Fundado en 1910
Un momento de la Intervención de

Jueves Hispanófilos

Alfonso XIII: el monarca que España olvidó y Europa aclamó

El monarca español realizó una labor humanitaria durante la Primera Guerra Mundial que fue agradecida por media Europa

«Vive le roi, vive l'Espagne», fue la frase con la cual el historiador y profesor Zorann Petrovici (Rumanía, 1990) conmovió a un numeroso público que se reunió la pasada semana en Bruselas, en el ya tradicional 'Jueves Hispanófilo', organizado por la Asociación RAS y Héroes de Cavite, en colaboración con El Debate y la AcdP.

Con motivo de su reciente investigación titulada La Guerra del Rey, Petrovici reivindicó el pasado jueves la figura del monarca Alfonso XIII, definiendo su popularidad con una cita impactante: «Desterrado en España; amado en Europa».

Bajo esta premisa, Zorann invitó a reflexionar sobre la controvertida imagen de Alfonso XIII, desmantelando décadas de olvido deliberado a un Rey que realizó una gesta heroica: liderar una labor humanitaria sin precedentes durante la Primera Guerra Mundial.

Petrovici comenzó situando el contexto político de la Gran Guerra, donde argumentó que el papel neutral que mantuvo España no implicó pasividad. El anhelo del Rey era el de recuperar una España relevante en la esfera internacional; por tanto, su objetivo diplomático se sustentó inicialmente en realizar tareas mediadoras entre países. Esto hubiera ayudado al cese de hostilidades, lo que podría haber consolidado una imagen nacional revitalizada. Sin embargo, el ponente mostró la cruda realidad de la guerra: las potencias beligerantes no aceptaron este papel mediador; el objetivo del conflicto había pasado de buscar la paz a exigir la victoria.

En este punto, Petrovici relató la voluntad de Alfonso XIII por reorientar sus esfuerzos hacia labores humanitarias. España se volcó en mejorar las condiciones de los prisioneros de guerra en ambos bandos. Para ello, fue construida una estructura administrativa profesional, conocida popularmente como la Oficina Pro Cautivos. Zonann explicó la acción directa de España en los campos de prisioneros. El Rey enviaba agregados militares a estos campos para asegurar el control de las condiciones sanitarias y alimentarias, lo que permitió asegurar en los prisioneros unas mínimas condiciones de vida.

Desaparecidos en guerra

No obstante, la labor más humana se basó en la enorme gestión de los desaparecidos en guerra. Según Petrovici, la oficina registró más de 180.000 cartas de familiares que buscaban a soldados y civiles desaparecidos a lo largo de los 4 años de conflicto. Los funcionarios españoles rastreaban los nombres que aparecían en las cartas, confirmaban si estaban vivos y facilitaban el intercambio de correspondencia entre familias y prisioneros. Según el autor, decenas de miles de casos fueron resueltos positivamente, transformando la angustia de la espera en certidumbre para las familias de los desaparecidos.

Petrovici destacó en la conferencia la presencia de figuras ilustres que desempeñaron, lideradas por Alfonso XIII, labores de ayuda humanitaria. Uno de los miembros más relevantes de la Oficina Pro Cautivos fue Julián Juderías, intelectual que acuñó por primera vez el término de «Leyenda Negra» y que, gracias a su maestría en los idiomas, pudo ayudar como traductor e intérprete. Otra de las figuras relevantes fue la del Marqués de Villalobar, embajador español y héroe nacional en Bélgica. Por último, Petrovici no quiso tampoco olvidarse del papel de la Reina Victoria Eugenia. Una parte considerable de la correspondencia iba dirigida a la reina en un tono desesperado, que apelaba a la empatía «de madre a madre, de esposa a esposa».

Petrovici reivindicó el éxito de las labores humanitarias y la repercusión internacional que causó la gesta liderada por Alfonso XIII. Si bien la red humanitaria no hizo distinciones de bandera (España ayudó a franceses, belgas, ingleses, rusos, alemanes y austrohúngaros, entre otros), la gratitud internacional se centró en Francia y Bélgica. Según el ponente, medios franceses publicaron titulares como «Grâce au roi» (Gracias al rey) para ilustrar historias de mujeres que habían recuperado a sus maridos gracias a la labor española.

Culminando su ponencia, Petrovici relató un momento de alto impacto emocional. La noche del 16 de abril de 1931, tras la proclamación de la Segunda República, el Rey llegaba al destierro. Al asomar su tren en la Gare de Lyon de París, miles de personas abarrotaban la estación y sus inmediaciones. La multitud, lejos de repudiarlo, lo recibió con una ovación ensordecedora al grito de «¡Vive le roi, vive l'Espagne!» (Viva el rey, viva España), grito que recordaba la empresa humanitaria que durante años lideró el olvidado monarca.

Petrovici cerró su conferencia sosteniendo que el papel del historiador se debe centrar precisamente en explicar y destapar las realidades olvidadas de la historia. El tiempo y el silencio político (tanto de la Segunda República como de la Dictadura) pudieron borrar estos hechos del imaginario español, pero no del europeo. Petrovici concluyó su intervención recordando aquel solemne reconocimiento francés que hoy resuena como una asignatura pendiente para nuestra propia historia: «No podíamos olvidar la amistad con la que, durante la guerra, se inclinaron los reyes de España sobre nuestros heridos y sobre nuestros prisioneros para aliviar su miseria».

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas