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Batalla de Junín - Oleo de Martín Tovar y Tovar

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Los Húsares de Junín: de liberar Perú a jurar lealtad al rey de España y rebelarse contra Bolívar

Aproximadamente 200 húsares del regimiento así llamado se rebelaron en Huancayo, en 1826, en reacción al Gobierno impuesto en la República peruana y a la dictadura de Simón Bolívar

Los Húsares de Junín son un regimiento histórico de caballería del Ejército del Perú, conocido por su destacada participación en la Batalla de Junín durante la guerra de independencia. Originalmente llamados Húsares del Perú, fueron rebautizados por Simón Bolívar en honor a su victoria en esta batalla. Son la tradicional guardia de honor que protege el Palacio de Gobierno de Perú. Esta es su historia menos conocida.

Dos años después de la Batalla de Junín (1824), que les dio ese nombre, aproximadamente 200 húsares del regimiento así llamado se rebelaron en Huancayo, en 1826, en reacción al Gobierno impuesto en la República peruana y a la dictadura de Simón Bolívar. Declararon su lealtad a la Corona de España, renunciando a la república y al Congreso.

Batalla de Junín, Rázuri y la carga de los húsares del Perú. Óleo de Pedro David Osorio Chávez

Batalla de Junín, Rázuri y la carga de los húsares del Perú. Óleo de Pedro David Osorio Chávez

Esta rebelión estuvo ligada a la insatisfacción por los problemas de corrupción bolivariana, el caos gubernamental del Gobierno autoritario y la imposición de instituciones republicanas que estos húsares consideraron alejadas de la doctrina católica y las tradiciones políticas regionales.

Los Húsares de Junín se volvieron leales al rey de España en 1826 por varias causas: las mencionadas corrupción y caos gubernamental. Tras la independencia y el establecimiento de la República peruana bajo la dictadura de Simón Bolívar, creció el descontento ante la putrefacción y el desorden administrativo. Los húsares responsabilizaban a las instituciones republicanas de no cumplir con los valores y tradiciones sociales previas.

La rebelión de los Húsares de Junín en 1826 se debió a la decepción con la república, la dictadura de Bolívar, el rechazo a los nuevos sistemas de gobierno y el deseo de restaurar las instituciones monárquicas y tradicionales, rechazando la Carta Magna que legitimaba el poder vitalicio de la dictadura de Bolívar, cuyo proyecto de constitución autoritaria representó una imposición déspota que fue muy impopular, especialmente entre sectores militares y regionales que veían que vulneraba las libertades y el sistema de valores católicos y locales.

Los húsares percibían que el nuevo régimen bolivariano y masón no respetaba la doctrina de la Iglesia Católica ni las tradiciones políticas regionales, lo que motivó la decisión de declararse leales al monarca español.

Esa insatisfacción con el giro político impuesto hizo que el ambiente estuviese marcado por numerosas conspiraciones, con la consiguiente falta de estabilidad, lo que incentivó la insurrección de los húsares como parte de una protesta contrarrevolucionaria frente a la dictadura corrompida de la República peruana.

Para ello, los húsares llegaron a una alianza con movimientos indígenas y realistas. Los rebeldes se unieron a la resistencia autóctona del general Antonio Huachaca, quien ya había jurado lealtad al rey Fernando VII y combatía contra el Estado republicano en la llamada Guerra de Iquicha.

Antonio Huachaca

Antonio Huachaca

Fue entonces la autoritaria y alienante política bolivariana la que determinó la decisión de los Húsares de Junín de cambiar de bando y jurar lealtad al rey de España frente a la dictadura bolivariana y el despotismo que Simón Bolívar instauró en Perú, monopolizando todo el poder y marginando al Congreso.

Esto generó descontento entre militares, notables y sectores tradicionales que veían amenazadas sus prerrogativas y libertades, percibiendo el régimen bolivariano como contrario a sus intereses cuando se vio la imposición de una Constitución Vitalicia impulsada por Bolívar en 1826, que le otorgaba el poder ejecutivo de forma perpetua, con derecho a nombrar sucesor y establecer un Congreso hereditario, características que se percibieron como la instauración en el país de una monarquía absolutista, pero sin legitimidad nacional.

Muchos regimientos, como los Húsares de Junín, rechazaron la idea de un régimen eterno y centralista impuesto desde arriba, sin consulta ni respaldo militar ni popular, lo que se tradujo en múltiples insurrecciones en Perú y Bolivia en 1826-1827.

La administración del Estado estaba enferma de corrupción y caos administrativo. El Gobierno bolivariano cayó en la corrupción, el favoritismo y la mala administración, todo lo cual alimentó el desencanto y la percepción de que el virreinato había funcionado mejor que la república.

Se produjo una resistencia armada y una reacción antibolivariana. La rebelión de los Húsares de Junín fue parte de una reacción más amplia contra la política bolivariana, con otros regimientos y líderes.

Tras encarcelar a sus oficiales y tomar las armas y requisar fondos, los rebeldes marcharon hacia Ayacucho para unirse a las tropas realistas e indígenas del general Antonio Huachaca, quien previamente también había declarado guerra a la república y jurado lealtad al rey Fernando VII, iniciando la llamada Guerra de Iquicha (1825-1828).

El juramento de lealtad de los Húsares de Junín a Fernando VII en 1826 se realizó de la siguiente manera: aproximadamente 200 húsares, agrupados en dos escuadrones del regimiento, se rebelaron en Huancayo el 6 de agosto de 1826. Como acto simbólico y efectivo de su lealtad, encarcelaron a los oficiales adictos al dictador, requisaron armas y fondos, y declararon abiertamente y de forma pública su adhesión a la Corona española.

Este acto de juramento a Fernando VII no fue un simple gesto simbólico, sino una decisión militar y política acompañada de acciones concretas como la citada confiscación de armas y el establecimiento de alianzas en guerra abierta contra el Estado opresor, iniciando así la llamada Guerra de Iquicha, donde el juramento se reafirmó en cada manifestación pública y alianza con los defensores de la monarquía hispana, muchos de ellos indios.

La declaración de lealtad fue, por tanto, un acto formal y colectivo, expresada en la rebelión, en la formación de alianzas y en la continuidad de la lucha armada contra la dictadura perpetua de Bolívar en el Perú.

Tras la declaración, partieron en dirección a Ayacucho para unirse a las fuerzas realistas e indígenas lideradas por el general Antonio Huachaca, el campesino quechua que ya había realizado el año anterior un acto formal de juramento junto a las comunidades indígenas de Huanta, leales a España.

Por desgracia, la rebelión fue reprimida por los regimientos liberticidas que se mantuvieron fanáticos de Bolívar, derrotando a los rebeldes en el combate de Corihuillca. Los húsares sublevados y sus aliados continuaron luchando hasta 1828, cuando finalmente fueron derrotados y masacrados por las fuerzas gubernamentales republicanas.

Pero constituyen una prueba más de la lealtad a España de muchas unidades y clanes americanos.

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