Diferentes perspectivas de la pieza hallada
Encuentran los pies de la escultura griega más antigua de la Península en el yacimiento tartésico de Turuñuelo
Esta pieza formaba parte de la representación de una figura femenina realizada con el mismo material que los frisos del Partenón
El yacimiento tartésico de Casa del Turuñuelo no deja de sorprender a los arqueólogos. Si en abril del año pasado aparecieron las cinco primeras representaciones humanas de Tarteso, cambiando por completo la interpretación de la cultura tartésica, considerada anicónica por representar a las divinidades a través de piedras sagradas y de motivos animales o vegetales. Ahora sale a la luz otro hallazgo de igual trascendencia. Se trata de los pies de una escultura de mármol hallados en el patio central del edificio.
Según los análisis arqueométricos practicados, la pieza data del siglo V a.C. convirtiéndose en la escultura griega de mármol más antigua descubierta hasta la fecha en la Península Ibérica. Además, los expertos han podido saber que el material con el que fue fabricado procede de las canteras del Pentélico de Atenas, el mismo material con el que se creó el Partenón. Por otro lado su morfología indica que son los pies de una figura femenina.
El estudio realizado por Esther Rodríguez quien dirige junto a Sebastián Celestino Pérez las excavaciones arqueológicas en el yacimiento tartésico desvela que la escultura podría ser «un encargo, bien de un jefe local o de la propia comunidad que habitaba en el lugar» cuyo propósito era el de «ser venerada en el edificio». De ser cierta esta hipótesis, vuelve a cambiar la interpretación de que el culto tartésico era anicónico.
Los pies, además de estar en un «excelente estado de conservación», se encuentran sujetos a una base paralelípeda «ligeramente irregular». Fueron encontrados frente al último peldaño de la «extraordinaria» escalera de mortero de cal por la que se accedía al piso superior del edificio de las Casas del Turuñuelo, un recinto de 125 metros cuadrados, donde aparecieron medio centenar de restos de animales sacrificados junto a varios objetos de origen griego.
Vista del patio con el sacrificio de animales, la gran escalinata y el camino de lajas de pizarra que parte de su base
Aunque todavía no se ha podido encontrar el resto del cuerpo de la estatua porque «todo el lugar fue pasto de las llamas», indica Rodríguez, los expertos tienen la «esperanza» de que en un futuro se logre identificar nuevos restos de la escultura.
El detalle de los pies
De su «delicada y detallada» ejecución, los pies destacan por la minuciosidad de las uñas y de las articulaciones que superan los huesos metatarsianos de las falanges. Del mismo modo, la distribución de los dedos «otorga a los pies la típica forma de pie griego», detalla la arqueóloga cuya investigación atribuye a la escultura una altura de 70 centímetros «si tenemos en cuenta la proporcionalidad de los pies».
Además, «los pies se encuentran en paralelo, lo que invitan a identificarlos con una imagen femenina porque los cuerpos masculinos se representaban con un pie más adelantado que otro». Sin embargo, «el hecho de que [la figura] no esté vestida hasta los pies, ni calzada», complica la conclusión para elevarla a definitiva.
Lo que sí parece estar más claro es que no se trata de una representación entronizada por la ausencia del escabel para apoyar los pies: «Nos encontramos con unos pies ligeramente unidos y rígidos. Pensamos que podría estar relacionada con la representación de la diosa Artarté-Afrodita, una figura recurrente en el mundo tartésico», advierte la arqueóloga, quien recuerda que esta diosa fue representada en algunos santuarios de esa época. Una hipótesis posible al estar esta divinidad relacionada con los caballos, un animal omnipresente en Casa del Turuñuelo.
Del mismo modo, «el azul egipcio con el que se pinta el basamento indicaría el surgimiento de la diosa de las aguas marinas». Los fenicios consideraban que «Astarté era Afrodita». Para conseguir ese tono se tuvo que realizar un compuesto de sílice, cal y cobre. Rodríguez matiza que ambos pies se encuentran, por su parte, «contorneados por una fina línea de color rojo que también se conserva en algunas de las uñas de los dedos».
Estos colores contrastaban con el color blanco del mármol de grano muy fino, homogéneo, compacto y bien recristalizados. Aunque no se han observado otros pigmentos en el resto de la escultura, no se descarta que estuviera coloreada entera como era frecuente en la estatuaria mediterránea de la época, según sugiere el estudio.
Productos de origen griego
Por último, los expertos explican en su estudio titulado A los pies de la Diosa en la revista Complutum que hubo «un cambio de estrategia comercial» entre los asentamientos tartesos en el Valle del Guadiana, lo que permitió que llegaran a su territorio una gran cantidad de productos de origen griego, entre los que se encuentran esta escultura «tan especial».
El equipo de arqueólogos del yacimiento reanudará los trabajo en marzo con la esperanza de poder encontrar el resto de la escultura de la diosa y poder profundizar en las actividades de los tartesos en la Península Ibérica.