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27 de febrero de 2024

'Isabel La Católica', por Luis de Madrazo

'Isabel La Católica', por Luis de MadrazoMuseo del Prado

Cinco cosas que no sabías de Isabel la Católica

En 1451, nace Isabel I de Castilla, quien acabaría siendo una reina ambiciosa y de carácter implacable, pero que no estaba destinada a reinar. Recogemos cinco curiosidades sobre su vida

Intentar resumir, en un único artículo, la vida y reinado de una de las figuras más importantes de la historia de España es una tarea imposible. Y es que, aunque se ha estudiado durante siglos, la huella de Isabel la Católica no deja de expandirse y sorprender. Por ello, en esta ocasión, nos dedicaremos a conocer algunos datos sorprendentes sobre su vida.

1. Una princesa difícil de casar

Cuando Isabel era princesa de Asturias cobró especial importancia su futuro matrimonio. Enrique IV quiso casarla con el príncipe Carlos de Viana pero su padre, Juan II de Aragón, se negó a ello. Más tarde probaría con Alfonso V de Portugal, pero Isabel lo rechazó alegando la enorme diferencia de edad. El tercer pretendiente fue el maestre Calatrava Pedro Girón que, tras conseguir una bula papal para lograr casarse, falleció camino de encontrarse con la princesa. Esperanzado, Enrique volvió a intentar desposarla con el Rey portugués, pero la princesa resultó irreductible. Su siguiente candidato fue francés, Carlos de Valois, hermano de Luis XI, a lo que Isabel, de nuevo, se negó.
Manifestación del rey Enrique IV de Castilla al pueblo segoviano. El Rey de Castilla entra en Segovia en compañía de su hermanastra Isabel

Manifestación del Rey Enrique IV de Castilla al pueblo segovianoMuseo del Prado

Todo ello tenía un motivo, mientras transcurría este ir y venir de pretendientes, ella y su círculo habían seleccionado a su propio candidato: Fernando, hijo de Juan II de Aragón. El problema del casamiento era su parentesco, para lo que se precisaba una dispensa papal. La pareja consiguió una bula, aunque de manera sospechosa, lo que les haría solicitar una nueva de forma totalmente legítima. Después de esto, no había obstáculos. El futuro matrimonio se precipitó a un futuro repleto de descubrimientos, hitos y grandeza.

2. Una Reina con una corte singular

Durante su reinado, Isabel y Fernando se rodearon de gente de la talla del Gran Tendilla, el Gran Capitán y su secretario Hernando de Zafra. También de clérigos como el cardenal Mendoza, fray Hernando de Talavera o el cardenal Cisneros. Pero en el caso concreto de Isabel, existieron personajes célebres, muy interesantes, que constituyeron una ‘corte’ peculiar. Algunas consejeras y confidentes fueron: Beatriz Galindo, la Latina; Beatriz de Bobadilla, su gran amiga; la intelectual Luisa de Medrano; Teresa Enríquez, que llegó a ser conocida como la Loca del Sacramento; y santa Beatriz de Silva, fundadora de la primera orden dedicada a la Inmaculada Concepción.
Expulsión de los judíos de España (año 1492), según Emilio Sala (1889)

Expulsión de los judíos de España (año 1492), según Emilio Sala (1889)

Por otro lado, también contó con judíos en sus primeros años de reinado y con judeoconversos o descendiente de ellos, entre los que destacaron Abraham Senior, luego Fernando Coronel, tesorero y último rabino mayor de Castilla; y secretarios cuyas familias eran judeoconversas como Hernando del Pulgar, que también era cronista, Lope de Conchillos y Miguel Pérez de Almazán. Una corte repleta de intelectuales y personalidades públicas que, sin lugar a duda, fueron en gran parte responsables del esplendor atesorado en aquella época.

3. Una mujer muy pulcra

Uno de los sambenitos que le colgaron a Isabel y que, en muchos casos, todavía perdura, es que su higiene personal era escasa, hasta el punto de no querer cambiarse de camisa. Nada más lejos de la realidad. Isabel fue una mujer que cuidaba mucho su aspecto, algo que señalan recurrentemente los cronistas de la época e, incluso, dan a conocer las advertencias que le hacía su confesor, fray Hernando de Talavera, acerca de su gasto en trajes. Este interés, además, trascendió al resto de miembros de su familia a la que ella asistía de manera permanente en lo referente a la limpieza, aseo y ropajes. De aquella época se conservan registros del dinero destinado a lavanderas, a visitas de médicos, incluyendo uno especializado en salud dental.

4. Una madre poco afortunada

Mientras Isabel desarrollaba su brillante reinado, vivió seis embarazos. Lamentablemente, solo tuvo cinco hijos que consiguieron llegar a la adultez y sus vidas no fueron especialmente fáciles.
Su primogénita Isabel estuvo casada primero con el Príncipe Alfonso de Portugal, pero al morir se desposó con el tío de este, el Rey Manuel I de Portugal. Falleció con 27 años al dar a luz a su único hijo, Miguel de la Paz, que murió también de niño.
El segundo, el Príncipe Juan, el que debía haber sido su heredero, falleció con 19 años y, aunque se casó con Margarita de Austria, la hija póstuma nació muerta.
La siguiente, Juana, consiguió convertirse en su sucesora como reina y ser la más longeva de la familia al morir con 75 años. Isabel se ahorró la pena de ver cómo Juana era declarada incapaz de reinar por problemas mentales y recluida en un palacio de Tordesillas.
Francisco Pradilla, La reina doña Juana la Loca, recluida en Tordesillas con su hija, la infanta doña Catalina, 1906

Francisco Pradilla, La reina doña Juana la Loca, recluida en Tordesillas con su hija, la infanta doña Catalina, 1906Alberto Otero Herranz / Wikimedia Commons

La penúltima hija, María, se convirtió en reina de Portugal al casarse con el viudo de su hermana Isabel, el Rey Manuel I, con quien tuvo diez hijos antes de fallecer con 35 años.
La última, Catalina, se convirtió en un personaje trascendente en la historia de Europa. Primero se casó con el Príncipe de Gales Arturo, pero este falleció antes de que se consumara el matrimonio, por lo que se casó con su hermano, el Rey Enrique VIII. Aunque de todos los hijos de Isabel fue la única que mostró la gran preparación que atesoraban, sus últimos años estuvieron empañados por el hecho de que Enrique se divorció de ella alegando que únicamente le había dado una hija, la futura María I Tudor. Catalina vivió totalmente retirada de la corte hasta ser enterrada con la categoría de princesa viuda de Gales, en vez de como reina consorte de Inglaterra.

5. Una sierva especial

Cuando falleció el 26 de noviembre de 1504, todo el mundo lamentó la muerte de la reina, empezando por el propio Fernando. Sin embargo, la fama que había alimentado en vida no desapareció tras su fallecimiento, sino que creció y tomó un nuevo cariz. El propio monarca, al anunciar la noticia, no dudó en escribir: «Ella murió tan santa y católicamente como vivió, de que es de esperar que nuestro Señor la tiene en su gloria». Y es que no es que Isabel fuese una gran reina, es que ya se la veía como una reina santa. Por eso, con el paso de los siglos su fama se asentó lo suficiente para que en 1957 se empezaran a tomar los primeros pasos en firme para su canonización, e incluso en 1974 se consiguió que se declarara a la monarca como «sierva de Dios».
Sin embargo, el proceso está siendo difícil. Son muchos los aspectos a tratar sobre su vida y reinado. De lo que no cabe duda es que las pasiones que levantó y levanta Isabel son muy distintas que las que suscitaron otros reyes de primer orden en la Historia de España. Isabel la Católica fue una princesa, reina, mujer, madre y sierva trascendental.

Gestas de España

Gestas de España es un proyecto de divulgación que pretende poner en valor la historia de nuestro país. El equipo está liderado por Fermín Valenzuela, doctor en Historia, Gloria Cuenca, licenciada en Bellas Artes, y Manuel Ángel Cuenca, autor y oficial de las FAS, quienes, junto a un nutrido grupo de profesionales, desarrollan exposiciones, conferencias, publicaciones y una eficaz labor de divulgación en sus canales de Comunicación. Su obra Curiosidades de la Historia de España para padres e hijos, de la Editorial Edaf, ya va por su tercera edición y los seguidores de la marca se cuentan por decenas de miles.
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