12 de agosto de 2022

Cuadro de Joaquín Sorolla que representa el alzamiento del pueblo valenciano contra la invasión francesa

«El crit del palleter». Cuadro de Joaquín Sorolla

Cuatro canciones que se convirtieron en himnos revolucionarios

Al igual que La Marsellesa fue la banda sonora de una de las revoluciones más trascendentales de la historia, desde El Debate recogemos las historias de algunas canciones que pasaron a ser himnos revolucionarios

Corre el año 1792, se cumplen tres años desde que la Revolución estalló en Francia sumiendo al país en una enorme crisis política. Se avecinaba una guerra con la Austria de Leopoldo II, hermano de la reina francesa María Antonieta por lo que el alcalde de Estrasburgo convocó a varios oficiales para levantar la moral de las tropas con iniciativas como componer un himno patriótico para el ejército del Rhin.
Sería Joseph Rouget de Lisle quien pondría música y letra al himno que resonaría por todo el país. Al grito de: «¡A las armas, ciudadanos! ¡Formad vuestros batallones! ¡Marchemos, marchemos! ¡Que una sangre impura inunde nuestros surcos!», las tropas marsellesas marcharían a París en su defensa. Y es que la música es un indudable acompañante de las revoluciones.
La Marsellesa fue la banda sonora de una de las revoluciones más trascendentales de la historia. Desde El Debate recogemos las historias de cuatro canciones que pasaron a ser himnos revolucionarios.

Bella Ciao

«Una mattina mi son svegliato» cantaban El Profesor y Berlín en una de las escenas más recordadas de la exitosa serie La casa de papel. Con un ritmo nuevo, los personajes de esta serie volvían a poner en boca de todos el himno antifascista que se popularizó durante la Segunda Guerra Mundial por ser uno de los cánticos que entonaban los miembros de la Resistencia partisana contra el fascismo de Benito Mussolini y las tropas nazis que ocupaban parte de Italia.
Los partisanos eran guerrilleras antifascistas de diversas tendencias políticas desde comunistas o anarquistas, principalmente, hasta cristianos o liberales. Estos guerrilleros tenían diversas canciones para alentar su ánimo en el transcurso de la guerra. La más popular fue Fischia il vento con un tono mucho más antifascista que la canción que nos ocupa. En los últimos años de la contienda mundial, el Bella Ciao empezó a escucharse entre algunos guerrilleros en la región de Emilia Romana, entre los Apeninos boloñeses.
La letra es fuente de inspiración para aquellos que emprenden una lucha contra la opresión. La canción alcanzó una gran difusión en la década de los 60 cuando era escuchada en las manifestaciones obreras y estudiantiles de 1968 y también protagonizó el panorama cultural del gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular en Chile.

La Varsoviana / ¡A las barricadas!

El origen de la canción polaca La Varshavianka o La Varsoviana se remonta a la primera mitad del siglo XIX, cuando el poeta socialista y dirigente sindical polaco Wacław Święcicki puso letra en 1883 a La Marcha de los Zuavos, un tema de autor anónimo mientras permanecía en la prisión en Varsovia. Rápidamente, la canción fue adoptada por los círculos obreros de la región que fue entonada por primera vez en la manifestación obrera del 2 de marzo de 1885.
En 1897 fue traducida al ruso y en 1902 se incluyó en la colección de Canciones de la Revolución que publicó Iskra, el periódico del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso. Y poco tiempo después se hizo masiva durante las jornadas revolucionarias de 1905 y por supuesto también en 1917.
Sin embargo, su expansión a nivel mundial se dio durante la guerra civil española tras ser adaptada por Valeriano Orobón Fernández en una partitura de 1933 que se publicó con el nombre de ¡Marcha triunfal! aunque es más conocida por su subtítulo ¡A las barricadas! En agosto de 1936 acabaría convirtiéndose en el himno de la anarcosindicalista CNT.

La Internacional

Es considerada como el himno de los trabajadores del mundo entero. La Internacional es un tema que simboliza las luchas y los anhelos de los trabajadores siendo cantada en las celebraciones del primero de mayo en gran parte del mundo. La letra y la música corre a cargo de dos obreros franceses: Eugène Pottier escribió el poema y Pierre Degeyter compuso la música.
Pottier, un revolucionario consecuente que participó en la revolución francesa de 1848, escribió la letra durante los días de la Comuna de París de la que era miembro. En julio de 1888 se interpretó por primera vez por el coro del partido la Lyre des Travailleurs (Lira de los Trabajadores), en un acto de la Junta Sindical de vendedores de periódicos.
La Segunda Internacional (organización por los partidos socialistas y laborista que deseaban coordinar sus actividades) adoptó y popularizó en la década de 1890 y en su Congreso de Copenhague de 1910 la designó oficialmente como uno de sus símbolos más importantes. En 1919, Lenin la convirtió en la canción de la Tercera Internacional y fue himno de la Unión Soviética hasta 1944, año en que Stalin decidió reemplazarla por un himno patriótico. La IV Internacional es la que ha recogido su tradición y la entona en todos sus actos importantes.

El pueblo unido jamás será vencido

Tomada como bandera y puño en alto para el pueblo chileno, El pueblo unido jamás será vencido era cantado por decenas de miles de personas en Santiago de Chile en 2019 contra Sebastián Piñera, presidente en aquel entonces del país. La Plaza Italia, el principal lugar de reunión de las manifestaciones en Chile se inundaba con voces que entonaban esta simbólica canción que más tarde se convertiría en un emblema de lucha y resistencia.
Fue el compositor y pianista chileno Sergio Ortega quien marcó los compases de las marchas, cacerolazos, paros y multitudinarias protestas que protagonizaron el año 1973 debido a la situación política del gobierno de la Unidad Popular liderada por Salvador Allende. «La situación política chilena era grave. Ante esto, ¿qué podíamos hacer nosotros? Pensamos que responder a través de una canción que reflejara un espíritu mayoritario y pacífico era lo correcto», explicó el percusionista del grupo Quilapayún, Carlos Quezada en una entrevista. Además confesaba que todos los involucrados en la canción sentían la gran responsabilidad de concienciar a la gente con su música para «evitar el infierno» que llegaría con el golpe de Estado en septiembre de ese mismo año.
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