera todo en secreto ya que así la formula trabajaría mejor. El joven Gastón –que estaba claro que no conocía a su tío para nada– volvió a Orthez, donde su padre tenía su corte, dispuesto a conseguir la reconciliación de sus padres.
Aunque Gastón fue el único heredero legítimo, tenía varios hermanos –«hermanos o hijos de la ganancia» se les llamaba entonces– que se habían criado con él. De entre todos, con el que mejor se llevaba era con Yvain –quien moriría, años después abrasado en el Bal des Ardents–. Este notó que el comportamiento de Gastón había cambiado y entró en sospechas al descubrir que guardaba una pequeña bolsa con unos polvos extraños. Confió a su padre las sospechas y este, que conocía muy bien lo taimado que su cuñado podía ser, durante la cena hizo que Gastón entregara la bolsa. Puso un poco de los polvos en un trozo de ave y se lo dio a comer a uno de sus perros: el animal la palmó delante de todos.
El joven Gastón fue encerrado en una habitación, más para protegerlo de la furia de su padre que por otro motivo, pero quedó muy afectado al darse cuenta de como había sido manipulado y lo cerca que había estado de matar a su padre. Entró en profunda depresión –entonces lo llamaban melancolía– y renunció a ingerir alimento alguno. El conde de Foix, que seguía enfadado como un mono, al enterarse que su hijo se negaba a comer, se presentó en su habitación.
–«Traidor, cómo es que te niegas a comer» –le gritó mientras le cogía del cuello. Después abandonó el cuarto sin decir una palabra.
Gastón III Febo se estaba arreglando la uñas cuando le notificaron que su hijo no quería comer y estaba muy débil. Con el enfado se olvido del pequeño, muy pequeño pero muy afilado cuchillo que estaba usando, y que seguía teniendo entre los dedos. Al agarrar a su hijo del pescuezo, la diminuta hoja produjo una ligera herida. La mala suerte hizo que esa pequeña herida cortara una de las arterias del cuello.
Froissart concluye que Gastón III mató accidentalmente a su propio hijo, pero que todos culpaban al Rey de Navarra por lo sucedido.
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