12 de agosto de 2022

Emma Goldman

Emma Goldman

Goldman, la judía anarquista que no odiaba al hombre

Goldman nunca habla del sexo masculino como opresor identificando la opresión con el poder del Estado y la forma de producción capitalista. Abogó por una heterosexualidad saludable

Emma Goldman (27 de junio de 1869, Kaunas, Imperio ruso – 14 de mayo de 1940, Toronto, Canadá) fue una anarquista y escritora, apodada «la mujer más peligrosa de América».
Hija de Taube Bienowitch y de Abraham Goldman, sus padres eran judíos ortodoxos, tuvo dos hermanastras, Helena y Lena, del primer matrimonio de su madre, y tres hermanos, ella fue la primogénita de Abraham, nacida el 27 de junio de 1869, en Lituania, entonces parte del Imperio ruso. Cuando Goldman contaba 13 años, su familia se mudó a San Petersburgo donde vivió la mayor parte de la persecución judía.

Emigración a los Estados Unidos

Emigró a los Estados Unidos con una hermanastra, Helena, tras el enfrentamiento con su padre, que quería casarla a los 15 años, llegando al puerto de Nueva York en 1885. La ejecución en la horca de cuatro anarquistas a consecuencia de la revuelta de Haymarket, de donde nació el mito de los mártires de Chicago, la animó en su juventud a unirse al movimiento anarquista y a convertirse, a sus 20 años, en una ferviente revolucionaria. En esa época se casó con un emigrante ruso. El matrimonio apenas duró diez meses, Emma se separó y se fue a Nueva York aunque no se divorció para conservar su ciudadanía estadounidense.

Goldman participó y organizó protestas, huelgas, mítines, incluyendo un intento de asesinar al empresario Henry Clay Frick en 1893

Goldman instó a los trabajadores desempleados a tomar medidas directas en lugar de depender de la caridad o la ayuda del gobierno

Goldman instó a los trabajadores desempleados a tomar medidas directas en lugar de depender de la caridad o la ayuda del gobiernoWikimedia Commons

En esa misma época, se unió a un grupo ácrata donde conoció a Alexander Berkman, lituano hijo de un judío adinerado, quien fue su mentor para desarrollar su papel de propagandista, oradora, y escritora. Goldman participó y organizó protestas, huelgas, mítines, incluyendo un intento de asesinar al empresario Henry Clay Frick en 1893; que había contratado a la Agencia Nacional de Detectives Pinkerton, que provocó sesenta heridos y diez muertos.
Goldman fue encarcelada ese año en la penitenciaria de las islas Blackwell. Públicamente instigó a los obreros en paro a «pedid trabajo; si no os lo dan, pedid pan, y si no os dan ni pan ni trabajo, coged el pan». Era una llamada a la acción directa. Voltairine de Cleyre salió en defensa de Emma Goldman tras su apresamiento: «La señorita Goldman es una comunista; yo soy una individualista. Ella desea destruir el derecho de propiedad, yo deseo hacerlo valer (…) Pero el espíritu que anima a Emma Goldman es el único que emancipa al esclavo de su esclavitud, al tirano de su tiranía». En prisión, Goldman desarrolló un profundo interés por la educación de los niños, empeño en el que se involucró años más tarde.
Prisión de Blackwell's Island en 1853, donde Emma Goldman estuvo de 1893 a 1894

Prisión de Blackwell's Island en 1853, donde Emma Goldman estuvo de 1893 a 1894

Tuvo muchos problemas con el gobierno estadounidense debido a su actividad revolucionaria, defendiendo la libertad sexual, la distribución de preservativos y la divulgación del pensamiento tanto feminista como anarquista, lo cual la llevó a estar encarcelada en distintas ocasiones. Fue acusada de agitadora en 1893 y volvió a ser presa ese mismo año por difundir la contracepción.
Junto con nueve personas más fue de nuevo arrestada el 10 de septiembre de 1901 por su supuesta participación en el asesinato del presidente William McKinley. Uno de su grupo, León Czolgosz, de origen polaco, le había disparado pocos días antes. Sus últimas palabras en la silla eléctrica fueron: «Yo maté al presidente porque era un enemigo de la gente buena, los buenos trabajadores. No siento remordimiento por mi crimen». Se declaró seguidor de Alexander Berkman y Emma Goldman, quien al ser arrestada dijo: «¿Tengo yo la culpa de que un loco haga una mala interpretación de mis palabras?».
Fotografía de Emma Goldman y Alexander Berkman, tomada en 1917

Fotografía de Emma Goldman y Alexander Berkman, tomada en 1917

El 11 de febrero de 1916, por la distribución de un manifiesto en favor de la anticoncepción, Goldman fue detenida y encarcelada junto con el médico Ben Lewis Reitman, también de origen judío, con quien se emparejó de 1908 a 1917 como cuenta ella en su autobiografía Viviendo mi vida. Rompieron por la promiscuidad de Reitman, que practicaba el amor libre y dejó media docena de hijos.

Expulsada a la URSS

En 1917, y por cuarta vez, fue encarcelada de nuevo junto con Berkman, por conspirar contra la ley del servicio militar obligatorio. Durante la Primera Guerra Mundial criticó el conflicto por considerarlo un acto imperialista. Fue acusada por oponerse a la conscripción militar y por ir contra la moral y las costumbres decentes. Dos años después, en 1919, fue deportada a Rusia. Durante el juicio para su expulsión, J. Edgar Hoover, jefe del FBI, calificó a Emma como una de las mujeres más peligrosas de América.

J. Edgar Hoover, jefe del FBI, calificó a Emma como una de las mujeres más peligrosas de América

Goldman residió dos años en la Unión Soviética con Berkman, entre 1920 y 1922, y participó en la sublevación anarquista de Kronstadt. La represión política, la burocracia y los trabajos forzados que siguieron a la Revolución de Octubre contribuyeron, en gran medida, a cambiar las ideas de Goldman y muchos otros anarquistas sobre la revolución de Lenin. De esta época datan sus escritos: Mi desilusión con Rusia y Mi posterior desilusión con Rusia. Berkman denunció a los marxistas-leninistas escribiendo La rebelión de Kronstadt y El mito bolchevique. Goldman escapó de la tiranía bolchevique y vivió durante unos años en Francia, Reino Unido y Canadá, desde donde viajó para apoyar a los anarcosindicalistas españoles durante la Guerra Civil Española. En 1936, Goldman publicó un vehemente artículo que escribió sobre el dirigente anarquista Buenaventura Durruti, titulado Durruti ha muerto, pero vive.
Se instaló definitivamente en Canadá. Emma Goldman murió en Toronto en 1940, y está enterrada en Chicago.

Anarquista y defensora de la diferencia

Aunque luchó por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, Goldman sostuvo diversas críticas al movimiento, nunca negó su lucha por la igualdad y equidad del hombre y la mujer. Fue muy crítica con el sufragismo y al feminismo de la primera ola, tachando a esas militantes de forma despectiva como «puritanas».

Para ella la opresión radicaba en el poder político del Estado y en el sistema de producción capitalista

Goldman defendía la existencia natural de unas tendencias de comportamiento diferenciadas y complementarias entre hombres y mujeres. Pedía armonizar las relaciones entre ambos sexos aceptando esas diferencias y predisposiciones naturales entre unas y otros. Goldman jamás calificó de opresor al sexo masculino. Para ella, la opresión radicaba en el poder político del Estado y en el sistema de producción capitalista. Defendió una heterosexualidad sana, influenciada por Sigmund Freud y Havelock Ellis. Pidió la descriminalización de los homosexuales, aunque esta anarquista los identificaba como una sexualidad inferior desde un enfoque médico.
Emma Goldman entró en debate con las feministas de su época, defendiendo que la naturaleza humana otorgaba algunos privilegios a las mujeres frente a los hombres cuando se trata de supervivencia, poniendo como ejemplo la orden «las mujeres y los niños primero» en los rescates.
Su activismo estuvo estrechamente asociado a la tradición socialista y obrerista del asociacionismo anarquista filosófico y económico, opuesta al anarquismo inscrito al individualismo filosófico y económico.
Sin embargo, la imagen de Goldman es distorsionada cuando fue recuperada por la corriente de la tercera ola del feminismo, que emerge en la década de 1990, con antecedentes en los años 70, llamada anarcofeminismo cuyas partidarias la reivindican como una «feminista radical».
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