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19 de abril de 2024

Historia en un minuto con Jorge Álvarez Palomino

Historia en un minuto con Jorge Álvarez Palomino

Entre la protección, el abuso y el mestizaje: los indios en la América española

Isabel la Católica, con el apoyo de la Iglesia, consideró que los nativos americanos debían ser considerados súbditos libres de la Corona, prohibiendo su esclavitud

La clave para entender la América española es la concepción única que se dio a los indios. Ya Isabel la Católica, con el apoyo de la Iglesia, consideró que los nativos americanos debían ser considerados súbditos libres de la Corona, prohibiendo su esclavitud y marcando como prioridad de toda la política española su evangelización. Desde el punto de vista cristiano, el indio era un ser humano racional y con alma, exactamente igual en dignidad y derechos al español. Así lo reflejó la bula papal Sublimis Deus de 1537 y la legislación española, como las Leyes de Burgos de 1512, las Leyes Nuevas de 1542 o la Real Cédula de 1697.

Una sociedad dual

Sin embargo, aunque en el plano teórico se defendía la plena igualdad, en el práctico se consideró que las poblaciones indias, por su estado menos civilizado, no estaban preparadas para convivir normalmente con los blancos, sino que era preferible mantenerlos apartados en sus propias comunidades donde pudiesen ser instruidos y evangelizados por los misioneros. Este argumento, defendido principalmente por la Iglesia por miedo a que los indios en contacto con blancos quedasen expuestos a abusos, enfermedades y vicios, hizo que se conformase en la América española una sociedad dual: la «república de los españoles» y la «república de los indios».
Pinturas castas. Obra anónima del siglo  XVIII

Pinturas castas. Obra anónima del siglo XVIIIMuseo Nacional del Virreinato (Tepotzotlán)

Los indios vivían principalmente en el campo, en sus propios poblados, y solo estaban sometidos a la autoridad de sus caciques, que eran educados para aprender español y servir como representantes e intermediaros entre la administración española y sus gentes. En este estado, los indios quedaban legalmente en una situación similar a una «minoría de edad», por la que gozaban de especial protección, pero también limitaciones.
No estaban sometidos a la Inquisición, ni a la justicia ordinaria, ni pagaban impuestos normales, pero tampoco podían ingresar en el ejército ni en los altos cargos de la administración, y tenían que servir como mano de obra en las encomiendas o las minas.
Toda la legislación buscó sistemáticamente evitar los abusos y explotación de los indios, pero en general se dio una contradicción entre las bienintencionadas normas redactadas en Madrid y la aplicación interesada que los criollos y autoridades españolas hacían de ellas en América. Los religiosos denunciaron sistemáticamente los incumplimientos, dando lugar a una interminable lucha legal entre la Corona, apoyada por la Iglesia, y los intereses de las élites hispanoamericanas.

El mestizaje

A pesar de la separación formal entre indios y españoles, el mestizaje se convirtió en un fenómeno imparable. Muchos indios emigraban fuera de sus poblados a las ciudades, mezclándose con los españoles, y a su vez los blancos más pobres establecidos en el medio rural empezaron a casarse con indias. En regiones como México o Perú, donde la población india era muy numerosa, blancos e indios vivían más apartados, pero en las zonas periféricas y menos pobladas, como Venezuela, Colombia o el Río de la Plata, los mestizos se convirtieron en la mayoría de la población.
La Iglesia favorecía el mestizaje siempre que se hiciese por la vía del matrimonio, fomentando y protegiendo estas uniones para evitar relaciones extramaritales. Los mestizos eran considerados legalmente españoles, por lo que se integraban plenamente ya en la sociedad virreinal, aunque las élites blancas desconfiasen de esta forma de ascensión social. Por ello, conforme el mestizaje se generalizaba, creció también el racismo de las élites criollas que empezaron a usar la blancura de piel como símbolo de estatus.
En el siglo XVIII, ante el aumento del mestizaje, se fueron creando los llamados «cuadros de castas», que clasificaban a la sociedad en función de sus mezclas de piel. En 1778, por presión de los criollos, Carlos III aprobó una Pragmática Sanción que prohibía los matrimonios mixtos, pero su impacto real fue muy bajo. El mestizaje siguió siendo un hecho frecuente hasta el final del dominio español en América, y de él proviene hoy gran parte de la población de los países hispanos.
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