Don Quijote de la Mancha, en un cuadro de José Moreno Carbonero
Picotazos de historia
De Alejandro Magno al Barón Rojo: los epitafios más célebres y sorprendentes de la historia
Recopilamos una serie de epitafios que son, que nunca fueron y que pudieron haber sido
Dice el diccionario de la Real Academia que epitafio es «la inscripción que se pone o se supone puesta, sobre un sepulcro o en la lápida o lámina colocada junto al enterramiento».
Tal vez la más repetida, aunque no cierta, sea la que se dice que está escrita sobre la tumba de Groucho Marx: «Disculpe que no me levante». Y esta es una variedad distinta: los epitafios apócrifos, los se non è vero, è ben trovato. A continuación les traigo una serie de epitafios que son, que nunca fueron y que pudieron haber sido. Empezamos por el de un caballero inexistente, como el de Italo Calvino.
–«Yace aquí el hidalgo fuerte que a tanto extremo llegó de valiente, que se advierte que la muerte no triunfó de su vida con la muerte. Tuvo a todo el mundo en poco, fue el espantajo y el coco del mundo, en tal coyuntura, que acreditó su ventura, morir cuerdo y vivir loco». Epitafio que escribió don Miguel de Cervantes para su genial creación, el caballero don Quijote de la Mancha.
–«Ningún amigo me ha hecho favor que no devolviera duplicado; ningún enemigo me ha inferido ofensa que no devolviera centuplicado». Lucio Cornelio Sila, militar y político romano.
–«Vivió mientras estuvo vivo». En una lápida del cementerio de Ágreda, provincia de Soria.
–«Aquí yace Molière, el rey de los actores. En estos momentos se hace el muerto y en verdad que lo hace bien». Jean-Baptiste Poquelin, artísticamente conocido como Molière.
–«Llame fuerte, como para despertar a un muerto». El cineasta Jean Eustache dejó esta nota en el exterior de la puerta del hotel donde se suicidó.
–«El cielo estrellado sobre mí, la ley moral en mí». Immanuel Kant, filósofo alemán.
–«Si queréis los mayores elogios, moríos». Enrique Jardiel Poncela, escritor y dramaturgo.
–«Ya decía yo que este médico no valía mucho». Este es uno de los epitafios apócrifos. Se cuenta que el periodista y dramaturgo Miguel Mihura pidió que lo pusieran en su tumba, pero no lo está.
–«Sigue corrompiéndose aquí el cuerpo de Francis Chartres. Con inflexible constancia y uniformidad de vida». Epitafio que se escribió para Francis Chartres, VII conde de Wemyss en Escocia. Depravado, corrupto, violador… Esta joya murió de muerte natural y no en la horca, como merecía.
–«And ne forthedon na» («Y que no temieran», en inglés antiguo). Jorge Luis Borges eligió estas palabras de una arenga que dio a sus guerreros un líder sajón antes de la batalla.
–«Aquí yace un valiente, un temible adversario y un hombre de honor. Descanse en paz». Epitafio que escribieron los británicos cuando enterraron los restos del barón Manfred von Richthofen, as de la aviación alemán conocido como «el Barón Rojo».
–«Feo, fuerte y formal». Este es otro de los epitafios que no existen. Bien es cierto que John Wayne pidió que se escribieran esas tres palabras (en español) sobre su tumba, pero Pilar Pallete, su tercera y última esposa, no cumplió con su voluntad.
–«Mantua me engendró, los calabreses me llevaron; hoy me tiene Parténope (Nápoles). Canté a los pastos, a los campos, a los caudillos». Esto fue escrito sobre la tumba del poeta Virgilio.
–«Murió vivo». Antonio Gala, escritor y dramaturgo.
–«Viajero que por aquí pasas, ve a decir a los espartanos que, por su ley, aquí yacemos». Tal vez el más famoso de todos los epitafios, atribuido a Simónides de Ceos para conmemorar al rey Leónidas y los trescientos guerreros de su guardia, muertos en el paso de las Termópilas.
–«Si no viví más fue porque no me dio tiempo». Donatien Alphonse, marqués de Sade. Escritor francés e individuo complicado.
–«Una tumba es suficiente para quien el universo no bastara». En la tumba de Alejandro Magno.
–«Odiado por sus enemigos y temido por sus amigos». Cónsul Cayo Mario, tío de Cayo Julio César.
–«Solo pido a Dios que tenga piedad con el alma de este ateo». Este es otro caso de epitafio apócrifo. Se dice que está en la tumba de don Miguel de Unamuno cuando, en realidad, lo que pone en su lápida es una frase de uno de sus poemas: «Méteme, Padre eterno, en tu pecho, misterioso hogar. Dormiré allí, pues vengo deshecho del duro bregar».
–«Soy escritor, pero claro, nadie es perfecto». Este epitafio lo eligió el director de cine para su tumba y recuerda no solo la última frase de su película Con faldas y a lo loco, también su sentido del humor.
–«No es que fuera superior, es que los demás eran inferiores». Retrata muy bien la personalidad de Orson Welles, pero es otro de los epitafios apócrifos. Nada se inscribió, excepto su nombre y las fechas de nacimiento y muerte.
–«Beren / Luthien». Tumba del escritor J. R. R. Tolkien y su esposa. Los que amen su obra lo comprenderán.
–«Aqueste lugar estrecho es sepulcro de un varón que en el nombre fue León, y mucho más en el hecho». Sobre la lápida de la primera tumba que tuvo el conquistador Juan Ponce de León.
–«Que baje el telón, la farsa terminó». François Rabelais, escritor y humanista francés.
–«...y cuando me vaya, quedarán los pájaros cantando…». Otra de las invenciones. Se dice que es el epitafio de la tumba del premio Nobel Juan Ramón Jiménez. No es cierto.
–«Como una fría mirada a la vida, a la muerte. ¡Jinete, pasa!». W. B. Yeats, poeta irlandés.
–«La muerte es vida». Friedrich Hegel, filósofo alemán.
–«Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito con agua». John Keats, poeta inglés.
–«No envidiéis la paz de los muertos». Michel de Nostradamus.
–«Arrebató el rayo a los cielos y el cetro a los reyes». Benjamín Franklin. Político, polímata, pero sobre todo conocido por inventar el pararrayos.
Como pueden ver ustedes, hay epitafios de todo género y laya. Les he traído esta selección que espero que haya sido de su agrado.