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Picotazos de historia
Quién fue Jesse Jackson, defensor de los derechos civiles y testigo del asesinato de Martin Luther King
Él era, junto con el también activista político Andrew Young, uno de los últimos testigos directos del asesinato de Martin Luther King, el gran líder y portavoz de la lucha por la igualdad de derechos en EE. UU.
La noticia de la muerte de Jesse Louis Jackson nos sorprendió el pasado martes 17 de febrero. Fue un activo defensor de los derechos civiles en Estados Unidos, además de pastor de la congregación baptista norteamericana. Él era, junto con el también activista político Andrew Young, uno de los últimos testigos directos del asesinato de Martin Luther King, el gran líder y portavoz de la lucha por la igualdad de derechos que murió asesinado en la ciudad sureña de Memphis, Tennessee, en 1968.
Martin Luther King había apoyado la huelga de basureros de la ciudad de Memphis. Los trabajadores negros de este sector cobraban un dólar a la hora (muy por debajo del sueldo de los trabajadores blancos) y carecían de instalaciones básicas como vestuarios, duchas o retretes.
El 28 de marzo de 1968, el reverendo King participó en una marcha pacífica en la ciudad de Memphis que terminó con violentos enfrentamientos. El día 3 de abril regresó a la ciudad, pues continuaban las reivindicaciones de los barrenderos, ahora apoyados por trabajadores negros de otros sectores.
La idea era ejercer presión sobre las autoridades municipales. Una de las acciones programadas era una marcha de protesta el día 5 de abril. La marcha estaría encabezada por Martin Luther King, a quien acompañaría todo su equipo. Entre estos ocupaba un puesto relevante el director de la Conferencia de Liderazgo Cristiano del Sur (siglas en inglés, SCLC). Ese era Jesse Louis Jackson, un pastor baptista.
La SCLC había sido una creación del propio King. La Conferencia pretendía agrupar en torno suyo a todas las asociaciones y movimientos en defensa de los derechos civiles en el sur de los Estados Unidos. Este organismo apenas tenía un año de vida, pero estaba creciendo enormemente, ya que cada vez se sumaban más grupos y su poder político aumentaba exponencialmente. La sede central de la Conferencia se encontraba en la ciudad de Atlanta y Jesse Jackson estaba al frente de ella.
La noche del día 3 King dio un discurso en el Templo Manson de la Iglesia Pentecostal de Dios es Cristo. Allí pronunció su último discurso público, que se conoce como He estado en la cima de la montaña... Precisamente, este discurso tiene una parte, al final, curiosamente profética: «Él me ha permitido subir a la montaña. Y he mirado hacia allá. Y he visto la tierra prometida. Puede que no llegue allí».
Tanto el reverendo como su equipo —incluido Jesse Jackson— estaban registrados en el Motel Lorraine, donde solían alojarse siempre que iban a Memphis. King tenía la habitación 306 y su hermano, la 201.
Jesse Jackson con Martin Luther King
El día 4 de abril, Martin Luther desayunó y estuvo hablando con el dueño del motel. Fumó un cigarrillo en el balcón, algo que trataba de ocultar, pues era un vicio del que se avergonzaba. Pasó el resto de la mañana reunido con los miembros del SCLC. A las 13:00 horas almorzó con varias personas. Terminado el almuerzo, se reunió con su hermano en la habitación 201. Allí estuvieron hablando hasta las 17:00 horas, en que se fueron a duchar y a vestirse, ya que estaban invitados a cenar en casa del reverendo Billy Kyles.
A las 17:55, Martin Luther King salió de su habitación. Estaba de pie en el balcón cuando vio a Jesse Jackson en el aparcamiento del hotel. Jesse estaba hablando con el músico saxofonista Ben Branch. Ambos se acercaron al balcón. Se encontraban a menos de tres metros unos de otros.
«Llegas tarde para cenar», dijo King a Jackson. Al fijarse en que llevaba ropa informal, le señaló: «Ni siquiera llevas una camisa apropiada ni corbata». A lo que Jackson respondió: «Doctor, para comer hay que tener apetito, no corbata». King se dirigió entonces al músico, que estaba junto a Jesse, y le comentó que le gustaría mucho que esa noche interpretara una canción en concreto. Justo acababa de terminar la frase cuando se oyó un disparo.
Jackson escuchó la detonación y, simultáneamente, vio cómo el cuerpo de King era violentamente despedido hacia atrás. Saltó hacia las escaleras, pero cuando llegó a él creyó que estaba muerto. La bala, del calibre 30-06, había entrado por la mejilla, fracturado la mandíbula, atravesado el cuello, seccionando la médula, para terminar alojándose en el hombro. La fuerza del impacto le había arrancado la corbata.
Rápidamente se activaron las medidas de seguridad que se habían puesto para proteger al líder de los derechos civiles y que de tan poco habían servido. A las 18:15, el herido ingresó en el hospital St. Joseph, inconsciente, pero todavía vivo. Las heridas eran muy graves y nada se pudo hacer. A las 19:05, el doctor Jerome Barrasso certificó el fallecimiento.
Fue un conmocionado Jesse Jackson quien llamó desde su habitación en el motel a la esposa de King, Coretta Scott. Le dijo que Martin acababa de sufrir un atentado, que había sido herido en el cuello —era lo que él creía—, pero no le dijo que estaba muerto, aunque estuviera convencido de que era así.
Ese fue un día que jamás olvidó. El reverendo continuó luchando por la defensa de los derechos, especialmente de la comunidad negra de los Estados Unidos, y en todo tipo de actividades humanitarias. Fue definido como uno de los más exitosos líderes negros de los EE. UU. En 2017 comunicó que se le había diagnosticado Parkinson y, progresivamente, fue reduciendo sus apariciones públicas. Recientemente se había conocido que exactamente sufría de parálisis supranuclear progresiva, una enfermedad degenerativa que mata áreas concretas del cerebro y que frecuentemente se confunde con el Parkinson.
En paz descanse o, como decían los romanos: Sit tibi terra levis.