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Joseba Asiron

Joseba Asiron

¿Quiénes son las tres figuras clave de la historia navarra que Pamplona borra de su callejero?

Joseba Asiron es alcalde de Pamplona por la voluntad socialista. Tiene ocho concejales de los 27 del consistorio, siendo el pago por su apoyo al gobierno minoritario socialista de Navarra. Asiron fue profesor de la Ikastola San Fermín y es miembro de Euskal Herria Bildu. La última del mandatario «colabo» de los abertzales es la eliminación progresiva de lo que llama «franquista», que no deja de ser el uso del instrumento de la memoria para la creación de un relato que borre la historia real y sea sustituida por la única y monolítica redactada por sus amigos del otro lado de la muga.

El arquitecto Víctor Eusa Razquin (1894-1990), a quien se quiere llevar al olvido, fue quien construyó los edificios icónicos de Pamplona en las décadas de 1920 y 1930, como la Casa de Misericordia, el Seminario, el antiguo colegio de Maristas, la iglesia de los Paúles, la Casa Goicoechea, el Casino Eslava, la reforma del Hotel La Perla (donde se hospedaba Ernest Hemingway), la Sociedad La Vasco Navarra, el actual Hotel Avenida, el parque de la Media Luna y numerosos edificios para los numerosos navarros que fueron a vivir a Pamplona.

Víctor Eusa Razquin

Víctor Eusa Razquin

Medio centenar de sus diseños están incluidos entre los edificios catalogados por el Ayuntamiento de Pamplona, por tanto, protegidos por su interés relevante. Víctor Eusa fue nombrado arquitecto municipal de Pamplona y, posteriormente, de la Diputación Foral de Navarra, desde donde supervisó después proyectos como el Monumento a los Caídos (actualmente en proceso de «talibanización» por el mismo alcalde).

Otro de los desposeídos es el escritor Ángel María Pascual (1911-1947), uno de los mayores intelectuales de la primera mitad del siglo XX de la ciudad, por su categoría como escritor y periodista. Cursó estudios de Derecho y se doctoró en Filosofía y Letras. También amplió sus estudios con Magisterio y piano hasta adquirir el grado de profesor. En 1925 comenzó a colaborar en el Diario de Navarra de la mano de su mentor D. Fermín Yzurdiaga, canónigo de la catedral. Durante la Guerra Civil fue cofundador, con Yzurdiaga, del diario Arriba España, del que sería director y luego redactor jefe hasta su muerte. Asimismo, fue el editor y artífice de la revista Jerarquía, que reunió a la intelectualidad de la España del momento. Su obra se vio muy influida por su maestro Eugenio d’Ors.

Ángel María Pascual

Ángel María Pascual

La obra publicada por Ángel María Pascual es la siguiente: Amadís (Madrid, 1943); Don Tritonel de España (Madrid, 1944). Póstumamente aparecieron Capital de tercer orden (Pamplona, 1947); Catilina, una ficha política (Madrid, 1948); San Jorge o la política del dragón (Madrid, 1949); su traducción del tratado de Dante De Monarchia (Madrid, 1947); la recopilación de sus Glosas a la ciudad (Pamplona, 1963); y Silva curiosa de historias (Pamplona, 1987).

En esta última, publicada póstumamente en 1987, hizo una recreación de historias inéditas y antiguas de Pamplona, entre los siglos XVI al XIX, que componen un mosaico de los oficios, las devociones y los acontecimientos que dejaron su huella en los legajos, de los personajes de primer y segundo orden, acompañadas de unas viñetas escritas y unos dibujos realizados por el propio autor en un estilo voluntariamente anacrónico y lleno de humor.

El tercer eliminado es José Luis de los Arcos y Elío (1913–1994), antiguo capitán de Ingenieros, condecorado con la Placa de Caballero Mutilado de Guerra, tres Cruces de Guerra, la Cruz Roja del Mérito Militar y las medallas de la Campaña, de los Voluntarios de Navarra y la Militar Colectiva. Ingresó en la carrera diplomática el 10 de noviembre de 1942, y sus primeros destinos profesionales fueron el Consulado en Casablanca, al que se incorporó como secretario de tercera clase en julio de 1943, y el Consulado en Fez, donde estuvo desde agosto de 1944 hasta 1949.

Pasó en abril de 1950 a la Legación en Damasco y, en junio de 1953, al Consulado General en Tánger, ejerciendo además funciones de administrador adjunto de la Zona Internacional de Tánger.

Las tres personalidades han sido sustituidas por la pelotari Natividad Bella Esparza (1933-2022), la alpinista Paquita Bretos Andueza (1927-2024) y el escritor, historiador y poeta Hermilio de Olóriz Azparren (1854 – 1919). Sin embargo, a ellos se les podía haber dado calles en los barrios nuevos de expansión sin quitárselas a los anteriores.

Pero las razones que argumentan es que Navarra ha formado parte de España, manteniendo su identidad propia. El nacionalismo vasco, en sus diferentes variantes, ha mantenido una permanente reivindicación de la comunidad foral, sin cuya incorporación no sería posible la viabilidad territorial del proyecto de Euzkadi. Pero para llegar a ello, la interpretación de la historia del viejo reino se ha ido construyendo según los intereses políticos que le han ido marcando los políticos de la comunidad vecina.

Esa labor se ha visto complementada con la acción cultural de un activismo vasco que ha trabajado a la juventud navarra en favor de su concienciación nacional vasca. Este activismo cultural se ha convertido en el principal peligro que afronta el viejo reino en su estabilidad social. La ausencia de un proyecto educativo que forme en la identidad navarra dentro de la nación española ha producido un vacío espiritual que se ha visto colmado por el mensaje nutricio y falso de los nacionalistas.

En segundo lugar, Joseba Asiron debe aplicar la memoria a su propia formación política, de la cual es deudor y desde la que todavía ejerce, desde la sombra, su poder depurador. ETA no habrá desaparecido hasta que EH Bildu no se convierta en un partido propio de un sistema democrático; si es que puede, se le permite y no son depurados.

Bildu debe asumir su responsabilidad en la memoria, colaborando en la investigación de los asesinatos pendientes, en la petición de perdón, en la colaboración con la justicia y en el resarcimiento del daño causado, que son los objetivos de las leyes de memoria que han marcado las instituciones internacionales. Falta que Bildu acepte la democracia como lo que es: respetar la opinión y la vida de los demás.

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