01 de julio de 2022

Arresto de Carlos de Navarra en el Castillo de Ruan

Arresto de Carlos de Navarra en el Castillo de Ruan

Picotazos de historia

Carlos II arruinó el matrimonio de su hermana y estafó a su cuñado por dinero

Jean de Froissart en sus Crónicas nos ilustra sobre por qué a Carlos II de Navarra se le conoció en vida como El Malo

Jean de Froissart (1337-1404) nos dejó unas deliciosas Crónicas que, junto con una importante información de la Guerra de los Cien Años, nos legó una viva descripción de los personajes y costumbres de la Europa medieval. De su obra saco dos historias que nos ilustran el por qué a Carlos II de Navarra se le conoció en vida como El Malo. Allá va la primera.
El Rey de Navarra había casado a sus hermanas juiciosamente: una fue Reina de Francia (aunque por poco tiempo), otra casó con Pedro IV de Aragón y la tercera, Inés, con el poderoso Gastón III, conde de Foix y vizconde de Bearn, a quien llamaban Febos. Inés casó con el conde en 1349 y años después había dado a luz a un varón a quien llamaron Gastón, como su padre. Es en ese momento, pocos meses después del alumbramiento, que el conde de Foix se encontró frente a un dilema que le había planteado su cuñado.
La casa de Foix mantenía una enemistad con las poderosas casas francesas de Albret y Armangac desde largo tiempo y, en uno de los muchos enfrentamientos, había caído prisionero Armaud, hijo del señor de Albret, cuyo rescate se había fijado en 50.000 francos (Froissart habla de francos, moneda que había surgido en Francia el año anterior a los hechos que relato, esto es en 1360). Pues bien, Carlos II se había ofrecido como avalista del prisionero. Esto era una práctica muy normal, el problema estaba en que Gastón III no se fiaba de su cuñado, quien para entonces tenía una fama bastante mala. Inmediatamente saltó la hermana en defensa de Carlos y le convenció con el argumento de que él (Gastón) todavía le debía a ella (Inés) precisamente esa cifra de su contrato de arras matrimoniales. Cedió Gastón, aunque de muy mala gana.
Pasó el tiempo y como no había noticias, el de Foix pidió explicaciones al señor de Albret. «El dinero fue puntualmente entregado al avalista: el Rey de Navarra». Gastón estalló y envió a su mujer a la corte navarra con el encargo de reclamar y llevar el dinero del rescate. La pobre Inés abandonó su hogar para cumplir el encargo y cuando se encontró frente a su hermano le reprochó lo sucedido.
–«Mi querida hermana, el dinero es tuyo ya que es el que te adeudaba tu marido por las arras matrimoniales. Eso si, ese dinero no abandonará Navarra mientras yo sea Rey».
–«Pero yo no puedo volver sin el dinero, –respondió la desconsolada Inés– mi marido pensará que me conjuré para engañarle».
–«Yo no soy quien para decirte lo que debes o no hacer –respondió Carlos con toda calma–, puedes quedarte o volver. Pero ese dinero lo conservo en tu nombre y de aquí no sale».
Así Carlos II se cargó el matrimonio de su hermana. Pero esta historia no termina aquí. Continuará en otro picotazo.
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